20 de abril de 2021 14:00 PM
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Consumo: ¿Se está comiendo menos pan y pastas?

Es una de las hipótesis, a partir de la caída en las compras de trigo pan y en la molienda por parte de la industria molinera.

Transcurrido el primer trimestre de la campaña 2020/21, que va de diciembre 2020 a febrero 2021 inclusive, los datos oficiales de molienda de trigo pan arrojan un acumulado de 1.258.357 toneladas de cereal procesadas. Este volumen es el más bajo para el mismo período desde la campaña 2015/16, cuando en medio de una fuerte caída productiva, la disponibilidad de trigo en argentina fue la más baja en los últimos 7 años, apenas 11,4 millones de toneladas, muy por detrás de los 17 Mt. Recordemos que en aquella oportunidad (2015/16) el área sembrada había caído por debajo de los 4 millones de hectáreas en tanto que el rinde promedio a nivel nacional no llegó a superar los 30 quintales, cifras realmente desalentadoras. 

Mirando la actual ciclo, la caída más pronunciada se observa en el mes de diciembre de 2020, primer mes del nuevo año comercial, cuando se procesaron menos de 390.000 toneladas, el volumen más bajo para el mismo mes desde diciembre de 2013. En enero 2021 la molienda de trigo pan, con 440.311 toneladas, resultó en tanto la menor desde enero de 2017 en tanto que las 428.351 toneladas de febrero quedaron por debajo de las 474.365 toneladas de febrero 2020 pero por encima de las 423.136 toneladas de febrero 2019.

Pese a que se sabe que el consumo de harina es relativamente inelástico en Argentina, con su evolución más atada al crecimiento poblacional que a variaciones en el patrón de consumo o a menores exportaciones, se estima para el presente ciclo un uso molinero total para la campaña de 6 millones de toneladas. Esta cifra estaría un 2% o 132.000 toneladas por detrás del año anterior. 

Con esta estimación, la molienda a febrero representa el 21% del uso total molinero del año, el porcentaje más bajo de toda la serie que comienza en la campaña 1999/00. Otro dato ciertamente muy significativo. Esta caída en el uso industrial total que informa MAGyP resulta llamativa en un año como el actual donde el precio de otros componentes claves de la canasta alimentaria han sufrido incrementos más significativos que el pan o las pastas. Lo veremos seguidamente. 

Según reporta MAGyP, la molinería había adquirido para dicha fecha 1,68 millones de toneladas de trigo, nuevamente, el tonelaje más bajo desde la campaña 2015/16, un 14% por detrás de las compras totales del sector para la misma altura de 2020 y un 9% por debajo del promedio de los últimos cinco años.  

Breves conclusiones: 

Los indicadores citados, en cualquier mercado normal, daría para pensar que se podrían haber estado evidenciando algunos de estos factores que se mencionan seguidamente:  

  1. a)    La caída en las compras de trigo pan y en la molienda por parte de la industria molinera podría hacer presuponer la existencia de un menor consumo coyuntural de productos panificados y pastas en el período considerado. Este factor -que puede darse en cualquier industria de la alimentación, donde a menor consumo del alimento (producto final) se genera una menor demanda de su materia prima-, difícilmente se ha registrado en la molinería de trigo en el período considerado (Diciembre 2020 y enero-febrero 2021) debido a que:  
  •   En el marco de una alta inflación de alimentos, los precios de la harina no aumentaron de manera significativa en esos meses, con lo cual su impacto en el precio del pan/pastas secas y en el salario real ha sido mínimo.  En efecto, si miramos los datos difundidos por el INDEC a febrero 2021, dentro del rubro alimentos la variación interanual del sub-rubro “Pan y cereales” para el Gran Buenos Aires del 26% ha quedado por debajo de la variación general de la canasta alimentaria (42,3%) al tiempo que resulta significativamente menor al aumento de otro tipo de bienes tales como “Carnes y derivados” (59,1%), “Frutas” (93,5%) y “Verduras y tubérculos” (58,5%), por lo que difícilmente pueda pensarse en un efecto sustitución hacia otro tipo de consumos. 

Los registros de INDEC muestran que debería haberse presentado la situación contraria, es decir debería haber aumentado el consumo de pan y pastas debido a los fuertes aumentos registrados en el resto de los alimentos (caso carnes), que implica para muchas familias una mayor sustitución de otros alimentos caros por pan, productos panificados o pastas secas, especialmente en familias de bajos recursos. 

  •   La fuerte inelasticidad que presenta habitualmente la demanda de pan y pastas en las dietas alimentarias argentinas. Coexisten una baja elasticidad precio con una baja elasticidad ingreso. 
  1. b)    La mencionada caída en las compras de trigo pan por parte de la industria podrían sugerir la existencia de algún remanente de stock de trigo y/o harina de trigo de los meses precedentes que podrían haber generado menores compras de trigo en estos primeros meses de la campaña actual y, por ende, una menor molienda. Los que conocen la realidad del sector saben que este factor no se verifica en la molinería de trigo en nuestro país, que opera con mínimos stocks. 
  2. c)    Alguien podría sugerir que podría estar presentándose algún cambio estructural en la industria y la actividad de la molinería que haya generado menores compras y actividad en los primeros meses del año. Sin embargo, ninguna información del sector ni de sus operadores muestra una situación de esta naturaleza. No ha habido ni ingreso o salida de nuevos productores, ni nuevas inversiones de consideración ni cambios tecnológicos en la Industria que pudieran haberlo generado. 
  3. d)    ¿Un aumento posible de la informalidad? Sí ese fuera el caso, hay que recordar que este es un factor que perjudica fuertemente a la Industria molinera institucionalizada que opera en un marco de total formalidad, esencialmente debido a los exiguos márgenes brutos de utilidad con los que  opera el sector. En ese sentido, debe señalarse el importante esfuerzo conjunto que realizó en los últimos años la industria molinera a la par del Estado nacional para desarrollar una herramienta -costeada por la propia industria- que permitiera contrarrestar la creciente informalidad, lo cual se logró con la instalación obligatoria del CEMT (Controlador Electrónico de la Molienda de Trigo) en todas las plantas industriales. Dado que el Controlador Electrónico necesita de efectivos controles cruzados por parte del Estado, se desconoce en el sector si producto de la pandemia la intensidad de estos controles se han mantenido en forma persistente y constante en el tiempo; lo que sí existe es una fuerte preocupación para asegurar que ello ocurra, ya que la evasión y la competencia desleal perjudican fuertemente la actividad, máxime teniendo en cuenta que la harina de trigo se encuentra sujeta también a precios controlados, a fin de colaborar con el Gobierno y la población en general en la tarea de mantener el precio de los productos panificados en niveles acordes a los ingresos de la población de menores recursos.  Fuente: BCR
Fuente: ON24

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