6 de diciembre de 2010 10:08 AM
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Monsanto planea volver a vender semillas de soja en la Argentina en 2013

La estadounidense quiere lograr consenso con los productores y el Gobierno para cobrar regalías.

La mayor semillera mundial, Monsanto, planea volver a vender semillas de soja en la Argentina en 2013, después de que en 2006 saliera de ese negocio por el conflicto internacional que le generó no haber podido cobrar patentes por su producto transgénico a nivel local. El presidente de la compañía para Latinoamérica Sur, Bernardo Calvo, anunció el proyecto de la compañía en un evento realizado ayer en la planta que Monsanto tiene en Rojas, provincia de Buenos Aires, justamente, el mayor establecimiento mundial de procesamiento de semillas, que se concentra hoy en la producción de maíz. De allí salen las semillas marca Dekalb, líder en ventas del producto en la Argentina. Todavía faltan tres años para que la firma con sede en St. Louis, Estados Unidos, logre volver a comercializar semillas de soja en el país, porque lo hará después de conseguir un consenso entre empresarios, productores y gobierno que aún está en marcha. El vicepresidente de la compañía para Argentina, Pablo Vaquero, explicó en conferencia de prensa que “se está conformando una mesa de diálogo” entre los sectores, y hasta se están “firmando acuerdos con los productores para que se comprometan a comprar semilla fiscalizada”, que incorpora el pago de la patente. El líder mundial del negocio de semillas de la compañía, Jesús Madrazo, estuvo presente en el evento de lanzamiento del nuevo maíz VT Triple Pro (ver aparte) y sobre el negocio de soja declaró: “en la Argentina somos muy optimistas, porque creemos que se están dando las condiciones necesarias para avanzar con un nuevo modelo de negocios que reconozca la propiedad intelectual a las invenciones tecnológicas en soja”. Monsanto regresará al país con la semilla BT RR2, superadora de la famosa RR que incorporó en la Argentina en 1996 y que hoy está sembrada, adaptada y reproducida por otros semilleros, en casi la totalidad de las hectáreas sojeras del país. La nueva tecnología, que ya se siembra en Brasil, genera rendimientos por hectárea hasta 15% superiores, según Monsanto. Desde la empresa destacaron que la comercialización de la nueva tecnología BT RR2 en soja no implicará cambios en el actual esquema de la venta de la soja RR. Aún así, aspiran a ganar, por la vía del precio, un mercado tentado por el aumento de la rentabilidad que supone el cambio. “Hemos aprendido de nuestros errores”, explicó Vaquero. Cuando Monsanto empezó a comercializar su revolucionaria soja resistente a los efectos del herbicida glifosato en el país, no había marco regulatorio que le permitiera exigir el pago de regalías. La conclusión de la aventura fue, según reconoció Calvo, “un problema internacional”. Los agricultores estadounidenses se presentaron ante el Congreso de los EE.UU. para denunciar que la compañía distorsionaba el mercado mundial, y lograron que Monsanto se comprometiera a no incorporar nuevas tecnologías de semillas autógamas (que reproducen una semilla con las mismas propiedades que la original) en la Argentina hasta que no pudiera hacerlo en un marco adecuado. En medio de las controversias, Monsanto decidió frenar la descarga de barcos con aceite y harina de soja provenientes de la Argentina en puertos europeos, en reclamo por el pago de patentes, pero los tribunales europeos fallaron en contra de la compañía al considerar a los derivados del grano como nuevos productos, distintos al original por el cual Monsanto pretendía cobrar las regalías. Al frente de esta batalla, por la Argentina, estuvo el ex secretario de Agricultura, Miguel Campos. Para no repetir la historia, Monsanto está tratando con los distintos actores para lograr una masa crítica que le permita traer la tecnología, sin pagar después los costos del pasado. Otras compañías que compiten con Monsanto en soja también están pujando por normalizar la legislación respecto de las patentes, aunque con menos protagonismo. Monsanto planea facturar cerca de u$s 600 millones en la Argentina en 2010 con negocios que se sustentan en la venta de semillas, principalmente maíz, y de agroquímicos, con una fuerte incidencia de su glifosato (marca RoundUp) en las ventas.

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