24 de abril de 2021 20:00 PM
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SÁBALOS Y PACÚES DE LA INCUBADORA AL PLATO

Una empresa santafesina dedicada a la exportación de pescado decidió probar con la producción en cautiverio. Montaron un esquema de "ciclo completo" en el que producen sus propios alevines y luego los recrían y engordan en la zona arrocera de la provincia

Juan Manuel Fernández

Con la pasión por delante, mientras espera saber si será económicamente viable, Alvaro Luna Porta, titular de Pesquera Coronda SA, inició un proyecto inédito en la provincia que consiste en un planteo de “ciclo completo” en producción piscícola.

“Acuicultura Yatay”, a diferencia de los últimos intentos de darle impulso a esta actividad que hizo la provincia en base al engorde de peces juveniles en jaulas sobre el río, integra todos los procesos: en su propio laboratorio insemina reproductores y produce los alevines, que luego se criarán y engordarán en estanques similares a lotes de arroz. La iniciativa, aún en etapa experimental, tiene otras innovaciones: suma el sábalo al tradicional (y más probado) pacú, mientras analiza probar con la boga; e incorpora “forraje acuático” con la siembra de especies vegetales “laguneras” para el “pastoreo” en la primera etapa del desarrollo de los peces en los estanques.

“Es todo nuevo, todo desafío”, sintetizó el empresario a Campolitoral, ya que el proyecto se encuentra en plena etapa de prueba, por lo que sabrá si funciona o no recién con la primera cosecha a fin de año.

Diseñado y coordinado por el biólogo Ricardo Roselló, el plan nació de las pruebas realizadas junto a los técnicos de INTA Angel Gallardo y apunta a aprovechar la capacidad instalada de la empresa, así como los clientes en el exterior para colocar la producción. En Victoria, Entre Ríos, donde cuenta con un frigorífico, instalaron el laboratorio de inseminación e incubación que “permite la independencia y el manejo absoluto del proyecto”; mientras en Colonia Yatay, unos 50km al norte de la ciudad de San Javier (Santa Fe), montó -desde cero- 8 estanques de 2 hectáreas cada uno que conforman un módulo de 16 hectáreas abastecidos de agua de río por valetones y con “canales de pesca” intermedios donde se realizará la cosecha.

Los pequeños pececitos se liberan en el estanque donde realizarán todo el ciclo hasta alcanzar el peso de faena.

Primeros pasos

Con más de 20 años de experiencia en exportación de pescados y mariscos, la idea surgió en esta empresa familiar hace unos años cuando detectaron que había más demanda de pescado de agua dulce que la oferta existente. Así comenzaron un proyecto con INTA Angel Gallardo para explorar especies adaptables a las condiciones ambientales de la zona. Luego Roselló pensó la modalidad de estanques en los que se siembran alevines, que hasta los 60 o 90 días se alimentan de los recursos que generan las “pasturas” y luego con alimento balanceado (que también aspiran a producir ellos).

Luna Porta explicó que por el momento la iniciativa tiene un alto costo financiero, ya que se arrendó y sistematizó -obra civil mediante- el terreno, que eligieron en zona arrocera para abastecerse de agua desde el río. Incluso estimó que, con la actual escala, está lejos de la sustentabilidad económica. “Las 16 hectáreas no alcanzan un punto de equilibrio, que estaría en unas 30 hectáreas con una productividad de 90 toneladas en total”, analizó. La lógica de comenzar por debajo del “rinde de indiferencia” es “no perder tanto si fracasa”. De todas formas, ya piensa en sistematizar 20 hectáreas más; en forma progresiva, “sobre todo por el manejo porque faltaría personal capacitado”. Hoy cuenta con 4 personas para atender el módulo, donde se sembraron peces con una densidad de 2000/2500 animales por hectárea y la expectativa de cosechar 3000 kilos en cada una entre diciembre y febrero. “Es todo experiencia y hasta que no se coseche no se sabrá cuán exitoso fue el sistema”, aclaró.

