6 de marzo de 2021 11:16 AM
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La agricultura de Brasil necesita de las abejas nativas, pero las está matando

Las abejas nativas de Brasil brindan varios servicios ambientales, el más importante es la polinización de plantas, incluidos los cultivos agrícolas. La apicultura de abejas sin aguijón también ayuda a conservar el bosque, ya que los productores de miel tienden a preservar el medio ambiente y restaurar las áreas utilizadas en su actividad. Pero la producción de alimentos basada en el monocultivo y el uso intensivo de pesticidas está amenazando a las poblaciones de abejas nativas. La abeja europea (Apis mellifera), una especie importada, domina la apicultura de Brasil y es el foco de las investigaciones sobre los efectos nocivos de los pesticidas. Los estudios muestran que los pesticidas afectan más intensamente a las abejas sin aguijón.

Cuando pensamos en abejas, no siempre reconocemos la enorme diversidad de especies que representan. Casi toda la miel que consumimos proviene de las abejas europeas o melíferas (Apis mellifera), un híbrido de especies europeas y africanas. Pero existen otras 20 000 especies de abejas en el mundo. Solo Brasil tiene más de 300 y la gran mayoría, a diferencia de las abejas europeas, no pican. El país tiene la mayor diversidad del mundo de este tipo de abejas.

La importancia de las abejas sin aguijón de Brasil está siendo reconocida cada vez más, ya que los cultivos agrícolas de alto valor económico dependen de la polinización de estos insectos. Y la apicultura ayuda a la conservación: los criadores de Melipona, un género de abejas sin aguijón, suelen preservar los ecosistemas locales y restaurar las áreas utilizadas en su actividad, ya que las abejas nativas brasileñas dependen de un hábitat saludable para reproducirse.

«Su apreciación va en aumento. Los lugares que mantuvieron la cultura de la apicultura [de abejas] nativa ahora pueden hacer de esta una alternativa para la generación de ingresos», dice Jerônimo Villas-Bôas, autor de un manual que aborda las prácticas asociadas con la apicultura de abejas sin aguijón en Brasil.

En el sector de la alta cocina, la miel brasileña ya llegó a las cocinas de reconocidos chefs, entre ellos Alex Atala, cuyo restaurante de São Paulo cuenta con dos estrellas Michelin.

La abeja nativa arapuá sin aguijón (Trigona spinipes). Las más de 300 especies de Brasil están comenzando a ser reconocidas por su importancia. Imagen de João Paulo Corrêa de Carvalho vía Flickr (CC BY 2.0)

Los productos de las abejas brasileñas (miel, propóleo, polen, cera y jalea real) se conocen desde hace siglos. Los informes escritos en 1577 por Hans Staden, que vivía con la comunidad tupinambá en la costa de lo que hoy es el estado de São Paulo, mencionan tres abejas nativas utilizadas por los indígenas con fines medicinales y alimenticios, probablemente mandaçaia (Melipona quadrifasciata), mandaguari (Scaptotrigona postica) y la abeja angelita (Tetragonisca angustula).

«Para mi tesis doctoral, probé miel de tres especies de abejas sin aguijón: jataí, canudo [Scaptotrigona depilis] y borá [Tetragona elongata]», dice Raoni da Silva Duarte, quien tiene un doctorado en entomología de la Universidad de São Paulo (USP). «Durante las pruebas in vitro, las mieles tuvieron efectos antimicrobianos contra varios patógenos que pueden causar enfermedades en los humanos».

La apicultura de abejas nativas se está expandiendo actualmente en Brasil, con fines que van desde la investigación científica hasta la producción comunitaria de miel, con varios beneficios. «Los apicultores buscan áreas con vegetación preservada», dice Villas-Bôas. «La apicultura de abejas sin aguijón nos permite conservar las especies involucradas e, indirectamente, otros animales del ecosistema como aves y mamíferos».

La abeja europea (Apis Mellifera) es común en Brasil. Ya que es una especie generalista, su capacidad para producir miel es alta. Imagen de Thiago Gama Oliveira vía Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

Polinización: trabajo que vale miles de millones

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 75 % de los cultivos destinados al consumo humano dependen de la polinización.

La mayoría de las especies de plantas, ya sean cultivadas o nativas, son polinizadas por animales como murciélagos, polillas, mariposas, avispas, escarabajos, y principalmente abejas. La Plataforma Brasileña sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistémicos (BPBES) estima el valor del servicio ambiental de polinización para la producción de alimentos en el país en aproximadamente 43 mil millones de reales (USD 8 mil millones) por año, lo que representa 44 plantas cultivadas y silvestres.

Ciertas especies de plantas son polinizadas solo por abejas sin aguijón brasileñas. «Son las principales responsables de polinizar la vegetación nativa, proporcionando fertilización cruzada, lo que garantiza la variabilidad de las especies vegetales», dice Generosa Sousa Ribeiro, del Departamento de Apicultura de Melipona de la Universidad Estatal del Suroeste de Bahía (UESB). «Varias plantas necesitan especies nativas. Por ejemplo, la cereza acerola depende de abejas solitarias del género Centris«.

