30 de enero de 2021 10:08 AM
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Trigo, maíz y carne: los riesgos de jugar al límite

El Gobierno parece estar dispuesto a jugar al límite con la producción agropecuaria. En vez de dar mensajes de certidumbre para que cada integrante de la cadena decida sus estrategias de negocios, pone sobre la mesa la advertencia de la intervención de los mercados y del cierre de las exportaciones. “En trigo estamos viendo de no […]

El Gobierno parece estar dispuesto a jugar al límite con la producción agropecuaria. En vez de dar mensajes de certidumbre para que cada integrante de la cadena decida sus estrategias de negocios, pone sobre la mesa la advertencia de la intervención de los mercados y del cierre de las exportaciones.

“En trigo estamos viendo de no tener que forzar el cierre de mercados para que quede trigo acá”, dijo esta semana el ministro de Agricultura, Luis Basterra, en declaraciones a Radio Con Vos. Por el momento, la cadena de trigo -productores, industria molinera y exportadores, entre otros- se mueve en la dirección de evitar el cierre del mercado.

En la reunión que mantuvo esta semana la Mesa del Trigo, integrada por el sector privado, se coincidió en que el problema no es de stock. Con una cosecha de 17 millones de toneladas y una estimación de exportación de diez millones de toneladas más la mercadería de la campaña pasada el volumen de 6,5/7 millones de toneladas que consume el mercado interno no debería estar comprometido.

Pero a partir de ese punto comienzan las divergencias. La industria molinera advierte que tiene congelados los precios de la harina desde marzo pasado, mientras la inflación fue de 36% y el dólar oficial se devaluó a un ritmo similar. En ese lapso también se incrementó el precio del trigo (desde octubre hasta esta semana subió 16%).

El consenso alcanzado en la Mesa fue solicitar al Gobierno que actualice los valores de acuerdo con la inflación prevista para 2021. Si en el equipo económico predomina la idea del congelamiento de precios, en la Mesa del Trigo se preguntaron cuáles serían las “propuestas de compensaciones a elaboradores” que tendría pensado implementar. Al respecto, la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) explicó que el principal producto al consumo es el paquete de 1kg. de harina, que representa el 10% de la molienda.

En rigor, la industria molinera, como lo había hecho antes la avicultura, argumenta que no les venden cereal. Desde la lógica de quien tiene grano habría que preguntarse por qué debería venderlo si en los últimos cuatro meses la devaluación del peso fue 11% y el mercado está firme.

El Gobierno tiene la herramienta de subir tres puntos porcentuales los derechos de exportación del trigo sin pasar por el Congreso. El impacto de una medida de este tipo, se sabe, es destructivo en el mediano plazo. La reducción del área sembrada, especialmente en el centro y en el norte del país, será inevitable. No hay que irse muy lejos en la historia para encontrar ejemplos. En la campaña 2020/21 se sembraron 100.000 hectáreas menos con trigo que en el ciclo anterior. Y en maíz, sobre el que también pesa la intención de intervenir en el mercado, la reducción fue de 200.000 hectáreas. Así, de a poco, comienza el deterioro.

Algunos productores creen que finalmente habrá un pacto no escrito por el cual los exportadores se limitarán en la compra de trigo lo que le pondrá un techo a los precios por la eliminación de la competencia. Otra distorsión.

Riesgo político

Hay un contexto político que no se puede soslayar. El Gobierno quiere llegar a las elecciones legislativas de 2021 con las variables económicas controladas. El problema es que cree que lo logrará mediante congelamientos o simples órdenes. Cuando el ajuste es por precio, se termina afectando la cantidad, explican los expertos en economía.

Tras varias semanas de negociaciones, se llegó a un acuerdo para vender diez cortes -de los cuales dos ya estaban en precios cuidados- a valores hasta un 30% más bajos que en diciembre pasado durante dos meses. Se calcula que apenas serán entre 5000 y 6000 toneladas, lo que representa más un gesto de buena voluntad de la industria que otra cosa.

Aun así la industria espera volver a discutir con el Gobierno su agenda para reducir la informalidad y bajar la presión impositiva, entre otros puntos. Pese a las muy buenas cifras de exportaciones que logró la industria frigorífica en 2020, el horizonte cercano no es favorable, sostienen en el sector. “El recrudecimiento del coronavirus en Europa hizo caer el precio promedio de los cortes de la cuota Hilton a US$6000 dólares contra los US$12.000 que se venían negociando hasta antes de los últimos cierres“, se lamentaba un exportador esta semana. “Y China se está complicando porque cancela contratos”, añadía. Todavía se está lejos de llevar adelante una estrategia para integrar la res, que permita complementar los cortes destinados al mercado local y a la exportación, explicaba.

Ese contexto político también alienta a varios sectores del oficialismo a buscar “enemigos” internos: los empresarios, el campo, la derecha y otros. El giro de los planetas en esa galaxia imaginaria es impredecible.

Por: Cristian Mira

Fuente: La Nacion

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