15 de marzo de 2021 15:00 PM
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MÁS MANEJO, MEJOR SANIDAD DEL CULTIVO

En una nueva edición del Seminario de Entrenamiento Profesional para Agrónomos se analizaron las principales problemáticas de plagas y enfermedades en la región en base a un esquema de lluvias muy desparejo, que obliga a ajustar el manejo más que nunca.

En esta oportunidad, el evento tuvo un carácter mixto, ya que el miércoles 10 se realizó la recorrida a campo limitada a un número de personas que permitan cumplir los protocolos sanitarios: Luego, el evento fue transmitido por redes sociales para aquellos que no pudieron asistir.

Los organizadores lo dividieron en 4 estaciones: las dos primeras relacionadas con la Soja y sus enfermedades (fungicidas) y malezas (herbicidas); plagas (insecticidas) y defensas (bioestimulantes). Las dos últimas centradas en el Maíz, sus enfermedades (fungicidas) y malezas (herbicidas).

La gran novedad fue la aparición de la Roya de la Soja en el lote, que disparó el alerta sanitario, horas antes de la concreción del seminario. “Hoy ha dado positivo a Roya de la soja, que si bien no se está dando en todo el territorio nacional, nos marca la gran cantidad de horas de mojado que tiene el cultivo y los que han tenidos lluvias parecidas a esta zona, y nos marca unos 30 días donde debemos manejarla bien, para no estar perdiendo hojas ni sufrir defoliación”, advirtió Margarita Sillón, responsable de las dos primeras estaciones.  

Pero la campaña contempla múltiples realidades que exhiben problemas de todo tipo. Así lo explicó la especialista, quien aclaró que la oleaginosa tiene enfermedades de dos grandes tipos: vasculares o foliares.

“La gran diferencia es que las primeras están ocasionadas por patógenos del suelo o la semilla que van a disminuir la cantidad de plantas sanas en el cultivo, y las más importantes en la zona es la podredumbre por fitoftora (Phytophthora sojae). Uno la asocia a las lluvias o inundaciones, aunque en la zona también hay enfermedades típicas de las épocas secas, pero esa es una de las características de este año: zonas con mucha lluvia y muy cerca zonas donde no ha llovido casi nada”. Según la especialista, este hongo se reconoce por plantas marchitas con una lesión negra desde el suelo hasta unos 30 cm de la planta.

En esta zona también se detecta mancha marrón (Septoria glycines) “que marca amarillamientos en los cultivos con necrosis y lesiones irregulares con unas puntuaciones negras en las que se ven las estructuras del hongo”. Finalmente, otra enfermedad que suele comenzara principios de marzo es Tizón morado de la hoja y mancha púrpura de la semilla de la Soja (Cercospora kikuchii).

Sillón remarca que también hay presencia de otras “visitas” al lote, como la mancha anillada (Corynespora cassiicola), aunque si bien es bastante más difusa en la zona, ya comienza a expandirse en la zona central de Santa Fe. “También vamos a ver algo de mancha de ojo de rana (Cercospora sojina), sobre todo en los grupos de madurez más cortos. Y mildiu (Peronospora manshurica), que es otro de los problemas asociados a la roya de la soja”.

Por todo eso, la fitopatóloga considera que es importante ajustar bien el diagnóstico para no cometer errores, porque también se han detectado bacterioris, por lo que suele ser un error decidir aplicar fungicidas en estos casos.

Los dilemas del maíz

“En maíz para algo parecido: la confusión de las lesiones de la bacteriosis por lesiones de hongos”, afirma Margarita. “El maíz también tiene enfermedades vasculares y foliares, pero se dan de un modo diferentes que en la soja. El cultivo estresado por enfermedades foliares puede tender en el llenado de grano a una removilización de los nutrientes, y eso lleva a que esas cañas sean más propensas a la colonización de los patógenos del suelo”, remarcó.

En las foliares, los patógenos biótrofos (no sobreviven en el rastrojo, tal el caso de la roya). La roya común del maíz tiene pústulas en forma de paredes, tratando de mantener un 1.5 % de severidad, para prevenir un impacto en el rinde por este motivo.

“Por otro lado, tenemos los patógenos necrótrofos que van a afectar la actividad fotosintética de la hoja. El más común es el tizón que genera lesiones ovaladas. Este año hemos tenido muchas bacteriosis generando líneas, y la famosa mancha blanca, que puede provenir de una deriva o de un patógeno. También las podredumbres de raíz y tallo, un conjunto de patógenos que pueden colonizar según la prevalencia de agua o no. Van a generar una lesión ascendente en la base, y los de segunda son más propensos al vuelco, con hasta un 20 % de perdida. La cosecha oportuna es fundamental. Cualquier tormenta de otoño puede ser fatal”, sintetizó.

Fertilizantes y bioestimulantes

Para Florencia Magliano, un cultivo sano es un cultivo normal. “En los últimos años, con el mejoramiento genético se fueron perdiendo características que las hacían más resistentes, detrás de una mayor producción (pelos, tricomas, etc.). Pero hoy hay herramientas para mejorar ese estado. Por un lado, tenemos los fertilizantes. Plantas bien nutridas se bancan mejor el ataque de patógenos, ya sea necrótrofos (se alimentan del tejido muerto) o biótrofos, los que pueden recibir un ataque mayor”, aclaró.

