10 de diciembre de 2010 09:45 AM
Imprimir

El norte cordobés, con mayor peso

Siete departamentos reúnen 14% del stock bovino provincial. La agricultura moviliza 4 millones de hectáreas

La mutación que ha tenido en los últimos años la matriz productiva en el norte cordobés ya está caracterizada. A partir de un convenio de colaboración técnica, el Instituto de Economía de la Fundación Mediterránea (Ieral) y técnicos del Centro de Información Técnico Económico y Agropecuario (Citea), que depende de la Sociedad Rural de Jesús María, iniciaron en abril un estudio de investigación que puso el foco sobre la situación agropecuaria en los departamentos del norte.Luego de la tarea de recolección y de ordenamiento de los datos, la Sociedad Rural de Jesús María y el Ieral presentaron los resultados de la primera etapa del estudio de caracterización de la actividad agropecuaria en Colón, Totoral, Tulumba, Río Seco, Ischilín, Río Primero y Sobremonte.”A partir de una lectura general del informe se desprende que el norte ha crecido en importancia dentro de la provincia tanto en agricultura como en ganadería. En participación, los departamentos del norte están mejor que hace 20 años”, indicó Juan Manuel Garzón, economista jefe del Ieral y uno de los encargados de confeccionar el informe.En 1974, los departamentos del norte contaban con 10,1 por ciento de las existencias bovinas de la provincia. En 2002 pasaron a tener 12,4 por ciento. Las estadísticas de vacunación de Senasa en el período 2002/2009 confirman el crecimiento del stock en esta región de la provincia. En 2008 y 2009, la participación llega al 14 por ciento. Este protagonismo se da incluso cuando algunos departamentos, como Totoral, Colón y Río Primero, perdieron cabezas durante el período 1974 y 2009. “Si bien teníamos algún tipo de información sobre la realidad productiva del norte de Córdoba, los datos que aporta el estudio permitirán tomar decisiones, no sólo productivas sino de políticas públicas”, sostuvo Marcos Mc Hardy, presidente de la Sociedad Rural de Jesús María. El estudio tiene por delante una segunda etapa que incluiría, entre otros aspectos, el análisis de rentabilidad de los modelos ganaderos de la región.Expansión agrícola. Según el informe, el área sembrada se expandió más rápidamente en el norte que en el resto de la provincia. Mientras que a mediados de 1990 esta región participaba con el nueve por ciento del área sembrada total, en la década siguiente pasó a más de 20 por ciento. Incluso el récord de 23 por ciento en la cosecha 2003/2004.El desarrollo tuvo dos vertientes: a través de “nuevos” departamentos que entraron en producción, como Tulumba, Río Seco e Ischilín. De tener muy poca actividad agrícola a comienzos de 1990 pasaron a tener 185 mil hectáreas en 2007/2008 (contabilizando los cultivos de verano). La otra forma de crecimiento fue a partir de que los departamentos tradicionales, que hasta ese momento asignaban la tierra hacia granos y pasturas como los casos de Río Primero, Colón y Totoral, modifican sus esquemas en favor de los primeros y sumaron entre los tres más de 550 mil hectáreas en 2007/2008, en relación a los niveles del primer quinquenio de la década de 1990.A comienzos de los años 1990, la producción en los siete departamentos analizados oscilaba en un rango de entre 600 mil y 700 mil toneladas. Hacia fines de la década siguiente, la producción se habría multiplicado por seis, para rondar los cuatro millones de toneladas.Si se compara la tasa de crecimiento, la exhibida por el norte ha sido mayor que la del total de la provincia. Esto explica el fuerte incremento en la participación de la región en la producción agrícola provincial, que pasó de entre nueve a 10 por ciento a un rango del 18 al 20 por ciento.Ganadería. Para analizar la ganadería, el estudio trabajó sobre cuatro modelos productivos: cría, invernada y dos ciclos completos. En el período 2000/2009, los márgenes brutos por hectárea estuvieron por debajo de los 100 dólares; con algunas excepciones, como cuando el nivel de la invernada llegó a 150 dólares en 2007 y 2008.Según la conclusión del estudio, el nivel de los márgenes brutos de todos los modelos ganaderos es sustancialmente inferior al de los modelos agrícolas. Por ejemplo, el margen bruto promedio de una soja 25 quintales en el norte fue de 245 dólares entre las campañas 2002/2003 y 2009/2010, en campo propio. A partir de estos números puede explicarse por qué una gran cantidad de campos ganaderos se pasaron a la agricultura.Desde la salida de la convertibilidad, la cría fue la actividad más castigada. Sus márgenes tocaron un piso hacia fines de 2001 y se recuperan recién hacia finales de este último año.Los efectos de la devaluación sobre el precio interno de la carne llegaron pero con cierto rezago (no sucedió esto en los granos, donde el ajuste fue automático). Recién hacia fines de 2003 el precio interno de la hacienda ha recuperado el nivel en dólares que mostraba meses previos a la devaluación.Granos. A partir de modelos de producción adaptados a la zona, un análisis de la evolución de los márgenes teóricos de la soja a pesos constantes (expresados en pesos con igual poder de compra), desde el ciclo 2001/2002 hasta la presente campaña (2010/2011) indica que la mejor cosecha agrícola fue la campaña 2003/2004.Las campañas 2007/2008 y 2008/2009 fueron también muy buenas en materia de márgenes. En estos ciclos el efecto de la devaluación está prácticamente diluido, por lo que debe asociarse casi exclusivamente los altos márgenes a los elevados niveles de precios internacionales.Para la presente campaña (si todo se mantienen los precios esperados para la soja superiores a los 270 dólares en Rosario), la suba de precios internacionales estaría más que compensando la suba de costos y la inflación interna (se trabaja con una pauta anual del 25 por ciento).Tenencia. Una encuesta realizada por el estudio a 154 productores de la región ayudó a confirmar algunas presunciones sobre el régimen de tenencia de la tierra y a descubrir otros aspectos vinculados con la estrategia de producción.La práctica de arrendamiento de tierras es más habitual y generalizada en los productores exclusivamente agrícolas, mientras que los productores mixtos y los ganaderos tienden a operar más frecuentemente sobre campos totalmente propios, si bien se observan algunas excepciones.Cuando se enfoca el análisis involucra la cantidad de hectáreas propias contra alquiladas, se observa que la proporción operada bajo arrendamiento para el caso de los productores exclusivamente agrícolas es del 60 por ciento contra un 40 de tierra propia. Por el contrario, en el caso de productores mixtos la proporción bajo arrendamiento no supera 20 por ciento, mientras que en los ganaderos no supera 10 por ciento.Respecto a la asignación de la tierra alquilada, sorprende en el norte la participación del maíz. “En la campaña 2009/10 no había muchas diferencias en la distribución de la superficie alquilada entre soja y maíz. Muchas lo asocian a lo económico que resulta hacer el maíz en esta región”, explicó Garzón.Desde el punto de vista de la estrategia de producción, poco más de la mitad (51 por ciento) de las explotaciones encuestadas aseguró haber tomado financiamiento. Esto se da con mayor frecuencia en las empresas agrícolas y mixtas, que en las ganaderas.La fuente de financiamiento más utilizada es la brindada por las empresas proveedoras de insumos agropecuarios (“financiación de insumos y/o servicios a cosecha”), seguida por los créditos otorgados por los bancos. Los restantes canales se utilizan con menor frecuencia. El uso de financiamiento externo también estaría influenciado por el tamaño del establecimiento. De las explotaciones mayores a mil hectáreas, el 62 por ciento se maneja con fuentes de financiamiento.

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *