5 de marzo de 2021 10:09 AM
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Leticia Mir analiza soja y trigo en el laboratorio del INTA Marcos Juárez y reconoce que en Argentina “falta una cultura que premie la calidad”

CompartiremailFacebookTwitterGeneralmente se habla de volúmenes de producción de granos y oleaginosas, pero en pocas ocasiones se hace alusión al modo en que se aborda el análisis de esa producción para determinar su calidad, algo fundamental para determinar precios finales y ajustes de requerimientos de mercado. En este aspecto, el Laboratorio de Calidad Industrial de Cereales […]

Generalmente se habla de volúmenes de producción de granos y oleaginosas, pero en pocas ocasiones se hace alusión al modo en que se aborda el análisis de esa producción para determinar su calidad, algo fundamental para determinar precios finales y ajustes de requerimientos de mercado.

En este aspecto, el Laboratorio de Calidad Industrial de Cereales y Oleaginosas del INTA Marcos Juárez que inició sus actividades hace 68 años, es una referencia obligada que presta servicios de control de calidad en materia prima y productos finales a productores, semilleros, acopios, cooperativas, molinos, industrias, exportadores, centros de investigación y otras experimentales del INTA

“Cuando hablamos de calidad, debemos referirnos a las condiciones agroclimáticas que se dieron en la campaña y,una vez recibida esa información, hacemos los relevamientos, recibimos muestras de los criaderos y productores y efectuamos los análisis de calidad”, explica a Bichos de Campo Leticia Mir, ingeniera química que  trabaja como investigadora en dicho laboratorio desde 2006.

El fuerte de los análisis del establecimiento se hace con trigo y soja, mientras que en maíz recién están incursionando. Hace poco, en la Fiesta Nacional del Trigo que se realizó en Leones, (Córdoba), presentaron los valores de referencia que tienen para Córdoba en un convenio que realizaron con la Bolsa de Cereales provincial.

“La producción de trigo (en 2020/21) a nivel país fue de 17 millones de toneladas con una gran pérdida en Córdoba a causa de la sequía y las heladas; esto nos dejó una calidad comercial de trigo grado 2 que, dentro de todo, nos permite una comercialización sin problemas. Para tener una idea, si tenemos grado 1, tenemos bonificacione,  y si tenemos grado 3, tenemos descuentos”, explicó Mir.

Mirá la entrevista completa a Leticia Mir:

“Este año tuvimos (en la zona núcleo pampeana) un promedio 12,3% de contenido de proteína en trigo, lo que es bueno porque es un valor alto. El gluten también es importante en la comercialización debido a que los molinos de trigo no comercializan por proteína, sino que lo hacen por contenido de gluten y acá tuvimos un valor promedio de 32, bastante superior al del año pasado, lo que nos ayuda a tener una buena calidad industrial”, manifestó.

En lo que respecta a la caída del valor de tenor proteico que viene registrando la soja argentina, Mir dijo que desde INTA trabajan en la elección de cultivares que maximicen este componente. “El organismo tiene muchos proyectos, incluso de soja no-GMO (no modificado genéticamente) con alto contenido de proteína, pero eso ya se maneja como especialidad”, desarrolló.

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¿Entonces se sacrifica calidad en función de mayores volúmenes? “El tema de rindes siempre se asocia de modo inverso al contenido de proteínas. Si vemos los análisis históricos, podemos ver que hay cultivares de soja que tienen alta proteína y merman en rinde. En definitiva, cada productor hace las elecciones en función de la semilla que tiene disponible”, declaró, aunque también reconoció que en Argentina “falta una cultura que premie calidad”.

“Necesitamos una mejor calidad para luego obtener una harina con un mayor porcentaje de proteína que nos de un beneficio rentable. Y lo mismo pasa con la segregación en el trigo. Podríamos vender un commodity segregando por calidad, ya que hay diferentes necesidades a nivel industrial; tenemos trigos blandos que son aptos para elaboración de galletitas y que no se están cultivando”, referenció Mir.

“Existe la realidad de lo que el productor pudo obtener, con lo que el clima y las condiciones de fertilización le permitieron (en cada campaña), pero la idea es poder elegir materiales adecuados en cuanto a sanidad que requieran menos uso de agroquímicos y mejor uso del nitrógeno. Creo que es acercarse y conocer qué suelos tenemos y hacer los análisis, porque sino se maneja la cosa en cómo lo hace el vecino o cómo le fue el año pasado, cuando en realidad hay muchos cambios e información”, resaltó.

Y concluyó: “Hay un enorme camino por recorrer en cuanto a las calidades. Hay mucho por hacer desde el commoditie y con las especialidades”. Leticia Mir trabaja en implementación de sistema de calidad bajo Normas ISO 17025 y participa también en el armado de legajos de líneas de trigo para Inscripción en el Registro Nacional de variedades.

Fuente: Bichos de Campo

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