11 de abril de 2021 12:30 PM
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Grobocopatel: “Uruguay es reconocido por brindar seguridad a inversores”

Gustavo Grobocopatel, empresario argentino radicado en Uruguay, habló acerca de la producción de alimentos, el precio de los granos y los desafíos existentes. “Mitigar riesgos es la clave del futuro” aseguró, y dijo que no hay una grieta entre la gente del campo y la ciudad sino “un intenso debate de ideas”. Acerca de la integración comercial, expresó que si bien hay que repensar el Mercosur una “negociación regional con China sería fantástica”, al tiempo que “si lo hacemos de forma individual resolveríamos problemas de negocio particulares pero no cambiaríamos la estructura productiva de los países”

Hernán T. Zorrilla

-¿Por qué decidió venir a vivir a Uruguay?

-La decisión de venirme es de hace muchos años. Me hice una casa en Colonia y la idea era venirme los fines de semana, pero la pandemia aceleró los procesos. Encontré un lugar que tiene lo que buscaba: es tranquilo y está cerca de Argentina. Uruguay es como mi país también, yo trabajé durante 15 años acá. La idiosincrasia de la gente es parecida a la de la gente de la provincia de Buenos Aires. Es un lugar parecido a mi pueblo, a mi lugar, a mis amigos. No fue por especulación política o impositiva, fue por la forma de vida.

-¿Cómo viene trabajando actualmente el grupo Los Grobo?

-El grupo está trabajando casi con exclusividad en Argentina en este momento, luego de tener emprendimientos importantes de 2008 a 2015 en el Mercosur. Esto se debió a cuestiones estratégicas y de tiempos. En Argentina tenemos una empresa química que produce fitosanitarios y estamos dedicando mucho tiempo al crecimiento, sostenimiento y mejora de la calidad de la compañía. Con mi desplazamiento a Uruguay, dejé de tener actividad en el grupo. Hoy me dedico a la consultoría internacional para gobiernos, ONGs o empresas que se vinculan con agronegocios.
-Durante el desempeño de la empresa en nuestro país, estuvieron presentes en el momento del “boom de la soja”. Hoy los precios parecen acercarse. ¿Cuáles son los principales aprendizajes de esa época?

-Da la impresión que el “boom de la soja” fue algo pasajero y se debió solo a los precios.

-Lógicamente los precios ayudaron, pero todo tuvo que ver con un cambio en la forma de producir. Hubo un cambio en las estructuras y en las tecnologías que derivó en una real transformación del agro. Un cambio hasta cultural te diría. Hoy vemos en las zonas agrícolas de Uruguay los cambios que generó: las inversiones en plantas de silo, la infraestructura, los campos sembrados, la incorporación de siembra directa, el desarrollo de empresas. Los precios suben y bajan y eso va a seguir siendo así. La tendencia hoy es alcista básicamente porque la demanda continúa y al aumentar la misma debemos producir en zonas nuevas. Estas zonas nuevas pueden ser más caras y al aumentar los costos aumentan los precios. Los precios de los commodities tienden al costo de producción. Luego hay alteraciones por crisis en oferta, especulaciones o debilidad del dólar, pero la estructura de la demanda es fuerte y eso asegura que los precios sean sostenidos.

-La implementación del plan de uso y manejo de suelos marcó un cambio en la producción del país, ¿cómo lo ve?

-El productor naturalmente tiende a rotar con gramíneas porque le conviene: genera un mejor control de malezas, el cultivo que viene produce más y la cobertura es mejor. Es positivo. Antes de la revolución agrícola hubo un deterioro de los suelos en Uruguay, que desde ya tiene un ecosistema muy expuesto a la erosión hídrica. Lo que vi cuando vine es que la agricultura convencional y anteriores formas de ganadería degradaron los suelos. Con la incorporación de la siembra directa, las rotaciones y los cuidados pertinentes todo eso mejoró.

-Usted ha manifestado que el crecimiento de Los Grobo se aceleró cuando ingresaron capitales de afuera. Con la situación actual argentina, ¿es la forma de crecer?

