25 de febrero de 2021 01:02 AM
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La odisea de las 2.700 reses españolas que llevan dos meses deambulando por el Mediterráneo

Los animales partieron a mediados de diciembre en dos barcos desde Tarragona y Cartagena rumbo a Turquía

El pasado lunes 22 de febrero el barco Karim Allah, cargado con 880 cabezas de ganado bovino español, regresó a Cartagena (Murcia), de donde había salido el 18 de diciembre.

Volvía al lugar de partida tras pasar más de dos meses deambulado por el Mediterráneo después de que Turquía, el país al que iba destinada la mercancía, se negara a aceptarla al considerar insuficiente la documentación que acreditaba que las reses estaban libres de la enfermedad de la lengua azul.

La vuelta a España parecía la solución definitiva a un conflicto comercial surrealista que sin embargo sigue sin cerrarse. El barco se encuentra desde este lunes fondeado en las inmediaciones del puerto de Cartagena, pero no pide permiso para entrar ante la advertencia del Ministerio de Agricultura.

“La autoridad sanitaria española nos comunicó el lunes la resolución en la que nos decía que si el barco tocaba puerto los animales serían inmediatamente sacrificados”, explica Miquel Masramónn, abogado que junto a Jaime Rodrigo representa a Talia Shipping Line, la empresa armadora del Karim Allah.

La resolución en cuestión dice de si los animales entran en España “la empresa importadora deberá aislarlos y sacrificarlos dentro del recinto portuario lo antes posible”, que la carne no podrá destinarse al “consumo humano” y que deberá “destruir los cadáveres en una planta de tratamiento”.

Entre los motivos para resistirse al desembarco figura que la empresa armadora, aunque sólo ha ejercido de transportista, podría ser considerara responsable subsidiaria del coste de todo este proceso de eliminación de los animales que, explica Masramón, podría ascender al “millón de euros”.

1.776 ANIMALES CERCA DE CHIPRE

En una situación similar a la del Karim Allah se encuentra el barco Eldeik, que partió de Tarragona un día antes, el 17 de diciembre, con 1.776 cabezas de ganado. También fue rechazado por Turquía, pero, a diferencia del Karim Allah, aún sigue dando tumbos por el Meditérraneo, en su caso en las cercanías de la costa chipriota. Entre los dos suman unas 2.700 reses, entre terneros, vacas y toros.

El conflicto, explica Masramón, se originó cuando al llegar al puerto de Innsbruk las autoridades sanitarias turcas consideraron que no estaba suficientemente acreditado que las reses estuvieran libres de la lengua azul.

El barco Karim Allah, en agosto de 2020 en Tarragona.
El barco Karim Allah, en agosto de 2020 en Tarragona.ANIMAL WELFARE FOUNDATION

“El certificado dice que algunos de los terneros tiene su origen en Aragón y rechazan a los animales por no cumplir con el protocolo de lengua azul. Resulta que poco antes se había detectado un foco de lengua azul en Huesca y Huesca está en Aragón. En estos casos, explicaron, hay que acreditar que las reses provienen de de un lugar a más de 150 kilómetros de distancia del foco de la infección. Y como no se garantiza esto, rechazan la descarga”, detalla el abogado los pormenores del por qué de la negativa turca.

Sin embargo, el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación asegura que el barco “zarpó de España con animales provistos de los correspondientes certificados sanitarios y procedentes de áreas libres de lengua azul“.

LA SOSPECHA DE LA ‘LENGUA AZUL’

Y en el mismo sentido se pronuncian desde Asoprovac, la Asociación Española de Productores de Vacunos de Carne. “Los animales salieron de España correctamente certificados y con el visto bueno de los turcos. La sorpresa de los exportadores fue que al llegar allí las autoridades sanitarias rechazan a los animales porque consideran que podrían estar infectados”, dice Matilde Moro, gerente de Asoprovac.

Tras el rechazo de los turcos, continúa Miquel Masramón el relato del “via crusis” vivido por el Karim Allah, la empresa exportadora de las reses, World Trade, da instrucciones al barco para que se traslade a Trípoli.

