21 de diciembre de 2010 00:24 AM
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Diputada macrista quiere etiquetar transgénicos

Es una de las legisladoras que se ausentó del recinto para que se aprobara el presupuesto K.

La diputada por la provincia de Buenos Aires, Soledad Martínez, no solamente se diferenció de la conducción PRO cuando la Cámara baja trató el mes pasado el Presupuesto 2011 -sin éxito- sino que también dará que hablar al conductor de su bloque, Federico Pinedo, por una iniciativa presentada al filo del cierre de las ordinarias.”Es un derecho básico de los consumidores saber con qué se están alimentando y cuán seguro es lo que comen”, dice Martínez. Una premisa con la que avanzó en un proyecto de ley mediante el cual obliga al etiquetado de alimentos cuando estos “sean o contengan” transgénicos.En tal caso la norma propuesta por la diputada macrista obliga a rotular los productos alcanzados por la regulación con una leyenda “perfectamente visible” donde los consumidores puedan leer sin vueltas la expresión: “Alimento elaborado con organismos genéticamente modificados”.Ciertamente decenas de propuestas como esta o similares engrosan los archivos de ambas Cámaras parlamentarias a la espera del fuego purificador. Nunca desde el Ejecutivo de turno ni desde la oposición circunstancial se trató en serio una medida como la propuesta.Pero la diputada no se limita solamente a etiquetar los alimentos, la iniciativa obliga a los fabricantes, importadores y aún productores a “individualizar los ingredientes o compuestos” con OGM, e informar a la cadena de distribución, empaque, comercialización, e incluso agencias de publicidad.Martínez también crea un registro donde deberán inscribirse “personas físicas o jurídicas que comercialicen organismos modificados genéticamente o productos que los contengan”, a los efectos preventivos de control y potencial necesidad de que fuera necesario retirarlos del mercado en forma retroactiva.También se estipula un régimen de sanciones para los incumplimientos que abarcan apercibimientos, fuertes multas, decomisos, y hasta clausuras; que deberá aplicar el Ministerio de Agricultura de la Nación, la autoridad de aplicación de la norma proyectada.”En nuestro país, la legislación que protege al consumidor respecto de los transgénicos es mínima, cuestión que indefectiblemente necesita ser modificada, para proteger a los ciudadanos y amparar sus derechos constitucionales”, fundamenta Martínez. La legisladora PRO parece llegar hasta el hueso en su convicción de la libertad de mercado y el perfil ortodoxo cuyo corazón late en la racionalidad de la demanda. “La elección de un producto, mucho más si se trata de un producto alimenticio, debe efectuarse en condiciones de plena información del consumidor”, sostiene Martínez.La diputada también apela a lo que considera una tendencia al etiquetado de alimentos en el mundo y da ejemplos como “Unión Europea, China, Australia, Japón, Noruega, Suiza, Arabia Saudita y recientemente Brasil”.No hace falta decir que la Argentina es el tercer productor mundial de soja, y que prácticamente la totalidad del cultivo se realiza con la tecnología transgénica. Más de la cuarta parte del valor de las exportaciones del país se explican por la soja RR y los productos derivados, hasta el biodiesel.Al “secretario de Agricultura del PRO”, como alguna vez llamó ese bloque a Luciano Miguens, parece habérsele escapado la tortuga. Con el proyecto en cuestión el ex presidente de la Sociedad Rural Argentina deberá esforzarse para explicar a la diputada cuáles son, si lo hay, los riesgos de sancionar la ley.Probablemente la Comisión de Agricultura de la Cámara baja, que es cabecera para tratar el proyecto, jamás llegue a discutir la iniciativa. Pese a que etiquetar los alimentos con OGM sería una decisión que lejos de perjudicar el comercio exterior argentino, lo beneficiaría, según sostiene Martínez en sus argumentos al proyecto de ley.”Resulta necesario adecuar nuestras instituciones y prácticas agrícolas y comerciales de modo de no perder ventajas competitivas y poder satisfacer las exigencias de un mercado mundial cada vez más exigente en materia de calidad alimentaria”, concluye.

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