-Hay distintas estrategias. Esa estrategia de incorporar socios no familiares al conjunto de accionistas permitió a la empresa crecer rápido. La familia ya hace tiempo que dejó de tener el control de la compañía. Hoy felizmente tenemos inversores de altísima calidad y con un gran compromiso con los agronegocios. Esto nos desafía constantemente a irnos adaptando y buscando estrategias para el crecimiento. Tenemos un escenario mundial turbulento, un escenario regional más aún y un escenario argentino mucho más turbulento.

-Mucho se ha hablado del cruce de opiniones de los presidentes de Uruguay y Argentina en la cumbre del Mercosur. ¿Qué opinión le merece el Mercosur?

-Creo que nuestros países no tienen un destino de éxito si no es como región. El Mercosur por sus particularidades y potencial tiene mucho que aportarle al mundo, y va a ser muy poderoso si lo hacemos juntos. Es la dinámica de la globalización. Además, no somos solamente socios, somos hermanos, y como hermanos estamos irremediablemente condenados a hacer cosas juntos. Hay que revisar la agenda y ajustar detalles, pero hay que seguir con el Mercosur. La agenda no debe ser perjudicial para ningún país en particular y debe articular las tensiones de los intereses nacionales y regionales. El entredicho fue una anécdota que muestra cuestiones pendientes y postergadas. En su momento, el Mercosur buscaba fortalecer el comercio intrarregional, pero hoy necesitamos expandirnos al mundo. Debemos potenciar exportaciones, facilitar flujos de capital y conocimiento tanto de entrada como de salida y accesibilizar los bienes y servicios. La integración debe ser sobre todo cultural, porque entendiendo el punto de vista del otro es más fácil. Entre los países nos admiramos tanto como nos recelamos, y esto se disuelve con una integración cultural que derrama en una integración económica más fuerte.

-Usted dice entonces que no sería lo mismo por ejemplo firmar un TLC con China de forma unilateral que hacerlo como región…

-Sin dudas. Una negociación regional con China sería fantástica porque somos regiones complementarias. Facilitaríamos el flujo de inversiones. Si lo hacemos de forma individual, resolveríamos problemas de negocio particulares pero no cambiaríamos la estructura productiva de los países. Hay que repensar el Mercosur y accionar rápido. Debemos negociar con China, pero también con otros mercados. Europa demanda productos de más valor agregado. África está creciendo y lo tenemos enfrente. India viene luego de China. El impacto de estas negociaciones, logrando empresas que inviertan acá y viceversa es brutal. Podríamos crear empresas multilatinas en el Mercosur: tienen que haber multinacionales en granos como tiene Estados Unidos o Europa. Es necesaria la reformulación del Mercosur al siglo XXI.

Aproximación “deportiva” al mercado de los granos…

-El valor actual de los granos aporta un panorama esperanzador, ¿piensa que estos precios pueden mantenerse?

-El productor tiene una aproximación deportiva al mercado de los granos. Piensa que hay que vender al mejor precio de todos, y eso nunca se sabe por la volatilidad. Hay que cambiar esa concepción por una mentalidad de cobertura de riesgos. Cuando el productor tiene rentabilidad tiene que usar herramientas de cobertura como los futuros y las soluciones. Para ello debe asesorarse, cubriendo precios a la baja y permitiendo aprovechar las subas. El mundo que se viene es muy volátil, no solo en los precios sino en el riesgo climático y político. Mitigar riesgos es la clave del futuro. La aproximación a los mercados no debe ser deportiva sino de gestiones de riesgos.

-Más allá de los vaivenes políticos de turno, Uruguay como país, ¿brinda seguridad a los inversores?

