7 de mayo de 2021 12:04 PM
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Jorge y María Cecilia unen a Rawson y Gaiman a través de la producción de miel

Hace cuatro años, Jorge Lopardo, médico veterinario, decidió incursionar en una actividad productiva que siempre le atrajo: la apicultura. Junto a su esposa María Cecilia Lodona, directora del Jardín de Infantes 404 de Rawson, comenzó a incursionar en el mundo de los panales, abejas, flores y miel.

Jorge se capacitó, aprendió y se sumó como socio a la Asociación de Apicultores del Valle Inferior del Río Chubut, con sede en Gaiman, y hoy es un productor de miel de abejas que la comercializa en la zona y a través de las redes sociales. Además, capacitó a 10 futuros productores de Rawson que recibirán sus certificados el próximo 15 de mayo y que han desarrollado sus prácticas en el mismo espacio de la Asociación.

Unidos todos por la producción de miel, integrando a dos localidades para poder producir y generar trabajo. Con el sello y etiqueta de la Asociación (ApaVirCh), en un pintoresco envase repleto de colores y sabores dorados, que luce un sombrerito y un palito mielero; así sale la miel producida por los rawsenses.
Se puede encontrar y comprar en la Página «Había una vez» o solicitarlas vía telefónica al (280) 15 458-4875.

EL SERVICIO DE LA APAVIRCH

Lopardo, en diálogo con EL CHUBUT, destacó el trabajo de la Asociación y del presidente de la entidad, José Rees. La misma cuenta hoy con 25 socios.
«La entidad es sin fines de lucro que congrega a apicultores y ofrece como servicio una sala de extracción habilitada por Bromatología Provincial. Al ser socio, abonamos un canon de acuerdo a la producción que vamos teniendo para los gastos de mantenimiento y de servicios. Eso nos permite tener la etiqueta a nombre de ApaVirCh que todos tenemos. Si el día de mañana yo tendría una etiqueta propia puedo utilizar la sala, pero debo gestionar ante Bromatología para tener mi propia etiqueta».

HACE CUATRO AÑOS

«Siempre me interesó la apicultura, desde que era chico y nunca pude hacerlo. Hasta que hace cuatro años comencé con los cursos que dictaba el Inta, todos los cursos de apicultura: una entidad prestigiosa y de trayectoria. Empezamos el curso, y una vez que pasamos la primera temporada de abejas me empezó a gustar y decidí emprender», dijo.
Entonces comenzó a aprender más, a profundizar sus conocimientos, a estrechar lazos, a mantener contacto con otros productores, antiguos y nuevos, de la Asociación: «Y así empecé a trabajar, a crecer y a expandirme. No sólo empecé a trabajar sino a conocer todo lo que la apicultura ofrece».
María Cecilia sumó a su profesión de docente la pasión por la apicultura; acompañando a su marido hoy también se encarga del trabajo en apiarios y panales: «Fui interiorizándome de manera virtual sobre la producción de miel, y aprendiendo en la chacra, practicando. Una experiencia hermosa».
Se aprende rápido, dijeron, y enseguida se puede empezar a producir. «Hay productores que no están registrados, que tienen sus propias colmenas, y producen para consumo propio o para vender a menor escala.
«Y hay otros productos que venden a mayor volumen y manejan otro equipamiento. Por eso, uno se va capacitando y ver hasta donde se puede llegar», dijo Lopardo, para señalar que en la apicultura todo depende del tiempo, dinero con el que se disponga y «flores».

TEMPORADA DE PRODUCCION

La temporada más productiva para un apicultor es la misma en la que la abeja comienza a trabajar, entre setiembre y marzo.
Después llega la temporada de venta y «comenzamos a llegar a distintos lugares, amigos, conocidos y se llega a nichos en los que no se ha llegado. La poca producción que tenemos, ya que tenemos 40 colmenas, se comercializa bien».
Porque «es un producto que no tiene agregados de sustancias, no tiene proceso tecnológico que altere el producto, y por eso es requerido. Si los volúmenes se nos empiezan a incrementar, hay que pensar en enviar a otra provincia, o exportar».
La miel, su consistencia, sus colores, sus aromas, dependerá del trabajo de las abejas en las flores «y varía, dependiendo la cantidad de flores, va a hacer un pico. En noviembre o diciembre hay mucha pastura como jarilla, en donde hay pasturas implantadas por el hombre va a ser parejo, como alfalfa, que es todo el verano. Uno busca las pasturas naturales porque tiene otro sabor y otras propiedades». 
El gran pico de producción es entre septiembre y noviembre; en diciembre hay un bache, y en enero y febrero, hay un repunte. La producción de miel se termina en marzo.
Lopardo dijo que aspira a elaborar otros productos derivados de la miel, con asesoramiento del programa Cambio Rural, como la obtención de polen y la cría de abejas reinas.

VALOR AGREGADO

Los productores de miel chicos «pueden ir envasando a medida que van sacando la miel» y los productores grandes «acopian la miel en tambores».
En este mes «las abejas no necesitan atención», dijeron. El trabajo en la pandemia se continuó desarrollando, con la rigurosidad propia de la cuestión. El 20 de marzo del 2020 «justo terminaba de envasar lo mío», recordó Lopardo. Solo una vez en Puerto Madryn «una cliente nos hizo dejarle los envases en la puerta de la casa».
Los colores de la miel varían de acuerdo al tipo de flores que emplean las abejas. Antes de envasarse, la miel extraída queda 15 días en tambores, donde debe realizarse el espumado. Luego se envasa, en frascos de medio kilo o de un kilo.
El productor recomendó a quienes consumen miel local que busquen las de la Asociación ApaVirCh. Por elaborarse en un establecimiento habilitado donde se realizan controles de calidad en forma permanente. Y a pesar de que son cerca de una treintena de productores ninguna abeja de un productor se mezcla con las de otro. Cada productor elabora su propia miel y tiene sus propias abejas, que realizan recorridos diferentes, de acuerdo a lo que la naturaleza les proporciona.

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