10 de diciembre de 2010 09:52 AM
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Mejor panorama para la ganaderia

Faena de hembras: con la mejora de los precios, a partir de octubre de 2009, se recuperaron vientres.

El consumo de carne de los argentinos ha tenido una tendencia decreciente a lo largo del tiempo (en los últimos 50 años), pero entre 2006 y 2009 se ha incrementado, llegando incluso a los 70 kilos por habitante (en 2005 el consumo era de 62 kilogramos).Esto fue el resultado de los precios (fijos) impuestos desde el Gobierno (agravado por la fuerte sequía de 2008/09 y por el cierre de las exportaciones cárnicas), que motivaron la liquidación de stock conllevando un aumento en la producción (faena) de carne, lo que traería aparejado la actual escasez.Recorte. Desde 2006 hasta la fecha, las existencias de ganado en Argentina se redujeron un 15 por ciento (alrededor de nueve millones de cabezas). Este fenómeno de achicamiento de rodeos, claramente se aceleró durante el período de sequía. Entre el segundo semestre de 2008 y el primero de 2009 el Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) informó que los bovinos vacunados en Argentina cayeron un 3,5 por ciento; y que entre esta primera etapa de 2009 y su segundo semestre esta caída fue aún mayor, llegando al siete por ciento. Esto motivó un incremento del 10 por ciento de la producción de carne (faena) entre 2005 y 2009.La particularidad del ciclo ganadero, en el cual se incrementa la oferta cárnica (fruto de la liquidación de vientres) cuando los precios no resultan atractivos, hizo que durante esos años la situación pudiese perdurar sin mayores correcciones en los precios y que recién se manifestaran los efectos adversos durante 2010.Entre diciembre de 2009 y enero de 2010 la oferta de carne cayó un 16 por ciento, mientras que los precios del kilo vivo se elevaron en el mismo período un cinco por ciento.Bien de capital. Esta mejoría del valor del ganado incentivó a que los productores volvieran a ver a sus vacas como un bien de capital y decidieran retenerlas como vientres. Esto se puede apreciar perfectamente en el gráfico adjunto.Se puede ver que, con la fuerte suba del precio a partir de octubre de 2009, el porcentaje de faena de hembras disminuyó, cayendo a principios de 2010 por debajo del 45 por ciento (ingresa en la fase de retención de vientres). Obviamente, esta merma en la faena de animales propició una menor producción de carne y un consecuente aumento del precio, el cual se incrementó un 95 por ciento mientras que la oferta cayó un seis por ciento desde inicios de 2010 hasta la actualidad.Estos nuevos valores colocan al kilo de novillo argentino como el más caro entre sus pares regionales: en octubre alcanzó los 1,96 dólares por kilo, frente a 1,88 de Brasil, 1,68 de Uruguay y 1,68 de Paraguay.Otro dato a destacar es que el precio del ganado aumentó más que el precio de góndola, demostrando la imposibilidad de hacer un pasaje completo del incremento hacia el consumidor.Esto es consecuencia de que los niveles de precios llevaron a disminuir el consumo per cápita de carne bovina, fomentando la sustitución en las dietas por otros tipos de carnes (cerdo y/o pollo).El desafío a largo plazo es recomponer los stocks, mientras que sólo se podrá inducir un incremento inmediato de la producción por medio de un mayor peso de faena; de igual modo, todo esto se dará en un marco de menor disposición de compra por parte de los consumidores.Los autores son investigadores del Instituto de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba.

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