-Uruguay brinda seguridad a los inversores y eso es reconocido. Es una historia que tiene décadas y ha sido sostenida por gobiernos de izquierda y de derecha. Los desafíos de Uruguay hoy no pasan por ese aspecto, sino por una mejora en la competitividad. No es solo ser barato, porque lo barato y lo caro depende de lo que haya a cambio. Siempre bromeo a mis amigos uruguayos diciéndoles que tienen el “síndrome de la chiquitud”. Como Uruguay es chico piensan que no se puede hacer mucho, pero hay enormes ejemplos en el mundo de países aún más chicos con un gran desarrollo dentro y fuera de sus fronteras. Uruguay debe pensar más allá.

-Los países productores de alimentos, ¿se vieron beneficiados en términos comerciales por la pandemia existente?

-Estamos viendo que sí. La pandemia fortaleció entre comillas a los países productores de alimentos. De todos modos, tenemos que empezar a ver que la producción de alimentos es fruto de un ecosistema mucho más complejo que el productor agrícola. Hoy convergen productores de software, maquinaria agrícola, productos químicos, servicios y mucho más. Este desarrollo implica el desarrollo social. El rubro agropecuario es competitivo, entonces sirve como entrenamiento para que esos mismos actores sean luego competitivos en otros sectores y de esta forma mejora al país en su conjunto. La industria de la madera revirtió la situación de pobreza en Finlandia y lo hizo crecer mucho, poniéndolo como ejemplo. Son lindos casos para mirar. Vivimos en tiempos que no requieren tanto de una estrategia sino de repensar la misma continuamente. No es suficiente pensar de acá a 5 años, hay que hacerlo de acá a 5 días e ir revisando permanentemente la situación. Esto puede diferenciar a Uruguay de otros países.

-Centrándonos ya en los cultivos, se escucha decir que el maíz es “la nueva soja”. ¿Qué piensa de esta afirmación?

-Tiene varias lecturas, porque no hay maíz sin soja ni soja sin maíz. Son complementarios. Pienso que tu comentario se refiere a la demanda de China por el maíz. China ha sido una aspiradora de soja a nivel mundial, pero hoy también lo es de maíz. Esto permite el crecimiento del cultivo y es bueno. Son productos complementarios que favorecen las rotaciones.

-Hoy Uruguay tiene un abanico de opciones en producciones bien interesante, con presencia de cultivos de invierno, cultivos de verano, ganadería, forestación, etc. ¿Cómo analiza esta expansión?

-Es positivo. Los cultivos de invierno son fundamentales para mantener una cobertura lo más verde posible del suelo de forma permanente. Hay una transformación tecnológica que tiene que ver con rotaciones intensas, siembra directa, implementación de agricultura de precisión y convergencia tecnológica. A esto sumamos la robotización, la nanotecnología y la inteligencia artificial. Los mejores ingenieros agrónomos tienen que estar en Uruguay, porque es la agricultura más difícil. Los suelos son mosaicos distintos. Estas tecnologías que integran herramientas y opciones son fundamentales para la variabilidad y complejidad que tiene el país.

-¿Cuáles ve que son los principales desafíos de futuro del Uruguay productivo?

-Pienso que hay 3 principales: la convergencia de tecnología con el rubro, el cuidado del impacto sobre el medio ambiente y la integración del campo con la sociedad. A esto debemos añadir la transformación productiva, el alargamiento de las cadenas de valor y la diversificación de la matriz exportadora. El campo es parte de un movimiento de transformación social.

“El campo es parte de la solución de problemas…”

-A veces se entiende que hay una grieta social y de entendimiento entre la gente del campo y la de la ciudad. ¿Piensa que eso es así?

-Pienso que hay un intenso debate de ideas, no una grieta. Ni en Argentina ni en Uruguay. Todo forma parte de un debate que parece raro porque el campo es parte de la solución de los problemas. Hace falta una conversación tranquila, que no sea a los gritos para ver quién tiene la razón. Cuando esto suceda y todos ubiquemos las energías para el mismo lado vamos a ver que esa grieta no es real, es autoimpuesta. La salvación no es del campo, ni de la soja ni de determinado partido político. Todo requiere de mayorías y consensos.

Fuente: El Pais

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