También hay otras moléculas que actúan como bioestimulantes, capaces de estimular los mecanismos de defensa. “Estos mecanismos pueden ser internos o externos, en cuyo caso se aplican por fuera de la planta y es reconocida por el sistema de defensa de la misma que activa los genes de defensa, los que desencadenan ciertos procesos tales como la disminución de etileno, o el aumento de ciertas hormonas que hacen que esa planta quede más defendida (aumento de paredes celulares, de lignina, etc). En definitiva, estrategias que permitan optimizar la defensa de las plantas ante el ataque de los patógenos y enfermedades”.

Entender el lote, entender las plagas

Según Roberto Peralta, todo pasa por el monitoreo sanitario de los cultivos. “Estamos viendo un maíz cuya principal plaga es el cogollero, cuyo tamaño preocupa porque el daño ya lo estamos observando en etapa (de V1 a V6). Es una oruga que hace mucho daño en la espiga”.

Para “Beto”, la ausencia de monitoreo es el problema que causa más daño, porque cundo lo vemos el problema y la oruga ya está adentro. En este sentido remarcó que los controles químicos son de baja eficiencia, sobre todo para la producción de granos. No es lo mismo que un pisingallo o para uso de semilla.

“En esa producción destino a grano comercial, no tiene sentido por el costo que tiene, sobre todo para la bolillera, aunque con ciertas pautas, sí para el cogollero, pero todo depende del monitoreo para evaluar el éxito del tratamiento, ya que año a año vemos un incremento de este problema”.

El especialista cordobés hizo hincapié en que también hay que diferenciar el pulgón del maíz que además se manifiesta en el sorgo, y que no es lo mismo que el pulgón amarillo del sorgo que se ve mucho en el centro norte de Santa Fe. “Esta plaga ha hecho muchísimo daño, sobre todo por la falta de monitoreo del sorgo. Y cuando se detectó ya era tarde. Tenemos que tratar de entender la plaga y entender el cultivo”, insiste.

Por otro lado, aclara que lo otro que tenemos que entender es el control. En el caso de la oruga bolillera en soja, sobre todo cuando comienza a comer el grano, sobre todo porque empieza a comer de abajo hacia arriba los granos maduros.

“Es fundamental observar el impacto del producto a través del tarjeteo, pero no como si fuera un ensayo (no hace falta contar gota por gota), ya que las mismas etiquetas de las tarjetas nos muestran con imágenes que permiten dimensionar a simple vista cuánto estamos penetrando y cómo estoy llegando al objetivo. Eso es algo que en las últimas campañas siempre nos olvidamos”.

Finalmente, respecto a la mosquita del sorgo, remarcó que ha sido un cultivo poco tenido en cuenta a nivel de aplicación de tecnología, muy dejado de lado en las últimas décadas, por lo que siguen las plagas históricas, aunque la mosquita no está presente en la región pese a que se sembró mucho más sorgo. “Pensemos en la fisiología del cultivo, no hay un umbral estudiado, pero podemos tener información criteriosa para saber hasta dónde me afecta. El estrato superior debe estar sano.

Finalmente habló de trips, que empiezan a causar daño de abajo hacia arriba, por lo cual debemos proteger las hojas superiores que son las más eficientes en la fotosíntesis. “Sumado a eso el período de llenado de granos, combinar el conocimiento para saber cuándo el cultivo correr riesgo. Este año no tenemos ese problema en Córdoba, lo venimos siguiendo. Si la plaga progresa ahí si tal vez sea necesario una aplicación. Combinar la fisiología de la planta con la dinámica de la plaga”.

Cambio de paradigma

Según José Menegón, el dilema de las malezas pasa por ver de dónde venimos y hacia dónde vamos en el mundo de los herbicidas. “Para 2050 se estima una población de 9 mil millones de personas, no apto para segur proveyendo agua dulce, energía ni alimentos. Y a nosotros como agrónomos, esto nos compete sobremanera, ya que formamos parte de la gran cadena de la producción alimenticia”.

José destaca que la mayor cantidad de alimentos proviene del sector agropecuario, sobre todo de la agricultura, y con la estructura actual esto es insostenible.

“En 2020 existen 197 especies de malezas resistentes, que alcanzan un total 383 biotipos (383 problemas). Para solucionarlos, en los 14 cultivos con la mayor superficie productiva, se usan 65 principios activos que pertenecen a 10 mecanismos de acción, los que tuvieron una gran evolución hasta la década del 80. Luego de esto, se cortó hasta la actualidad. Desde los 70 a la actualidad, el incremento de resistencia ha tenido un crecimiento lineal hasta ahora, estamos perdiendo la carrera contra la biología, no hay que competir contra la biología, sino contra el control de las malezas que nos están ganando”.

En este sentido, aconsejó mejor manejo: técnicas reales y sustentables de prevención, a través de aquel producto que ayude a evitar la presión de selección.

“Necesitamos un cambio de paradigma, activando estos mecanismos de prevención eficaces técnicamente sustentables”. Rotación de cultivos, rotación de mecanismos de acción, cultivos de cobertura, disminuir los tiempos de barbecho largo, empezar a conocer mejor la fisiología de nuestros cultivos, conocer en profundidad a la historia de nuestro lote, de dónde viene y hacia dónde va para mejorar las decisiones, elegir los principios activos a usar. Control químico y cultural alterado o combinado”.

Fuente: El Litoral

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