24 de enero de 2021 13:35 PM
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La aventura de encarar el agro en el sur profundo

En el límite con La Pampa y Mendoza todo es a pulmón. El maíz, sobre todo, pero también la poca soja, se usan para alimentar el ganado. Los rindes son escasos y la tecnología, baja.

La agricultura en San Luis se identifica sobre todo con el centro-este provincial, donde los campos serranos con buena amplitud térmica (días soleados y noches muy frescas) le permiten un respiro a los cultivos de verano como el maíz y la soja, que alcanzan buenos rendimientos si es que cuentan con el agua suficiente. Son campañas que se desarrollan en secano, por lo que necesitan de buenas lluvias, algo que este año están logrando con creces luego de la gran sequía que atravesó la provincia entre marzo y octubre inclusive.

Más al norte, adentrándonos en el Departamento Ayacucho y algunas zonas de Junín, hay agricultura intensiva gracias al riego por pivotes. Allí el clima no juega tanto, aunque hay otros requerimientos para tener en cuenta a la hora de pensar en una campaña exitosa.

También es posible hallar campos muy productivos a lo largo de la autopista 55, entre Villa Mercedes y Buena Esperanza, incluso hasta Nueva Galia, aunque ya la cría y la recría ganan terreno de manera ostensible.

Pero existe otra realidad en el sur profundo de San Luis, allí donde el Departamento Dupuy tiene puntos de contacto con La Pampa y la zona más árida de Mendoza. Nicolás Villa es ingeniero agrónomo y asesor de productores en Arizona y La Verde, dos pueblos donde hacer agricultura es casi una hazaña, con la que se busca sobre todo alimentar a la hacienda, ya que la región es típicamente ganadera y está demasiado lejos de los puertos como para pensar en una comercialización de los granos.

El maíz tiene un rinde promedio de 30 quintales por hectárea. Si logran 20 con el picado para recría, lo consideran todo un éxito.

“Acá la actividad agrícola es muy ilimitada, se siembran algunos cultivos exclusivamente para alimentar al ganado, tenemos una ventana muy pequeña entre las heladas de primavera y las de otoño, por lo que los rindes están lejos de los que se pueden encontrar en otras zonas de San Luis”, aclara de entrada Villa, quien además enfrenta el problema que plantean los jabalíes “que son capaces de comerse una plantación de maíz entera en un rato”.

“En la zona de Arizona, las lluvias en los meses de octubre, noviembre y diciembre fueron muy escasas, menores que en el resto de la provincia, que tuvo un diciembre que permitió avanzar con las labores. Entonces no se pudieron sembrar los maíces que habitualmente se hacen a fines de noviembre y en la primera semana de diciembre, que es la fecha óptima”, continuó el ingeniero agrónomo.

Con las condiciones climáticas adversas, poco se puede hacer. “Los pocos lotes que se sembraron nacieron mal y fueron castigados por el viento excesivo y la seca de diciembre. A partir del 28, tres días antes de fin de año, empezó a llover. Ese día cayeron 35 milímetros y fueron entre 100 y 200 milímetros hasta la semana pasada. Una cifra importante, hay que pensar que cerramos el 2020 con 433 milímetros totales. Esto permitió terminar de sembrar lo que quedaba pendiente y resembrar algunos lotes que se habían perdido. Recordemos que es una zona ganadera, muy poco agrícola. Por eso, el 80% de los cultivos es maíz. Luego hay algo de girasol y soja, pero es más marginal porque no son cultivos claves para las dietas como sí lo es el cereal”, describe Villa.

El sur puntano, además de los cultivos de la gruesa, depende mucho de las pasturas naturales que brindan sus montes y sus bosques de caldén. Allí sí que el agua juega un rol fundamental. “Estos 20 días con buenas precipitaciones, para lo que es el promedio de la zona, permitieron que las pasturas como el llorón y la alfalfa, y también a los bosques naturales, produzcan forrajes que serán muy importantes para ver si podemos hacer algo de diferido, ya que el invierno es muy crudo y es necesario tener reservas. De todas maneras, sería un lujo que nos quede algo para usar este recurso.

La verdad es que recibimos estas lluvias  con mucho alivio, porque cortaron una seca que venía perjudicando a la actividad ganadera, que es la fundamental en esta zona del caldenal de la provincia”, reconoció el asesor.

Números limitados

Villa cuenta que la mayor parte del maíz que se produce en Arizona y La Verde va destinado a picado para hacer recría. “Acá si logramos entre 15 y 20 quintales por hectárea lo consideramos todo un éxito de materia seca. Los rindes del cereal, en promedio, están en los 30 quintales, si es que las heladas tempranas de abril no nos juegan en contra. En promedio, suelen aparecer allá por el 10 de abril, pero nunca se sabe, el tiempo está impredecible en los últimos años”, anticipa.

El 30% del maíz que se sembró, llegó a los lotes en la última semana de noviembre, por lo que actualmente están en R4, algo chicos de tamaño para lo que se acostumbra a ver en San Luis. El 70% restante se implantó entre Navidad y fin de año, que es el que tiene fines de ser diferido. “En el sur la tecnología es baja, muchas veces se recurre a la alimentación directa con choclos”, asegura Villa, quien calcula que el porcentaje que se hace en siembra directa no supera el 30% del total. “También hay algunos cultivos de invierno, como el centeno, que es preferible a la avena porque es más rústico. Y el que puede, hace alfalfa, que es perenne y brinda un recurso muy importante”, agrega.

El agua disponible también es un problema, porque en general es salada y está lejos del alcance de los productores. “La napa se halla, con suerte, a 50 metros. En algunos campos incluso está a unos 80 metros, salvo en La Verde, donde podemos encontrarla a 15, pero es una excepción”, dice, para agregar que los suelos son arenosos, “lo que por un lado es una virtud porque permiten sembrar sin inconvenientes, pero a la vez nos complican ya que el agua de lluvia desaparece en cuestión de minutos”.

Las lluvias que comenzaron a fines de diciembre hicieron que los criadores descarten una idea a la que iban a recurrir ante la falta de agua: un destete demasiado anticipado. No es lo ideal, ya que deben vender los terneros con un peso muy bajo, lo que no les rinde económicamente, siempre es mejor tenerlos un poco más en el campo y así será gracias al agua caída.

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