29 de marzo de 2021 23:06 PM
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La Academia Argentina de la Vid y del Vino reconoce el trabajo del ingeniero Ángel Gargiulo

La institución decidió brindarle un homenaje al especialista en agronomía, considerado uno de los mejores genetistas que dio la viticultura argentina.

El pasado 16 de marzo falleció el ingeniero agrónomo Angel Gargiulo, uno de los genetistas más destacados de la vitivinicultura argentina, por el manejo genético en el la cruzamiento de variedades de uvas, haciendo trascender a la Argentina en esta disciplina.

En un homenaje y reconocimiento, desde la Academia Argentina de la Vid y del Vino, Carlos Catania, vicepresidente Sección Viticultura, escribió unas palabras dedicadas al genetista que se desempeñó en la Estación Experimental Agropecuaria Rama Caída del INTA en San Rafael y fue el responsable de la creación de nuevas variedades de vid cuyas cualidades son reconocidas a nivel mundial.

A continuación el texto completo:

“En nombre de la Academia Argentina de la Vid y del Vino escribo esta nota de despedida del Ingeniero Agrónomo Angel Gargiulo (Angelino), con quien tuve el honor de participar en sus trabajos en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y del cual siempre mantuve una gran admiración.

Angel Gargiulo fue uno de los más prolíficos genetistas que ha dado nuestro país, y sus investigaciones, realizadas en la Estación Experimental Agropecuaria Rama Caída del INTA en San Rafael, lo llevaron a la creación de nuevas variedades de vid cuyas cualidades son reconocidas a nivel mundial.

Desde pequeño estuvo ligado a la vitivinicultura al lado de su padre, reconocido enólogo que trabajaba en la recordada Bodega Arizu de Villa Atuel. Siempre con la vid como objetivo, entró a la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Cuyo en el año 1952, y como alumno comenzó a trabajar, con el aporte que le brindaba Bodegas y Viñedos Arizu, en un tema que lo apasionaba: el mejoramiento genético de la vid.

Ya recibido, ingresó al INTA, donde con el tiempo fue Director del la Estación Experimental de San Rafael, lugar donde profundizó sus estudios, siguiendo la línea de investigación del doctor Harold Olmo reconocido genetista que trabajaba en la Universidad de California, Davis, USA y que había creado numerosas variedades, de las cuales una de las más populares fue la “Rubí Cabernet”.

A lo largo de décadas de trabajo (1960-1970) Angel Gargiulo mediante cruzamientos entre diferentes variedades creó numerosas nuevas variedades, para vinificar, para consumo en fresco y para pasas, siempre buscando que se adaptaran a la región cuyana. Un grande de nuestra viticultura que dejó un gran legado de cerca de 20 variedades, muchas de ellas de amplia difusión el día de hoy, que pueden hallarse en Argentina, Chile, Estados Unidos e Italia, y de las cuales recordamos las más difundidas.

Muchos de sus logros fueron cruzamientos, que incluían a Gibi un cepaje muy productivo, de racimos grandes con flores fisiológicamente femeninas, y Sultanina una uva apirénica (sin semilla) ambas de origen español.

Dentro del rango de uvas para vinificar son muy reconocidas las variedades Caberinta, que une los caracteres del Rubi Cabernet con una mayor producción producto de su unión con la variedad Gibi. También Rieslina, una uva blanca y productiva con la impronta sensorial del Riesling y donde participa Gibi y Sultanina.

Para la obtención de uvas para consumo en fresco utilizó mucho en sus cruzamientos la uva Moscatel rosada, una uva criolla de nuestra región, que dio origen a variedades como Patricia, una uva blanca de amplia difusión, sin semilla, productiva, de racimo grande y con los agradables aromas terpénicos de su progenitor, Aconcagua, de racimo gigante con más de 240 has cultivadas en nuestro país, Carina, de baya amarilla dorada y con gusto a damasco y Argentina, de textura crocante.

Pero muchas otras uvas para consumo en fresco podemos encontrar en los viñedos producto de la labor de Angel Gargiulo, como son Aurora, Alba, Emperatriz, Malvinas, Patagonia, Perlón y Serna; y nos sorprenderemos al degustarlas, cada una con un sabor distintivo, una verdadera paleta gustativa de origen vernáculo.

Dentro del rango de las uvas para pasa citamos la popular Moscatuel, una uva levemente rosada, apirénica y con gusto amoscatelado muy utilizada para pasas de uva, pero también apta para el consumo, Pasiga una uva negra muy gustosa, producto del cruzamiento de Alfonso Lavallée y Sultanina, y la renombrada Arizul, un cruzamiento entre GIbi y Sultanina con bayas de color amarillo, tal vez la variedad más difundida, con más de mil has implantadas en nuestro país.

La necesidad de comprobar rápidamente el comportamiento de cada una de sus variedades, lo llevó a una nueva y distinta creación: el injerto en “T” leñoso. Basado en el método de Snyder y Harmon creó un injerto fácil de ejecutar y de gran prendimiento, que se efectúa sobre madera de dos o más años generalmente sobre el tronco, asegurando así un rápido resultado. Tipo de injerto que actualmente goza de gran popularidad.

Creativo genetista, viticultor apasionado, Director dedicado, todo un sorprendente legado de Angel Gargiulo a nuestra industria vitivinícola, al cual la Academia Argentina de la Vid y del Vino rinde homenaje al momento de su partida”.

Fuente: losandes.com.ar

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