6 de diciembre de 2010 09:59 AM
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Hay una guerra contra el glifosato que se ha vuelto una caza de brujas

No existe ningún estudio científico nacional o internacional que demuestre que el glifosato cause los problemas que se le pretenden adjudicar.

Se está exagerando, haciendo un cuco con este tema, cuando nadie ha podido demostrar que este producto cause daño a la salud de las poblaciones. La guerra que se está haciendo se ha vuelto una verdadera caza de brujas”. Estas y otras son algunas de las frases con que productores, aeroaplicadores y científicos salieron al cruce de las movilizaciones que se reproducen en distintas poblaciones contra la aplicación de agroquímicos.. Como pocas veces, los interesados salieron al ruedo en defensa de un producto clave para la siembra directa, criticaron la interpretación que se hace de los estudios del microbiólogo Andrés Carrasco, y hasta tildaron de “absurdo” e “infundado” el miedo que se ha instalado en la sociedad.

Con esta intención, visitaron este diario Luis María San Román, Gustavo Sutter Schneider y Patricio Lamas, presidente, secretario y miembro de la comisión directiva de la Sociedad Rural de Rosario, respectivamente; Mauricio Fargioni, de la Cámara de Empresas Agroaéreas de Santa Fe, y los científicos Alberto Eliennot, Augusto Piazza y Cecilia Travella.

Aquí fueron recibidos por el gerente General de La Capital, y el jefe de Redacción, Daniel Abba. En una extensa charla, manifestaron su preocupación por el miedo generado en la población sobre el uso de los agroquímicos, pero sobre todo del glifosato.

“Nos preocupa lo mal que se está manejando este tema y el exagerado miedo de la gente. Porque una cosa es el aplicador que está trabajando directamente con estos productos, y otra es el vecino”, arrancó Piazza. “El glifosato es un herbicida de categoría cuatro, banda verde, por una clasificación internacional basada en la Organización Mundial de la Salud que define a los productos por su toxicidad aguda y por la cantidad que debe utilizarse para que resulte tóxico. Van desde la banda roja, amarilla, azul y verde. La verde no implica que sea inocuo, pero sí que probablemente no cause riesgo si se lo utiliza como es debido. Vemos que se está asustando a la gente cuando no hay motivos para tanta alarma; la exposición que tiene la población no es importante como para asustarse de esa manera”.

Etiennot, por su parte, se refirió a las veces en que “se trata genéricamente” afecciones presuntamente causadas por agroquímicos, “cuando no se sabe realmente si son efectos de estos productos. Todo médico que atiende una intoxicación tiene la obligación de declararla ante el Ministerio de Salud a través de un formulario especial, el C2. En base a este formulario el Ministerio hace las estadísticas y los seguimientos del caso. Y lo que vemos es que las estadísticas no arrojan resultados que puedan hablar de intoxicaciones por agroquímicos como muchas veces se les adjudica”.

Se dice insistentemente que no está comprobado que los problemas sean por los agroquímicos. ¿No es razonable entonces, y ante la duda, limitar el acercamiento de los aspersores a las poblaciones?

Etiennot: No es que haya duda. Ocurre que en biología no existe la verdad absoluta, y por eso se toman recaudos a la hora de expresarse. Nadie va a decir abruptamente que el producto no hace ningún daño. Pero sí sabemos que se habla de banda verde, y esto quiere decir que lo probable es que “no” lo cause. Hasta ahora no se ha observado ningún problema que justifique un cambio en la categoría. El glifosato sigue en la banda verde. Si hablamos con seriedad, no podemos decir que es inocuo, de la misma manera que rechazamos a los que dicen que sí produce alteraciones. Y recordamos que se viene aplicando desde hace más de 40 años en 150 países y en ninguno tiene los reclamos que tiene en la Argentina.

Piazza: En China me preguntaron este año qué pasaba aquí con el glifosato, cuando ningún país tenía problemas.

Etiennot: Se plantea también el tema de las distancias. Ninguna bibliografía habla de las que se pretenden imponer aquí. España permite la aspersión a 50 metros de los poblados. Quien conoce Europa ve que las casas de la gente están en medio de donde se produce. Nosotros decimos que las distancias tienen que regularse de acuerdo a cada producto. Y justamente el glifosato tiene la característica de tener una toxicidad mucho más baja que todos los agroquímicos. Está bien que se establezca una distancia para no afectar con el olor o alguna irritación cutánea, pero eso como medida de precaución. Ni siquiera es necesario establecer cien metros. El avance de la tecnología nos ha permitido cambiar los parámetros. Por eso hay que hacer una valoración total. No podemos guiarnos por un ensayo de una persona que dijo que el glifosato producía unos determinados efectos…

¿Se refiere a las investigaciones del microbiólogo Andrés Carrasco, del Conicet?

