18 de enero de 2021 10:46 AM
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Con gorra o sin ella, Fabio Quetglas opina: “Maíz sobra, pero faltan ideas nuevas”

Quetglas es diputado nacional (UCR/Cambiemos) por la Provincia de Buenos Aires. La política, en general, se ha mantenido al margen de la última polémica entre el sector agropecuario y el gobierno de Alberto por el cierre de las exportaciones de maíz, luego levantado. Pero Quetglas nos envió esta columna de opinión que compartimos, porque cree […]

Quetglas es diputado nacional (UCR/Cambiemos) por la Provincia de Buenos Aires. La política, en general, se ha mantenido al margen de la última polémica entre el sector agropecuario y el gobierno de Alberto por el cierre de las exportaciones de maíz, luego levantado. Pero Quetglas nos envió esta columna de opinión que compartimos, porque cree que en el fondo el problema es de falta de políticas:

Cuenta la historia que allá por la década del ’30 del siglo pasado, con posterioridad a la gran crisis, muchos economistas advirtieron que, en términos relativos, la relación entre los precios de los bienes industriales y los bienes agrarios mostraba un deterioro de estos últimos; de allí proviene el tecnicismo “deterioro relativo de los términos de intercambio”, que fue el telón de fondo de todos los intentos de industrialización “sustitutiva” en América Latina.

La respuesta imperfecta a ese desafío en Argentina se tradujo en imponer mayores cargas a la producción agropecuaria -en la idea que aprovechaba de una ventaja natural-, para favorecer, sostener o apalancar procesos industriales.

Eso fue así durante muchos años, en los que el país tuvo más momentos económicos malos que buenos.

No quiero abrir un juicio aquí sobre la industrialización sustitutiva, solo señalar que fue una respuesta en un momento histórico, explicada por las circunstancias de aquel entonces.

En los últimos 30 años, por un conjunto de circunstancias entre las que destacan el “boom urbano-demográfico” y la incorporación de muchos Estados a la producción industrial y al comercio internacional, sobre todo China, lo que viene ocurriendo es justamente lo contrario de lo que pasaba en aquella post-crisis. Ahora, los bienes agrarios tienden a valer cada vez más frente a precios de productos industriales que van por detrás.

Los dos fenómenos tienen perfecta explicación en preferencias, circunstancias y abundancia o escasez relativa de insumos o de capacidad de respuesta económica.

Lo que es verdaderamente inexplicable es que en nuestro debate público esta circunstancia histórica se soslaye.

La decisión política en torno a qué estructura económica queremos alentar es indispensable. Pero aquellos que consideran que la disponibilidad de recursos, capacidades y tradiciones productivas son un lastre, parecen maniatados por la intima convicción de que hay actividades “per se” mas nobles o elegibles que otras.

Argentina es una potencia agraria, es un país industrial, es un país minero; y lamentablemente producto de ideas sin contextos, de moralinas económicas y de la falta de una institucionalidad adecuada, es un país cada día más pobre y subdesarrollado.

La recurrencia de los fracasos populistas y ortodoxos debería llevarnos a pensar que tal vez debemos dejar de lado la repetición de lo que hemos estudiado hace demasiado tiempo y animarnos a explorar, en base a evidencia, nuevos conceptos, nuevas recetas e ideas que enriquezcan nuestros debates.

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