20 de diciembre de 2010 07:54 AM
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Las alarmas que enciende un TLC con Corea

Existe un gran consenso sobre la importancia de la apertura económica como parte de la irreversible tendencia a la globalización, en donde cada país debe aprovechar de la mejor manera sus ventajas comparativas.

Por eso hay unanimidad sobre las bondades de los TLC (Tratados de Libre Comercio) que Colombia negoció con Estados Unidos y la Unión Europea, pero esto no significa que todos los TLC sean convenientes per se.

Llama la atención que un país abierto al comercio exterior como México, que ha firmado 34 TLC con diferentes países, haya descartado en tres ocasiones la petición de Corea para firmar un TLC. Es una motivación estratégica: a cambio de desgravarle su mercado a los productos coreanos, principalmente electrodomésticos y vehículos, México afectaría la viabilidad de su estrategia industrial consistente en ser una plataforma exportadora de productos industriales a su gran mercado vecino de los Estados Unidos.

Colombia debe analizar con detenimiento la experiencia mexicana, al igual que la de Brasil, otro país que se proyecta como potencia mundial y que tampoco ha negociado un TLC con Corea, muy seguramente por no encontrar beneficios reales de ese intercambio comercial, que en primera instancia debe ser en doble vía. Nuestro país tiene una industria formada a lo largo de décadas con importantes plantas en el sector automotor, electrodoméstico y textil, que en 2007 demostraron que el país también puede ser una plataforma industrial de exportación.

La industria automotriz colombiana en particular tiene oportunidades competitivas para consolidarse como un sector de clase mundial; por supuesto, con una política industrial, dará un salto de ensamblador a productor, y de esta forma exportará a sus socios naturales: Comunidad Andina, Centroamérica, Brasil y México. En la actualidad, es cierto que no podemos aspirar a alcanzar las dimensiones de los dos grandes protagonistas industriales de la Región, pero Colombia ha demostrado que tiene las condiciones geográficas, los recursos naturales, el mercado interno y una mano de obra calificada, para ser parte del engranaje industrial del mundo.

Tener una industria proyectada al futuro con inversiones en nuevas tecnologías, como la realizada recientemente por Haceb de US$35 millones en su planta de Medellín o la anunciada por GM Colmotores de US$200 millones para su planta en Bogotá, que permitirá un gran salto tecnológico y de innovación industrial en procesos de fabricación de autopartes, son ejemplos de las oportunidades que se pueden aprovechar para afianzar el empleo y desarrollo profesional para Colombia.

La mayoría de los países con economías desarrolladas como Estados Unidos, Europa, Japón y Corea, son grandes exportadores de vehículos. También hay muchos países emergentes que exportan carros con buen desempeño económico como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero es importante derrumbar algunos mitos y comprender que los países de tamaño pequeño o mediano como es el caso de Sudáfrica, Malasia, Tailandia o Colombia, pueden desarrollar una política automotriz sólida sin perder eficiencia en los aspectos energéticos, ambientales o económicos. Ningún país ha alcanzado el desarrollo sin una infraestructura industrial significativa, y es excepcional el país industrializado que no cuente con una industria automotriz robusta.

Chile escogió un camino diferente mediante el cual decidió no tener una importante base industrial y por eso importa todos sus vehículos y la mayoría de los productos industriales que consume. Su economía se ha enfocado en las actividades comerciales y la exportación de materias primas como el cobre y productos agrícolas. Chile firmó un TLC con Corea y después de seis años su gran exportación a ese país asiático sigue siendo el cobre, pero se lamentan de no haber podido exportar una libra de carne o una ciruela por restricciones fitosanitarias.

Lo que está en juego para Colombia frente a un eventual TLC con Corea, no es la protección de algunas actividades industriales, sino la posibilidad de continuar siendo una plataforma exportadora de productos a nivel regional. En ausencia de una política industrial clara en ese sentido, como país, corremos el riesgo de que las inversiones, el empleo y la innovación se desplacen a países como Ecuador en detrimento de nuestro aparato productivo.

Una alternativa que puede explorar el Gobierno es invitar a los industriales coreanos para que fabriquen en Colombia y así desplegar su competitividad en igualdad de condiciones con las empresas industriales que operan en nuestro país

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