Diseño propio

Los estanques tienen metro y medio de profundidad. “Cuando se va a trabajar la pesca se desciende el nivel y el animal queda en el canal aledaño, que tiene unos dos metros de ancho”, explicó sobre el diseño de Roselló.

En las pruebas del INTA el sábalo mostró buena receptividad al alimento balanceado y “ahora que lo llevamos a escala creo que va a ser más beneficioso por el tamaño de los estanques”.

En la gestión del módulo, dijo, “lo más importante es la alimentación: en densidad apropiada y con días apropiados, por ejemplo con lluvia le hace mal alimentarse al animal porque tiene menos oxígeno”. También es importante el mantenimiento: cuidar los niveles del agua, de llenado y desagote. “Estamos muy contentos con el equipo de trabajo, porque si bien la experiencia es poca la motivación es mucha”, indicó el titular de la firma.

Sobre las dificultades que presenta el sistema, la primera es el riesgo de que entren depredadores en el agua que se bombea desde el río. “Pero eso se manejó con malla en los distintos caños”. En cambio los pájaros, en general, no son un problema por la dimensión del planteo. “Pero sí los biguá, que se zambullen y pescan; pero los estamos ahuyentando con espantapájaros y con la gente”.

Los estanques son grandes lotes de 2 hectáreas cada uno con cada uno con canales de pesca circundantes.

Pasar el invierno

El trabajo se inició con la adquisición de reproductores de pacú en Las Tocas y Misiones. En el laboratorio se montó la estructura necesaria (filtrado, agua caliente, etc) para inducir la fecundación y el desarrollo de larvas a alevines. “Algo que no es menor: dependemos de la naturaleza”, indicó Porta Luna, y no se puede producir todo el año, ya que el reproductor tiene que estar apto tanto de óvulo como de esperma. “Eso es lo que el biólogo va supervisando cuando arranca la temporada de verano”, indicó. Y precisó que se induce la fecundación en laboratorio y luego de 30 días las crías se trasladan en tanques especiales con oxígeno a los estanques mayores. “No hacemos una recría en estanques menores; se hace todo el ciclo en el mismo donde después se cosecha”, remarcó.

A diferencia del proyecto de jaulas de la provincia, donde el animal ingresa para “engorde” con un peso aproximado de 200 gramos, “nosotros entramos con animales de 6 gramos”, explicó. El riesgo en los estanques es atravesar el invierno, etapa en que el pez no crece. El éxito dependerá del nivel de frío de la temporada y el estado en el que se encuentren los peces. “Hay animales que son más resistentes que otros, se cree que si están en buen estado van a ser más resistentes; es todo experiencia”, comentó el titular de Pesquera Coronda SA.

Mercado exterior

La siembra de peces se hizo escalonada en diciembre y en enero. La primera evaluación demostró que los sábalos en 70 días rozaban 120 gramos y los pacúes 110 gramos. “Son muestras que no llegan a ser representativas del total, va a haber animales con más y menos kilaje”, aclaró el empresario. De todas formas son resultados muy alentadores, pero aclaró: “en piscicultura no está nada dicho hasta que se coseche”. La próxima medición se hará en septiembre.

El ciclo en el sábalo está planificado a 12 meses, para cosecharlo con 600 gramos; y el pacú se extraería con 1,100 kilogramos en 14 meses. Son los tiempos y la medida que surgió de los cálculos que conjugaron requerimientos de la demanda (tamaño de la pieza) con la mayor eficiencia de la producción en la zona.

Ambas especies se despinarán y se colocarán en el exterior entre los clientes consolidados de la firma. Si el sistema marcha, luego avanzarían con el pacú en el mercado doméstico. En el caso del sábalo, ese tamaño responde a un nicho en el extranjero “no muy amplio pero aceptable”. En cambio para consumo doméstico -donde se consume con mayor peso- no sería rentable el sistema, ya que requeriría dos ciclos anuales y no competiría en precio con los de la pesca. En Colombia cuentan con la mayor cantidad de clientes, que “ayudaron a realizar el mercadeo y analizar la viabilidad; además está el compromiso de comprar y que el proyecto crezca”.

Fuente: El Litoral

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