27 de febrero de 2021 14:32 PM
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La subversión de la carne sintética

La cada día más firme posibilidad de que carne sintética ingrese en el mercado alteró la cultura de “carne gorda y cielo abierto”, sobre todo de los productores ganaderos uruguayos, sellando legislativamente en la ley de Presupuesto que no se podrá nombrar como cárnicos productos de origen vegetal o generados artificialmente en cultivos de células; los ganaderos criollos dan el primer paso de una batalla sabiendo que es inevitable.

“Proxenetas de la fotosíntesis”, era la forma gráfica en que los estudiantes de Agronomía denominaban al proceso productivo uruguayo de la ganadería, el cual consta de vacas paciendo tranquilamente las pasturas de enormes extensiones de pradera, sin mayor mano de obra que unos pocos peones a caballo, seguidos de perros flacos, para ir a guardarlas de noche.

Quizás por esta forma de producción tan extensiva y arraigada, la ocurrencia del productor ganadero y senador nacionalista Sebastián Da Silva, de cambiar en el escudo nacional la imagen del buey por la de una vaca, no sea tan descabellada.

En el escudo la imagen del buey es el símbolo del trabajo, asociado en realidad al trabajo agrícola y no al ganadero.

A medida que la sociedad uruguaya se modernizaba, la resistencia de la cultura y los sectores dominantes de la producción pastoril se hacía evidente.

Siempre victimas de ideas foráneas, se les vino encima el alambramiento de los campos, concepto tan subversivo de las tradiciones de carnes gordas y “campo” abierto que ameritaba una revuelta caudillesca.

Como si el alambrado no bastara como afrenta, José Batlle y Ordóñez vino a impulsar la agricultura haciéndole perder terreno, aunque muy poco, al latifundio.

Tener que ceder parte de la ganancia primero con los saladeros y luego con los frigoríficos es un sacrificio soportable; que vengan a imponer los Feedlot como forma intensiva de cría del ganado, vaya y pase, pero que una hamburguesa se haga en un laboratorio a partir de células animales ya es una pesadilla para los integrantes de la Asociación Rural del Uruguay, sobre todo tomando en cuenta que las exportaciones del año 2020 de carnes representaron 1.585 millones de dólares, superando a la celulosa.

El ingeniero  industrial Juan Grompone en debate con el ingeniero agronómo  y productor ganadero Pablo Carrasco sostiene que “es necesario seguir atentamente el desarrollo de la tecnología porque en la historia del Uruguay productivo existen ciclos de la materia prima. Todas las materias primas tienen un  desarrollo, un auge y después la muerte y esto le va a pasar también a la carne”, dijo.

El ingeniero industrial aseguró que el ciclo de producción de las materias primas “no dura mucho más de un siglo” en Uruguay, y ejemplificó con el tasajo y la lana. El tasajo fue el principal producto de exportación durante el siglo XIX y luego desapareció porque se dejó de consumir.

Por su parte, la lana duró “poco más de un siglo y hoy genera muy poco interés porque los textiles sintéticos le hicieron una competencia muy fuerte y lo desplazaron”.

“La carne enfriada tiene un poco más de un siglo, empezó a principio del siglo 20. Estamos al borde de su ciclo. No esperemos milagros de la soja o de la celulosa: la soja es totalmente ocasional por el crecimiento urbano de China, y la celulosa tiene su fecha de muerte con el reemplazo a toda velocidad del papel por el almacenamiento electrónico.

“Pensar que los ciclos de las materias primas son eternos es peligrosidad. Hay un cambio tecnológico que lo modifica. Ha comenzado el ciclo de la carne artificial, eso nos tiene que poner alertas”.

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