La evidencia muestra que el establecimiento de colonias de abejas sin aguijón en áreas agrícolas tiene efectos positivos en la producción de café, canola, guayaba, manzana, maracuyá, pepino y palma aceitera, entre otros cultivos. Para la fresa, la polinización por la abeja iraí (Nannotrigona testaceicornis) reduce la deformación del fruto. Y un estudio muestra que la abeja uruçu (Melipona scutellaris) juega un papel importante en la polinización del naranjo.

«Cuanto más sabemos sobre las abejas sin aguijón brasileñas, más importantes se vuelven», dice Juliana Feres, investigadora y socia fundadora de Heborá, una plataforma que se enfoca en mejorar la producción de miel brasileña por parte de mujeres rurales.

Las abejas sin aguijón también brindan un servicio especializado conocido como polinización por zumbido. Cuando aterrizan en las flores, muchas especies, ya sean sociales o solitarias, pueden vibrar al contraer sus músculos toráxicos, liberando así el polen de las flores y beneficiando cultivos como los tomates y las berenjenas.

Sin embargo, las especies nativas se encuentran subutilizadas. Las abejas europeas todavía son preferidas no solo para producir miel, sino también para complementar la polinización de cultivos agrícolas porque los agricultores están familiarizados con su manejo y su población es abundante. El Informe Temático sobre Polinización, Polinizadores y Producción de Alimentos en Brasil muestra los peligros que trae generalizar: varios cultivos necesitan polinizadores específicos.

Amenazas en el aire

Sin embargo, las abejas nativas sin aguijón enfrentan una paradoja: si bien son importantes para la actividad agrícola, están amenazadas por la agricultura misma. «Nuestro sistema de producción de alimentos es la razón principal por la que están desapareciendo las abejas», dice Villas-Bôas. «La supresión de plantas afecta su hábitat natural. Además, los paisajes uniformes no proporcionan la dieta diversa que necesitan los insectos. Para empeorar las cosas, hay un uso abusivo de pesticidas».

Cuando los pesticidas no matan, pueden disminuir la longevidad de las abejas, obstaculizar su capacidad de regresar a la colmena, interrumpir la puesta de huevos por parte de la reina, impedir la comunicación, interrumpir la organización y división del trabajo y paralizar alas y patas, entre otros efectos dañinos que terminan debilitando o incluso diezmando la colmena.

«Las poblaciones [de especies sin aguijón] son ​​mucho más pequeñas que las de A. mellifera, lo que dificulta la reorganización de estas abejas después de la fumigación continua. En 2017, recolectamos muestras en áreas de fumigación masiva y encontramos más de 10 pesticidas que fueron letales para las abejas nativas», dice Ribeiro de UESB.

Las abejas europeas son una prioridad en las pruebas agroquímicas realizadas en Brasil, según los protocolos de la OCDE. Sin embargo, algunos estudios ya muestran que las abejas sin aguijón son más sensibles a los pesticidas que las omnipresentes abejas europeas. «Todavía hay pocos resultados, dado el gravísimo daño que los venenos han causado a los polinizadores en las últimas décadas», dice Ribeiro.

Una publicación de 2018 de la agencia de protección ambiental de Brasil, conocida como IBAMA, pide estudios más específicos que no se restrinjan a una sola especie.

Desde entonces han seguido otros trabajos. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estadual de São Paulo (UNESP) y publicado en 2019 evaluó el efecto del dimetoato, que se utiliza como referencia internacional en pruebas de toxicidad. Los resultados mostraron que la dosis para matar al 50 % de una población de larvas de uruçu es 320 veces menor que la dosis que mata un porcentaje igual de larvas de A. mellifera.

También en 2019, en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP), otro estudio mostró que el tiametoxam, ampliamente utilizado en la agricultura, y otros tres insecticidas del grupo de los neonicotinoides pueden causar cambios de comportamiento en las abejas jataí adultas, como reducir la velocidad de vuelo y la distancia recorrida.

Un artículo de 2016 enfocado en S. postica mostró que el ingrediente activo imidacloprid, utilizado en insecticidas, interfiere con el comportamiento de esa abeja, afectando su capacidad para reconocer la comida y restringiendo sus movimientos en el campo.

Un indicador de la gravedad del problema del uso de pesticidas en la agricultura y de sus efectos nocivos sobre la salud humana y la polinización es el hecho de que se sigue encontrando imidacloprid en las pruebas realizadas en muestras de alimentos en el marco del Programa de Análisis de Residuos de Pesticidas en Alimentos de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil (Anvisa). La última edición del informe se publicó en diciembre de 2019.

La pérdida de polinizadores en un ecosistema puede ser irreversible y no se sabe nada sobre la posibilidad de una recolonización natural. «Las abejas de Brasil han evolucionado conjuntamente con su flora nativa durante mucho tiempo», dice Duarte. «Cada planta se ha adaptado a los beneficios que algunas especies aportaban a su reproducción. Al mismo tiempo, las abejas se han adaptado a recursos específicos como néctar, polen, aceites y resinas. En otras palabras, la flora brasileña y las abejas nativas dependen en gran medida unas de otras».

Póster que muestra algunas de las especies de abejas nativas de Brasil. Imagen de Associação Brasileira de Estudos das Abelhas

Imagen de portada de jataí-amarela (Tetragonisca angustula), una de las abejas nativas sin aguijón más conocidas de Brasil, por Letícia Smania Donanzan vía Flickr (CC BY 2.0)

Esta historia fue publicada por primera vez en la web en inglés el 1 de junio de 2020.

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