12 de diciembre de 2010 00:45 AM
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Prueban intersiembra de soja en maiz

La AER de Esperanza inició un ensayo, que esperan continuar por 5 o 5 campañas, para determinar una fórmula que haga económicamente viable incluir la gramínea en los esquemas de producción de grano de la región.

Dos objetivos impulsaron a los técnicos de la Agencia de Extensión Rural (AER)del INTA en Esperanza a iniciar un ensayo de intersiembra de soja sobre maíz: incorporar la gramínea al esquema de rotación en la producción de granos y evaluar posibles incrementos en los márgenes agrícolas en una misma campaña.El trabajo es uno de los pocos de su tipo en el país, ya que la mayoría de las experiencias se hacen combinando girasol y soja o soja y sorgo para ensilar; o bien intercalando soja y maíz pero en franjas y no por surcos como en este caso.La idea surgió luego de que los profesionales detectaran que, por tratarse de la cuenca lechera, los productores siembran maíz pero para ensilarlo, dejando muy poco rastrojo sobre el terreno; mientras que casi no se lo incorpora a la producción de granos por los altos costos y el elevado riesgo que representa para la empresa agropecuaria.El equipo que realiza el trabajo en Frank lo componen el titular de la AER, Mario Correnti, el ingeniero agrónomo referente de producción agrícola de la dependencia José Ramunno y la ingeniera zootecnista Salomé Guerra, quien se desempeña como becaria y cursa su maestría en extensión en la Facultad de Esperanza.El modoLos técnicos detallaron a Campolitoral los datos duros del ensayo que esperan repetir al menos durante 4 o 5 campañas para abarcar la variabilidad climática completa. Se trata de dos potreros de 10 hectáreas cada uno, con características de suelo serie Humbolt Pilar, menos profundos y anegables en algunos sectores, en los que se implantaron sojas GM VI y VIII y maíces RR y común ultraprecoz (con los respectivos testigos para la medición posterior).Las siembras se hicieron en directa con una sembradora de grano grueso convencional adaptada, con un distanciamiento entre surcos de 70 centímetros (queda a 35 entre uno y otro cultivo), en fecha óptima para los maíces (6 de septiembre) y un poco adelantada en soja (16 octubre) para no tener inconvenientes con la altura de los primeros.Las cosechas están programadas para enero, en el caso de los maíces ultraprecoces, y fines de febrero o principios de marzo para los RR; mientras que la soja GMVI hacia fines de marzo y la GMVIII sobre le final del mes siguiente. La recolección se realizará con cabezal triguero-sojero para no tener que modificar el cabezal maicero y la estrategia es pisar, con la trilladora, sobre el surco del maíz.Entre otras cuestiones, contrastarán los resultados con los rindes habituales para la zona, que en el caso del maíz promedia los 6.000 kilos (con topes de 12.000 en años favorables); mientras que en soja de primera alcanzan una media en el último quinquenio de 2.700 kilos (con mínimos en sequía de 800 y máximos en años húmedos de 4.200) y un rango de 2.200/2.300 kilos por hectárea para las de segunda.Por mejores suelos"Es muy baja la participación del maíz en los esquemas agrícolas de la zona y si no le damos al productor alguna alternativa para que haga un negocio parecido a la soja es muy difícil de aumentar esta superficie", resumió Ramunno a modo de orientación central del trabajo, tras afirmar que la gramínea es "fundamental para la sostenibilidad de los suelos".No incorporar el volumen de rastrojo que aporta el maíz impacta en el contenido de Materia Orgánica (MO) de los suelos y, por lo tanto, en la fertilidad. "Hay estudios y se conoce que una soja sembrada después de una gramínea de verano logra rindes por encima de una soja-soja", comentó Ramunno."Nosotros creemos que se abre una línea importante, no sólo para contribuir a la sostenibilidad de los suelos sino también a un probable plus de rentabilidad en los planteos agrícolas de la región", concluyó. 
"Es muy baja la participación del maíz en los esquemas agrícolas de la zona y si no le damos al productor alguna alternativa para que haga un negocio parecido a la soja es muy difícil de aumentar esta superficie", resumió Ramunno.  Tendencia saludable en alquileresEl ingeniero José Ramunno comentó que la baja participación del maíz en los esquemas de rotación se verifica tanto en campos propios como en arrendados, "salvo en aquellos contratos donde el dueño y el arrendador acuerdan que la gramínea de verano tiene que existir" (de lo contrario se hace soja de primera o trigo-soja de segunda)."Se busca que esos contratos tengan entre 3 y 5 años", precisó el profesional, ya que de ese modo el dueño puede corroborar cómo mejora el campo y que el arrendador tenga el tiempo necesario para una rotación adecuada.Por suerte, "va creciendo como tendencia" porque empiezan a conocerse los beneficios. "Se están dando cuenta -comentó- que al ingresar con la gramínea de verano con los años y al mejorar el suelo se notan los beneficios".

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