17 de diciembre de 2010 19:07 PM
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Demanda y oferta fatigadas

La oferta no puede caer más y la demanda no puede pagar mejor. Hay una oferta récord de pollo.

Hay un equilibrio muy tenso entre una oferta extraordinariamente reducida y una demanda que da señales de agotamiento. Después de cinco años en que la oferta de carne vacuna ha oscilado entre 250 mil y 310 mil toneladas mensuales, la disponibilidad ahora apenas a 200 mil toneladas al mes.Con exportaciones en sus mínimos históricos (15-20 mil toneladas por mes) y un consumo que no pasa de los 53 kilos por habitante, la situación se asemeja a la de dos boxeadores exhaustos que, al final de la pelea, apenas se tienen en pie y no pueden forzar la caída del otro.La oferta no puede caer más y la demanda no puede pagar mejor. El consumo, que desde hace unos 40 días está mostrando claras señales de fatiga, después de un año en que el precio al mostrador ha subido casi 100 por ciento, no parece ahora dispuesto a reconocer nuevos aumentos.Ya se ha acumulado un importante volumen de carne en cámara, producto de la caída de las ventas, y frigoríficos y supermercados, alentados o presionados por el Gobierno para llegar a las Fiestas con carne en stock , hoy ven una caída en sus ventas y en algunos casos hasta están reduciendo las faenas.Tanto frigoríficos de consumo como matarifes, abastecedores y supermercados están con márgenes muy ajustados y presionan a la baja sobre los precios de la hacienda. Hay una oferta récord de pollo y para este fin de año se calcula que el consumo avícola, por primera vez en la historia, será el 80 por ciento del de la carne vacuna.La exportación, mientras tanto, vuelca volúmenes cada vez mayores de cortes al consumo, por fuera de los 13 populares y de la “barata”, porque los precios que paga el mercado local superan claramente los que ofrece la mayor parte de los destinos externos.El valor mayorista, medido a través del tipo de cambio efectivo, alcanza los 4,50 dólares por kilo en gancho, 28 por ciento por encima del mercado estadounidense e incluso 13 por ciento sobre las cotizaciones mayoristas de la carne en Europa.La exportación minimiza pérdidas e incluso en algunos casos se acerca a los niveles de equilibrio al vender la mayor parte de la carne faenada al mercado local, que convalida los altos precios que se están pagando por la hacienda.El problema, entonces, ya no es la oferta, que ha caído casi 30 por ciento con respecto al año pasado. El problema actual es que la demanda del consumo interno está marcando un límite para lo que está dispuesta a pagar. Hace ya semanas que esta fatiga de la demanda se está observando también en otros productos de consumo masivo.Una inflación de 1,5 ó dos por ciento mensual parece en el corto plazo una droga que no hace daño, pero en el mediano y largo plazo termina erosionando inexorablemente los ingresos y reduciendo la demanda de los bienes de consumo masivo.En el mercado de invernada, donde el precio del ternero hace unas pocas semanas llegó insólitamente a cotizar 45 a 50 por ciento por encima del valor del gordo, la caída de las cotizaciones es más marcada que en el del gordo.Sea por las expectativas alcistas que generan los remates por televisión o por la demanda de invernadores pastoriles, o la derivada de la repoblación de las islas del Paraná, lo cierto es que el ternero llegó esta primavera a tres dólares por kilo, muy por encima de todos las naciones ganaderas competidoras y hasta 40 por ciento sobre Uruguay, país que ahora sí estaría en condiciones de vender invernada a la Argentina.  AGROMEAT

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