Exactamente. Pero analicemos el trabajo de Carrasco: tomó un embrión, lo pinchó con una aguja y le inyectó una sustancia hipotónica: glifosato. Un embrión es un huevo, si usted le inyecta una sustancia que no es amigable, por supuesto que va a haber una reacción. No voy a discutir la excesiva dosis, ni que se hizo con batracios, cuyos resultados no se pueden llevar al ser humano. No importa. Se inyectó esa sustancia y observó alteraciones. Ninguna novedad. En Japón hicieron lo mismo con cafeína, y los resultados también fueron malformaciones. Seguro que un embrión se va a alterar cuando se lo inyecta con una sustancia que no le es amigable. Pero eso no quiere decir que podamos trasladar estos efectos a una pulverización en el medio del campo donde alguien puede recibir una gota en su cuerpo. El trabajo de Carrasco es científico, el error es trasladarlo a lo que ocurre en el medio.

No obstante, vale insistir en que hay una preocupación real en la población. ¿No es función de las autoridades entonces aclarar esto?

San Román: Nosotros hablamos con el ministro de salud, le pedimos que buscara la verdad científica. Y nos respondió que el gobierno está entre los productores y los ambientalistas. que él tenía que actuar como político, buscando un equilibro.

Sutter Schneider: Lo que hay aquí es una opinión pública que descree de la clasificación hecha por las instituciones nacionales e internacionales, y que pone en tela de juicio todo lo que ellas han hecho. Percibimos que un grupo de gente, aun con buenas intenciones, ha llevado esto a un extremo de conflicto que no veo en otros aspectos.

Etiennot: Científicamente hubo también pronunciamientos. La investigación de Carrasco fue cuestionada por las propias autoridades del Conicet. El Senasa no ha sacado ninguna prohibición del producto, ni le cambió la categoría. Y si no lo ha hecho a pesar de todo el peso público, es por que tiene la certeza y un montón de avales.

Lamas: Yo quise ver qué ocurría y consulté a la ciencia. Y lo que vi es que muchas de las cosas que dice la gente son ridículas. Hablan de pueblos fumigados como si pasáramos por encima de las poblaciones, dicen de que aplicamos cuatro veces por día cuando lo hacemos cuatro veces al año. Se vincula al glifosato con el cáncer y se lo mezcla y confunde con el arsénico, con las antenas, con cualquier cosa. Hemos querido hacer un debate con Carrasco y no hemos podido. ¿Por qué nos esquivan?

Fargioni: En nuestra actividad tenemos una licencia para aplicar fitosanitarios. Y para renovarla tenemos que hacer todos los años un examen psicofísico clase uno. Si tengo algún desorden metabólico tengo que dar cuenta. Yo estoy desarrollando una actividad en la que están involucrados mi esposa, mi hijo, mi padre y mi hermano. ¿Quién quiere hacerle daño a su gente? Yo camino por mi pueblo y la gente me conoce. Es una situación incómoda, más cuando la persona con la que usted habla no lo escucha.

Piazza: La gente tendría que visitar otros lugares del país. Si vamos a cultivos intensivos como la manzana, la pera o la vid, la casa del productor esta en la finca. ¿Por qué en Mendoza o en Río Negro no hay estas manifestaciones? En Mendoza, para cuidar los árboles de la ciudad, se hacen aplicaciones, y los vecinos no salen alarmados a la calle, y acá tenemos gente haciendo denuncias a kilómetros de donde ocurren las cosas.

¿Por qué creen que esta zona es especialmente sensible a este tipo de manifestaciones?

Sutter Schneider: Creo que se ha desatado un hostigamiento hacia el sector, se toma un producto emblemático, y faltan instituciones y medios que den luz y eduquen.

Travella: Uno de los problemas, más allá de la sensación de la gente, es la capacitación de nuestros propios colegas. Muchos no saben que ante una intoxicación, presunta o confirmada, con agroquímicos, tienen que informar por formulario a las autoridades. Tenemos subdiagnósticos por desconocimiento de las patologías, y en otros casos, por presión de la gente, se empezó a vincular cualquier patología inespecífica con la exposición a una aplicación por agroquímicos. Hace poco hice una capacitación con Keith Solomon, doctor en biología de la universidad de Guelph, Canadá. Por supuesto, terminamos hablando del glifosato. Y él no entendía por qué tanta preocupación. “Me preguntan por algo que se usa desde hace décadas y no tiene ninguna objeción”, nos dijo. El mismo comprobó en una investigación que el glifosato no es genotóxico. Y la voz del médico sigue teniendo un peso. No puedo salir a decir “cuidado señora, su vecino le está tirando un producto que causa cáncer”.

Quizás, como corolario de toda la charla, fue San Román quien logró hacer una síntesis de lo que buscan los productores, aeroaplicadores y científicos que están en la misma sintonía. “Hay una buena predisposición de los productores para hacer las cosas debidamente. No decimos que nos den la razón, pedimos que se sepa la verdad, y que se lleve tranquilidad a la gente para que no se preocupe sobremanera”, remató.

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