13 de diciembre de 2010 07:02 AM
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La polilla de la vid vuelve a alertar a productores locales

El insecto se extendió en Maipú, Guaymallén y Luján de Cuyo. Senasa, Iscamén e INTA piden que los viñateros de esos departamentos y que la población en general tomen conciencia sobre la plaga.

Una plaga que hace un año era desconocida en el país afecta, desde febrero último, a viñedos de la primera zona vitivinícola y amenaza con limitar las posibilidades de exportar productos del Norte de Mendoza. En primavera, la polilla de la uva (Lobesia botrana es su nombre científico) salió de sus pupas y volvió a volar para reproducirse en las fincas. Hoy, el insecto es el centro de atención en estudios y controles de sanidad agraria provinciales y nacionales.

A excepción de regiones europeas, la mayoría de los países están libres de Lobesia botrana y, por lo tanto, podrían poner barreras sanitarias a la uva en fresco que se cría en Maipú, Luján y Guaymallén, únicas zonas afectadas en todo el país.

Por eso, la ingeniera agrónoma Marcela González, especialista del INTA-Estación Experimental Agropecuaria Mendoza, la considera “la primera plaga cuarentenaria en vides locales”. Es decir, equivale a la mosca del Mediterráneo en los frutales o a la fiebre aftosa como enfermedad del ganado.

Además, la presencia de gusanos en los racimos (ver infograma de la página 5) permite el ingreso de hongos. “Si la bodega detecta hongos, pueden rechazar la producción”, alerta Guillermo Cortés, el coordinador general en Cuyo del Senasa. Sabores no deseados también haría perder prestigio a los vinos que elabora la primera zona de Mendoza.

“Por ahora no hay detección de Lobesia botrana fuera de Luján de Cuyo, Maipú y Guaymallén, con algunas fincas más complicadas que otras”, asegura Leandro Montané, el titular del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamén), que pertenece al Gobierno provincial. “Cruz de Piedra y sus alrededores es la zona donde se detectaron más insectos. A medida que nos alejamos, la cantidad disminuye”, completa Montané.

Historia de la plaga
El insecto adulto es una mariposa pequeña. Puede llegar a medir un centímetro con sus alas extendidas. Vuela apenas unos 100 metros. Por eso mismo, “el principal factor de dispersión de la lobesia es el hombre”, aclara González, del INTA.

Esta polilla tiene su origen en Europa. Hace dos años apareció en viñedos de Chile, trasladada (se supone) en cosechadoras mecánicas de uva. En el 2009, la misma Lobesia botrana fue descubierta en California, Estados Unidos. Y en febrero del 2010 apareció en Maipú, Mendoza.

Sólo se puede evitar su propagación controlando las acciones humanas.

Por esto mismo, en “carácter de urgente”, los productores que tengan vides en fincas o viveros de Maipú, Luján y Guaymallén deben aplicar productos agroquímicos contra esta polilla, de acuerdo con una reglamentación que emitió el 25 de noviembre el Senasa, el organismo estatal que establece normas para que la plaga no se expanda y, en lo posible, desaparezca del país.

A quienes tengan menos de 25 hectáreas les entregan los agroquímicos sin cargo (ver aparte).

El INTA recomienda usar feromonas (técnica de confusión sexual) o un producto de control biológico, basado en Bacillus thuringiensis. Estos tratamientos –explica la ingeniera González– son más caros, pero tienen menor impacto que otros, como los organofosforados y carbamatos, que matan a un amplio espectro de insectos, que incluye a algunos que traen beneficios a la vid, como avispitas, vaquitas de San Antonio o crisopas.

Controles en el límite
Para evitar que las personas lleven la plaga a otros oasis productivos, dentro o fuera de Mendoza, Iscamén y Senasa usan los puestos de control que ya tienen para impedir el traslado de leña, estacas, plantas de vid o uva desde la zona afectada.

En vista de la próxima vendimia, el Estado deberá controlar también el transporte de cajas, bines y carpas para camiones que las mismas bodegas y fincas suelen intercambiarse para transportar la uva. Quienes utilicen máquinas cosechadoras y lagares móviles deberán lavarlos y llevarlos a la ex bioplanta del Iscamén, en Kilómetro 8, para su desinfección, si pretenden sacarlos del área en cuarentena.

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