28 de abril de 2021 13:01 PM
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El mayor control a las carnes derrumbó el precio de la vaca, pero no incide en el mercado interno

Según un análisis del Rosgan, una de las categorías más demandadas para la exportación redujo 13% su valor en Liniers. Pero es un tipo de animal que no se consume a nivel doméstico.

El mercado ganadero de Rosario (Rosgan) dedicó su informe de coyuntura semanal a analizar los posibles impactos que pueden tener, a corto, mediano y largo plazo, las medidas implementadas por el Gobierno para incrementar el control sobre el mercado de las carnes.

La semana pasada, hubo tres resoluciones con incidencia en esta cadena: la obligación de que empresas que exporten a través de terceros se inscriban en un nuevo registro de exportadores, la creación de la Declaración Jurada de Operaciones de Exportación de Carne (DJEC) y la obligación de que, a partir del 1° de enero de 2022, se elimine la media res y la carne mayorista se comercialice como máximo en trozos de 32 kilos.

Desde el Rosgan coinciden con la mirada de otros operadores y cámaras sectoriales: estas medidas tienen un costado positivo, que es contribuir a ordenar y transparentar la actividad en un sector donde había actores que venían denunciando prácticas que atentan contra la competencia leal.

Sin embargo, el riesgo es la discrecionalidad, con el antecedente de los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) que rigieron entre 2006 y 2015 y derivaron en exportaciones que cayeron a menos de 200 mil toneladas anuales, el cierre de cientos de plantas frigoríficas y la pérdida de 10 millones de cabezas del stock ganadero de las que, al día de hoy, apenas se ha recuperado menos de la mitad.

“La duda pasa por saber cómo se implementarán estos controles y cuál es la verdadera finalidad que persigue este nuevo registro para los exportadores de carnes. Está claro que una vez armado el mecanismo de control, todo queda sujeto al verdadero objetivo de quien lo administre”, señala el Rosgan.

CORTO PLAZO

Según el mercado rosarino, el primer efecto que se vio en el mercado la semana pasada fue la retracción de parte de la demanda; en principio, de aquellos operadores que precisamente no tienen sus cuentas muy claras y, ante la amenaza de un control más estricto, optan por retirarse al menos temporalmente- del negocio.

“Esta menor demanda se vio claramente reflejada durante la última semana en el derrumbe de los precios de la vaca, mercadería orientada casi exclusivamente al canal exportador, con destino a China. En efecto, el valor promedio de la vaca, en todas sus categorías, cayó durante la última semana un 13 por ciento en el Mercado de Liniers”, remarca el Rosgan en su análisis semanal.

Y continúa: “Este tipo de mercadería no es la que habitualmente consumimos los argentinos; por lo cual, una caída en los precios de la vaca no debería generar efecto alguno -al menos de manera directa- sobre los precios al mostrador, aunque indefectiblemente redundará en un menor ingreso para el productor, en uno de los momentos de mayor salida estacional de este tipo de hacienda”.

MEDIANO PLAZO

Para el Rosgan, en el mediano plazo es donde podrían llegar a verse algunas consecuencias temporales de mayor oferta de hacienda canalizada hacia el mercado interno, con una consecuente moderación de los precios.

“Concretamente, la incertidumbre generada en torno al negocio exportador, podría llegar a desincentivar las invernadas largas tendientes a producir novillos pesados y, al limitar los riesgos a través de ciclos más cortos, obtener mayor cantidad de novillitos livianos aptos para consumo doméstico”, menciona el Rosgan.

De todos modos, el mercado rosarino destaca que lo único que va a lograrse es un “efecto de frazada corta”, traducido en mayor oferta hoy a expensas de menor producción futura.

LARGO PLAZO

“Esto también es historia conocida. El resultado es mayor faena de animales jóvenes, menor producción y reducción de la oferta total de carnes que, a la larga, se termina trasladándose a precio”, añade el informe.

Asimismo, sostiene que hay otros factores negativos que inciden en el largo plazo. Por ejemplo, que en un mercado intervenido no existen reglas claras, no existe previsibilidad, algo esencial para toda actividad, pero en especial para la ganadería cuyos ciclos productivos involucran varios años hasta poder monetizar el producto final.

“En ganadería, la desinversión de hoy se reflejará en resultados recién a partir de los dos años. Del mismo modo que una corrección, demandará igual lapso en verse plasmada. Sin duda alguna la política continúa moviéndose en la inmediatez mientras que los ojos del productor siguen mirando el horizonte, allí donde verdaderamente se expresan los frutos del esfuerzo diario. Es quizás en ese desencuentro de miradas donde se esconde la mayor grieta que existe entre la política y la producción”, concluye el Rosgan.

Fuente: AgroVoz

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