9 de mayo de 2021 12:28 PM
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Cada vez más intervencionismo

Las barrabasadas económicas del Gobierno de Alberto Fernández se van tapando, una a una, con medidas que empobrecen la capacidad productiva del sector privado y que lo sobresaltan con la imprevisión y los cambios repentinos de las reglas de juego. Nadie está seguro de dónde estará parado al final de cada jornada, qué ocurrirá con […]

Las barrabasadas económicas del Gobierno de Alberto Fernández se van tapando, una a una, con medidas que empobrecen la capacidad productiva del sector privado y que lo sobresaltan con la imprevisión y los cambios repentinos de las reglas de juego. Nadie está seguro de dónde estará parado al final de cada jornada, qué ocurrirá con las empresas, cuál será la suerte de su personal, hasta dónde se acelerará el deterioro del país y cómo impactará en la vida cotidiana de sus habitantes.

El 4,8% de aumento de los precios al consumidor registrado en marzo ha puesto de punta los pelos de los capitostes del kirchnerismo, conscientes a esta altura de que traspasarán holgadamente el 29% anual de inflación contemplado en el presupuesto. Pero es esa una preocupación ajena a los fundamentos de una economía criteriosa: lo que les inquieta es cómo gravitarán tales datos en las próximas elecciones. Impresiona que todavía actúen con la inconsciencia de que, sin coraje y sentido de la responsabilidad política para actualizar las tarifas de los servicios públicos o el valor del dólar oficial en consonancia con la depreciación de la moneda argentina, entrarán en un callejón sin salida. Incluso, antes de las elecciones.

La oposición debe levantar la voz reclamándole al jefe del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, que explique a título de qué se ha esmerado tanto entre bambalinas por corregir una votación del Senado sobre la participación del biodiésel y el etanol en la composición de los combustibles. Ha procurado pasar inadvertido, pero sin lograrlo, en ese retroceso que merma, en vez de aumentar, la participación de los granos en aquellos insumos. Si Kirchner se sale con la suya, irá en contra de todas las recomendaciones mundiales sobre el cuidado del medio ambiente. También deberá la oposición pedirle explicaciones al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que conserva el aire de un componedor nato cuando se ha convertido, en rigor, en un aliado disciplinado del hijo de la expresidenta.

Otra vez el kirchnerismo propende a que el campo pague el precio de sus componendas, como con las maniobras de la última semana, al transmitir a compradores de hacienda en Liniers que reduzcan el ritmo de adquisición semanal de cabezas.

Más que el Ministerio de Agricultura y Ganadería, ha sido gente de encumbrada posición en el Ministerio de Desarrollo Productivo la que ha desautorizado las versiones según las cuales el Gobierno se propone una intervención en los mercados de hacienda como la ocurrida durante la infortunada gestión de Guillermo Moreno. Costó al país, entre otras consecuencias devastadoras, la pérdida de miles y miles de empleos en el gremio de la carne y la disminución de 10 millones de cabezas del stock de ganado bovino.

Mientras el kirchnerismo duro no deje de echar más leña al fuego de la crisis económica con la creación de más empleos públicos y desincentivos a las inversiones de capital nacional y extranjero en la producción genuina de bienes, no habrá políticas regulatorias que sirvan sino para empeorar la de por sí gravísima situación en que vivimos. la

abrió el lunes su edición con nacion el recuento propio de que desde diciembre de 2019 se pusieron en marcha unas 30 medidas orientadas a fomentar la intervención del sector público en la actividad privada.

Encima hay que soportar el tono autoritario de funcionarios como Paula Español, secretaria de Comercio Interior. Con insinuaciones atemorizantes para la producción y el comercio, y su insistencia en los controles de precios, busca tapar las derivaciones de la emisión descontrolada de pesos. He ahí otra de las causantes de un proceso inflacionario que junto con el de Venezuela son los dos más altos de la región.

Si el Gobierno se entromete una vez más con la legítima actividad del Mercado de Hacienda de Liniers, que involucra al 50% del ganado que se faena con destino al área metropolitana de Buenos Aires –como se la llama con olvido de la historia y de las autonomías establecidas por la Constitución–, dañará nuevamente un espacio cuya transparencia convendría imitar en no pocos recintos de la administración pública.

El conjunto de las 31 cadenas alimentarias –sin contar transportes de carga–, cuya producción es de alrededor de 50.000 millones de dólares al año, generan más del 30% del empleo total del país, con cerca de 2 millones de puestos. Los frigoríficos son los principales empleadores, después del rubro panaderías, con 60.000 trabajadores registrados. Hace poco, el Gobierno volvió a instituir un registro de declaraciones juradas sobre exportaciones de carnes (ROE), reviviendo tan malos recuerdos que la Mesa de Enlace de Córdoba respondió que “con estas medidas sobrevuela el desastre productivo que provocó la intervención de Cristina Kirchnerguillermo Moreno”.

A pesar del intervencionismo, el ingreso de divisas por la venta de granos y subproductos agrícolas fue récord en el primer cuatrimestre. Lamentablemente, sin un programa económico al cabo de un año y medio de gestión, el Gobierno insiste en perseguir a la gallina de los huevos de oro.

Nadie ignora que la plurivalente orientación política del Presidente es derivación de las desafiantes instrucciones que provienen del Instituto Patria. A los desaciertos se suma la ignorancia: el precio de la carne ha subido, como es de conocimiento general, pero ¿cómo hace el resto de los países para exportar al mundo sin que los precios para los mercados externos se repliquen en el ámbito interno?

La ciudadanía debe ser alertada de que la inflación es consecuencia de una pésima política económica sin otro destino final que la anarquía, previo tránsito por la destrucción del capitalismo y de las libertades públicas inherentes.

Con más vergüenza y menos subordinación al Instituto Patria y a los designios de la vicepresidenta, el subsecretario de Energía podría haber ahorrado al Gobierno otra crisis en medio de la crisis. Bastaba con haber aprendido de algunas lecciones en casos parecidos de nuestra historia política.

Fuente: La Nacion

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