“Los de World Trade ven posibilidad de venderlos en Libia, donde los protocolos de lengua azul son distintos, y la autoridad sanitaria española emite nuevos certificados para que se pueda hacer la conducción del ganado a Libia. Pero la autoridad de Libia lo rechaza por la misma razón, porque dicen que es sospechoso de lengua azul“.

Es entonces, a mediados de enero, cuando, según la versión del abogado del Karim Allah, la empresa exportadora desaparece del mapa y los abandona a su suerte. Califica la situación vivida de “angustia”.

ESPAÑA EXIGE EL SACRIFICIO

“Con el agua no hay problema porque hay un sistema para producirlo en el barco, pero no teníamos forraje ni paja. Después de salir de Libia, que nos echaron a patadas, intentamos cargar forraje en Túnez. El barco salió en los medios de comunicación como un barco apestado, diciendo que llevaba ganado infectado. Finalmente se pudo cargar forraje en Sicilia. Y después intentamos buscar otro puerto, donde fuera. Como había sospechas por cuestiones sanitarias, intentamos buscar unos hogares que se llaman depósitos en cuarentena. Se hicieron infinidad de gestiones, pero en ningún sitio se aceptó la descarga”, relata Masramón la odisea.

Imagen del Karim Allah en un transporte de ganado en 2016.
Imagen del Karim Allah en un transporte de ganado en 2016.ANIMAL WELFARE FOUNDATION

Decidieron entonces regresar a España, donde se han encontrado con que la Dirección General de Sanidad del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación exige el sacrificio. “La legislación comunitaria obliga a eso”, explica Matile Moro, de Asoprovac.

“Cualquier devolución y vuelta al puerto de origen, aunque no sean animales vivos… Si España o cualquier país europeo exportan un contenedor de producto a tercero por ejemplo y se rechaza, lo que permite la legislación es que se envíe a otro destino o que se destruya allí o en el lugar de origen”, añade.

La empresa armadora, sin embargo, se resiste al sacrificio. “Queremos proteger la mercancía y no sólo por amor a los animales sino porque el transportista no ha cobrado y tiene derecho de resarcimiento sobre la mercancía. Quien ha estado cuidado a estos animales ha sido el transportista”, explica Miquel Masramón.

ANÁLISIS DE SANGRE A LAS RESES

Jaime Rodrigo, quien también defiende los intereses del Karim Allah, explicaba la tarde de este miércoles a EL MUNDO que habían contratado los servicios de la empresa Oss, especialistas en emergencias, y que un equipo veterinario se dirigía al barco para tomar muestras de sangre a las reses. Éstas serán analizadas en un laboratorio oficial.

“Aquí hay dos dilemas: si los certificados están bien o mal -yo no doy la razón a las autoridades turcas, no lo sé- y si los los animales están bien o mal”, decía Rodrigo. “Si los veterinarios nos dicen que los animales están en buen estado y obtenemos los certificados de la administración española, mañana los vendemos”, añade.

Se da la circunstancia de que la venta no podría ser en España, por la citada resolución en la que se prohíbe la entrada al país de los animales si no es para su sacrificio y destrucción, por lo que de superar los análisis las reses deberán emprender de nuevo travesía.

En los dos meses transcurridos desde que salieron de Cartagena han fallecido 15 de los 895 animales que partieron, una cifra que la empresa armadora considera “un éxito” dadas las circunstancias.

LA DENUNCIA

La situación del Karim Allah y el Eledeik fue denunciada hace un mes por la ONG alemana Animal Welfare Foundation. “Recibimos una llamada anónima desde uno de los barcos en la que nos decían que estaban teniendo problemas para descargar a los animales”, explica María Boada, veterinaria de la ONG, quien lleva desde 2014 siguiendo a los 80 barcos que tienen certificado para cargar animales en Europa.

Boada señala al Gobierno español como máximo responsable de la situación del ganado. “Se están intentado quitar culpa diciendo que los animales no salieron enfermos, pero a nivel legal son responsables de su bienestar hasta su llegada a destino”, dice.

Y es partidaria de que sean sacrificados. “Pedimos directamente la eutanasia. Llevan dos meses a la deriva. Si normalmente el transporte es de una semana y ya llegan en malas condiciones, imagina de dos meses”.

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