10 de febrero de 2021 00:02 AM
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Las retenciones vuelven a ocupar el centro de la escena

La dirigencia reaccionó y otra vez puede haber conflicto. Se discute si influyen en el precio final de los alimentos.

El Gobierno abrió un nuevo frente de batalla con el campo, agitando un recurso que causa escozor en los productores: una suba de retenciones. Primero encendió las alarmas Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete, cuando no lo descartó para bajar el precio de los alimentos. Y el domingo fue el propio presidente Alberto Fernández, en un reportaje concedido a Página 12, quien confirmó que irá por ese camino, al que agregó el de instalar cupos de exportación si los productores no cumplen con las regulaciones fijadas por el Estado. 

El primer mandatario remarcó que los precios de la carne están muy caros para el común de la población porque ahora China importa carne con hueso y “el productor tiene la posibilidad de vendérsela al carnicero o vendérsela a China a un precio enorme. Yo necesito que exporten porque necesito dólares. Pero lo que no pueden es trasladar a los argentinos precios internacionales, porque no producen en dólares”, indicó.

Frente a ese problema, subrayó que “el Estado solo tiene dos herramientas que preferiría no usar: subir las retenciones o poner cupos, decir ‘esto no se exporta’. No hay mucho más tiempo para que decidan. Yo les pido que comprendan lo que estoy hablando”.

 “Les estoy diciendo públicamente que no puedo dejar que esto siga pasando, porque el riesgo es que con la pandemia todos estos productos van a seguir creciendo en su precio y no estamos dispuestos a tolerarlo”, agregó en un tono que pareció de ultimátum.

La respuesta del campo no tardó en llegar. El presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Jorge Chemes, se quejó de que “para un sector del Gobierno el campo es el enemigo”, al rechazar enfáticamente la posibilidad de que se incrementen los derechos de exportación. “Se busca un escenario de conflicto, porque de alguna manera se quieren tapar problemas importantes que atraviesa el país”, denunció.

Chemes aseguró que los productores agropecuarios son los que más recursos aportan al país: “¿Qué mejor que apostar por nosotros? Sentimos que se nos sigue provocando. A veces da la sensación de que quieren pelear con el campo”, alertó.

La primera escaramuza se dio con el cierre de las exportaciones de maíz, en busca de bajar su precio local para favorecer a quienes crían animales y así evitar más subas de la carne. Según Todesca, “las retenciones son una herramienta técnica que lo que hace es desacoplar el precio internacional del precio nacional para garantizar la oferta de alimentos a un precio razonable respecto de los ingresos de las familias”.

Pero el titular de Coninagro, Carlos Iannizzotto, dijo que este tipo de declaraciones provoca preocupación. El dirigente, de buen diálogo con el Gobierno (lo que le valió algunas críticas cuando no adhirió al cese de comercialización de granos), garantizó que el sector está “comprometido para fomentar la búsqueda de instrumentos que alivien el bolsillo del consumidor”.  Pero advirtió que el campo está “asfixiado de impuestos”, al rechazar una nueva suba de retenciones.

El Gobierno todavía puede subir la alícuota de las retenciones al trigo y maíz 3 puntos porcentuales. Esa facultad le fue otorgada por el Congreso tras la aprobación en diciembre de 2019 de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva. A poco de asumir, el Gobierno ya había subido las retenciones de la soja del 24,7% al 33%, mientras que el trigo y el maíz fueron del 6,7% al 12%.

El presidente de la Bolsa de Cereales porteña y vocero del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), José Martins, advirtió que los commodities tienen un impacto en los costos de apenas entre el 10% al 20%, por lo que “si dejás libre el otro 80%, no va a tener ningún efecto” subir retenciones. Martins, otro de buen diálogo con Nación, alertó que una nueva alza de los derechos de exportación generará el rechazo del sector agroindustrial: “Podría tener una mejora en la recaudación fiscal, pero será muy coyuntural, solo por esta campaña”.

El directivo recordó que “en breve se está decidiendo el plan de siembra para el año que viene y esto es una mala señal. Es muy probable que termine generando una menor área de siembra”.

Alberto Morelli, presidente de Maizar, también rechazó un eventual aumento de retenciones, y dijo que no soluciona la escalada de precios que vienen sufriendo los alimentos. “Demostramos que el maíz como grano no define el precio final del producto”, indicó, para agregar que en lugar de subir la presión tributaria, el Estado “debe hacer el esfuerzo de revisar la parte impositiva. No siempre los recursos deben salir del mismo sector”.

En la misma línea, el presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), Horacio Salaverri, remarcó que es necesario que se enfoque en lo que es la cadena en su totalidad. “La producción primaria, cuando llega a góndola, sufre, en promedio, un incremento del 368%. Pensar que con más retenciones que rebajen solamente al valor primario se puede llegar a controlar el incremento en los precios finales es un error conceptual muy grave”, explicó. Además se quejó de que el Estado “no trae soluciones. En lo que hace a la cuestión tributaria, es parte del problema. La vicejefa de Gabinete (por Todesca) debería saber que la parte primaria en el precio de un producto no supera el 20 o 25%. En cambio, la carga impositiva es muchas veces superior al 30%. Se utiliza la excusa de los precios cuando lo que a mi entender se busca es una mayor recaudación”.

Según un estudio de la Bolsa de Cereales porteña, el maíz representa el 12% del precio final de los alimentos en los que es un insumo central. En el caso del pollo, es el 21%, el 13% de los huevos, el 12% del pollo trozado, el 10% del pechito de cerdo, el 8% de la leche y 7% del asado. El mismo informe destacó que el trigo solo representa el 13% del precio del pan.

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