30 de enero de 2021 00:59 AM
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Opinión. Maíz, pollos, cerdos y mercados de futuros

El reciente intento de frenar las exportaciones de maíz encendió nuevamente la alarma en todo el sector agroindustrial pero especialmente en las entidades del agro. Nuevamente la industria aviar se presenta al Gobierno pidiendo protección ante la caída de sus utilidades bajo el trillado argumento de la “mesa de los argentinos” y amenaza con la casi […]

El reciente intento de frenar las exportaciones de maíz encendió nuevamente la alarma en todo el sector agroindustrial pero especialmente en las entidades del agro.

Nuevamente la industria aviar se presenta al Gobierno pidiendo protección ante la caída de sus utilidades bajo el trillado argumento de la “mesa de los argentinos” y amenaza con la casi inevitable suba de la carne de pollo.

Nuevamente se intenta transferir recursos desde el sector primario, esto es el chacarero y el contratista que siembran maíz hacia la industria. Uno se pregunta con qué derecho se toma como natural que el productor que ya está agobiado por los impuestos sea el que pague la cuenta.

No olvidemos que nuestro sistema impositivo ya claramente se ha transformado en un esquema además de inequitativo, confiscatorio, toda vez que en varios cultivos lo que se lleva el Estado es más que lo que gana el productor (si le va bien?); y esto antes de que aparezca el impuesto a la riqueza.

Esto tiene además su correlato en la composición de los precios al consumidor de todos los alimentos básicos donde se puede ver fácilmente que el mayor componente de los mismos son impuestos.

Entonces el relato (al que contribuyen estas industrias con su actitud) presenta a los productores como “avaros” e “insensibles sociales” cuando en verdad son los impuestos que el Gobierno se resiste a reducir lo que ahoga a todo el sector privado y a la población, especialmente a los de menos recursos (el IVA a los alimentos). La inflación, el mayor y más injusto de los impuestos es generado por la emisión de dinero, algo que deciden los gobiernos y no los empresarios.

Pero se insiste en presentar a los empresarios como los “abusadores” y se imponen controles de precios que no sirven de nada porque la inflación sigue en pie porque los gobiernos la producen. Nada de esto es nuevo en la Argentina, pero insistimos en tropezar con la misma piedra.

Volviendo entonces al precio del maíz, los márgenes de la producción de pollos, cerdos y novillos y la imperiosa necesidad de generar alguna idea “Delta” que evite que vuelvan a cerrar exportaciones o aumentar las retenciones, se redescubren, en el ámbito del Consejo Agroindustrial (un invento para diluir a la Mesa de Enlace y fortalecer el lobby de las industrias) los mercados de futuros. Es allí donde las industrias debieran arbitrar sus necesidades futuras para no depender del precio “disponible”, comprando en ese mercado las necesidades de corto plazo.

Algo usado exitosamente en todo el mundo pero que funciona en un marco de libre competencia y de libre comercio. Algo que aquí tuvimos, pero que hemos perdido.

Las permanentes intervenciones de los gobiernos con precios cuidados, máximos, controles, permisos de exportación/importación, diferentes tipos de cambio, y especialmente impuestos a la exportación, generan un espiral de pérdida de competitividad que afecta a toda la industria, desde el chacarero hasta el industrial/exportador, pero especialmente a los contratos de futuros.

En los países donde el foco está puesto en la competitividad, hay mercados libres y tipo de cambio único de libre flotación, y no hay impuestos a la exportación. Entonces la centenaria herramienta de los mercados de futuros sirve y funciona eficientemente.

Las industrias avícolas, las de cerdos y todo el sector agroindustrial deberían exigir un marco macroeconómico en el que los mercados de futuros puedan funcionar, en lugar de ir a pedir ayuda a los gobiernos de turno y que los productores agropecuarios se hagan cargo.

Solo para mencionarlo, el engorde de novillos a corral sobre la base de maíz (90%de la faena) en 2020 se cansó de perder dinero (hasta 10.000 pesos por cabeza en un momento, que ahora se redujo a 4000 pesos por cabeza, según datos de AZ Group-) y nadie fue al gobierno a pedir ayuda.

Y tampoco tiene un mercado fluido de futuros. Lamentablemente, nadie lo tiene. Los productores de pollos se benefician permanentemente “copiando” los precios de la carne vacuna sin justificativo alguno porque su esquema de oferta y demanda y sus costos no tienen nada que ver. Ahora que bajó el maíz y se anuncia un convenio con la industria frigorífica vacuna (al estilo uruguayo) esperemos ver también cortes de pollo y de cerdo a precio de promoción, igual que la carne vacuna.

Exijamos terminar con las soluciones fáciles como aumentos de impuestos a la exportación u otros, y también llamemos las cosas por su nombre.

El autor es productor agropecuario

Por: Arturo Vierheller (h.)

Fuente: La Nacion

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