13 de mayo de 2021 13:53 PM
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Las medidas del gobierno atentan contra las exportaciones

Las restricciones de exportación imponen altos costos al país tanto en materia de divisas como de producción, sin lograr efectos perdurables sobre los precios internos que terminan aumentando a medida que se retrae la oferta.

Un trabajo elaborado por el Consorcio Regional de Experimentación Agrícola sostiene que las restricciones cambiarias y las recientes decisiones del gobierno de establecer más controles a las ventas externas de carnes y granos atentan contra el reconocimiento de la importancia que tienen las exportaciones agrolimentarias para la economía nacional.

Este estado de cosas, sumado a los derechos a las exportaciones, suman problemas más sistémicos como la infraestructura disponible, aseguró 

Sin embargo, ese es el caso de los permisos de exportación, una medida que ya tuvo en el pasado importantes costos para el país y para el sector agropecuario y, bajo otro formato se impulsa en la actualidad.

Para el trigo, los permisos de exportación (Registro de Operaciones de Exportación – ROE) se implementaron en 2008, año en el cual las exportaciones totalizaban 8,7 millones de toneladas.

Al año siguiente, se exportaron 5,1 millones de toneladas y para 2014 se alcanzó un mínimo de 1,8 millones de toneladas.

En 2020, sin permisos vigentes, se exportaron 10,6 millones de toneladas del grano fino, lo que implica 1.102 millones de dólares adicionales de ingresos para el país, respecto a los valores de 2015, último año de vigencia de los permisos.

Debido a que la ganadería es una actividad cuyo ciclo biológico es más largo que el del trigo, el costo de las medidas fue incluso mayor y se pasó de exportar 771 mil toneladas de res con hueso en 2006 a un mínimo de 183 mil en 2011.

Las exportaciones de trigo en 2020, significaron para el país el ingreso de más de U$S 1,100 millones adicionales.

Entre 2015 y 2020, las exportaciones crecieron 354% en cantidades y las dividas alcanzaron a U$S 1.997 millones, medidas en dólares y recién en 2019 pudieron superarse las cantidades exportadas en 2006, 13 años antes.

El costo, medido en términos de tiempo perdido que implicaron las restricciones, entre 2006 y 2021 Paraguay aumentó sus exportaciones de carne 105%, Brasil 51% y Uruguay 5%, en todos los casos medido en volúmenes.

En el caso del trigo, se pasó de producir 16,3 millones de toneladas en 2008 a 11,2 en promedio durante 2009-2015 (-31%).

Además, en 2013, año en el cual la cosecha alcanzó un mínimo de sólo 8 millones de toneladas, apenas se logró cubrir el consumo interno del cereal estimado en 6,4 millones de toneladas para molienda de acuerdo a datos del Ministerio de Agricultura. En el caso de la carne, los efectos fueron similares.

El cierre de la demanda externa se traduce en una caída inicial de los precios que opera como una señal para reducir el stock vacuno y, consecuentemente, la producción de carne.

De esta manera, entre 2006 y 2011 el stock se redujo en 12 millones de cabezas, y la producción de carne en un 28%.

En 2013 la cosecha argentina de trigo apenas alcanzó a los 8 Ms de toneladas.

Argentina, todavía no pudo recuperar los niveles de stock y producción de carne, que siguen siendo 11% y 4% inferiores a 2005, respectivamente.

Como consecuencia de la caída de la producción, en el largo plazo, las restricciones, que apuntaban a reducir los precios internos, terminaron teniendo un efecto contrario al buscado.

Un dato que no es menor demostró que entre 2005 y 2008, los precios de la carne al consumidor registraron una caída de cerca 12% en términos reales que perduró algo menos de un año.

Pero, desde 2010, en paralelo a la contracción de la oferta, se dio un incremento cercano al 40% en términos reales, posicionando a la carne en un nuevo piso de precios que aún hoy persiste.

Al medir el poder adquisitivo de los salarios en términos de kilos de carne, se observa un comportamiento análogo al de los precios: hubo un primer efecto positivo desde 2006 hasta fines del 2009, pero a partir de 2010 se vio una baja superior al 18% seguida de una relativa estabilidad hasta 2018 cuando comenzó la fuerte crisis que el país todavía atraviesa.

A partir de 2018 se inició una nueva etapa donde es difícil separar la evolución del mercado de la carne en particular, de la contracción de la economía en general.

El consumo interno de carne se redujo 15% entre 2018 y 2020 pese a que su oferta aumentó, lo que permite inferir que no se trata de un fenómeno de abastecimiento, sino que corresponde a una perdida generalizada del poder adquisitivo de los salarios.

Desde 2018 la caída del salario real fue de 14,9% mientras que la del salario real en términos de carne fue de 17,8%.

Es importante señalar que existen otras herramientas menos distorsivas para la producción y las exportaciones si se desea usar políticas específicas para lograr el objetivo de mantener el consumo de proteína animal en un cierto nivel.

La caída del salario real, medido en términos de carne representó poco más del 14% en 2018.

En primera instancia, se debe considerar la evolución de la canasta completa de proteínas animales, incluyendo pollo y cerdo, teniendo en cuenta que hay un fenómeno de sustitución de proteínas, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, con marcados cambios en los patrones de consumo incluidas dietas donde se abandona total o parcialmente el consumo de productos de origen animal.

Mientras tanto, el consumo de carne vacuna cayó 14% desde 2018, el consumo total de carne, incluyendo carne y pollo, sólo se redujo un 3%.

Se debe tener en cuenta que la carne no es un commodity y hay diferentes formas de integrar la producción argentina al mundo, pudiendo privilegiarse aquellas que no compitan con el mercado interno.

De hecho, actualmente el 70% de la producción se destina a China, que tracciona sobre sobre cortes de vacas y toros, que no son de habitual consumo a nivel interno.

Los permisos de exportación, en definitiva, imponen altos costos al país tanto en materia de divisas como de producción, sin lograr efectos perdurables sobre los precios internos que terminan aumentando a medida que se retrae la oferta

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