14 de mayo de 2021 10:52 AM
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El fracaso de los permisos de exportación

Un informe de AACREA revela el impacto negativo de una medida que ya generó resultados contraproducentes en el pasado. ¿Qué consecuencias produjo en la cadena cárnica?

A pesar del reconocimiento de la importancia de las exportaciones para un país productor de alimentos como Argentina, en la actualidad hay múltiples factores internos que atentan contra ellas. Un informe de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (AACREA) ha destacado las restricciones cambiarias, con la consiguiente brecha entre la cotización oficial y paralela, los derechos de exportación y problemas más sistémicos como la infraestructura disponible.
Se trata de dificultades muy relevantes que además se entrelazan con las cuentas fiscales y la macroeconomía, generando un cuadro de compleja resolución. “Sin embargo, no es ese el caso de los permisos de exportación (restricciones cuantitativas), una medida que ya tuvo en el pasado importantes costos para el país y para el sector agropecuario y, sin embargo, se impulsa nuevamente en la actualidad”, advirtieron.
En el caso de la carne, a partir de 2005 comenzó a aplicarse una batería de intervenciones que incluyó suba de derechos de exportación, eliminación de reintegros, modificaciones en el peso medio de faena, la implementación de permisos de exportación e incluso el cierre temporal de las ventas al exterior. Debido a que se trata de una actividad cuyo ciclo biológico es más largo que por ejemplo el del trigo, el costo de las medidas fue incluso mayor y se pasó de exportar 771.000 toneladas de res con hueso en 2006 a un mínimo de 183.000 en 2011.
“Entre 2015 y 2020, las exportaciones crecieron 354% en cantidades y 1.997 millones medidas en dólares y recién en 2019 pudieron superarse las cantidades exportadas en 2006”, aseguraron los expertos de AACREA. Un punto importante es el costo en términos de tiempo perdido que implicaron las restricciones, considerando que entre 2006 y 2021 Paraguay aumentó sus exportaciones de carne 105%, Brasil 51% y Uruguay 5%, en todos los casos medido en cantidades.

IMPACTO NEGATIVO
Más allá de la evolución de las exportaciones, la realidad muestra que los permisos de exportación “tienen también un fuerte impacto en la producción debido a la caída en los precios que se deriva de restringir la demanda externa”.
En el caso de la carne, el cierre de la demanda externa se traduce en una caída inicial de los precios que opera como una señal para reducir el stock vacuno y, consecuentemente, la producción de carne. “De esta manera, entre 2006 y 2011 el stock se redujo en 12 millones de cabezas, y la producción de carne en un 28%”, revelaron. Más aún, a diferencia de las exportaciones, el país todavía no logró recuperar los niveles de stock y producción de carne, que siguen siendo 11% y 4% inferiores a 2005, respectivamente.
Como consecuencia de la caída de la producción, en el largo plazo, las restricciones, que apuntaban a reducir los precios internos, terminaron teniendo un efecto contrario al buscado. En efecto, en primera instancia, entre 2005 y 2008, los precios de la carne al consumidor registraron una caída de cerca 12% en términos reales que perduró algo menos de un año. Posteriormente, desde 2010, en paralelo a la contracción de la oferta, se dio un incremento cercano al 40% en términos reales, posicionando a la carne en un nuevo piso de precios que aún hoy persiste.
“Mirando el poder adquisitivo de los salarios en términos de carne, se observa un comportamiento análogo al de los precios: hubo un primer efecto positivo desde 2006 hasta fines del 2009, pero a partir de 2010 se vio una baja superior al 18% seguida de una relativa estabilidad hasta 2018 cuando comenzó la fuerte crisis que el país todavía atraviesa”, explicaron.

ALTERNATIVAS MENOS DISTORSIVAS
Es importante señalar que existen otras herramientas menos distorsivas para la producción y las exportaciones si se desean usar políticas específicas para lograr el objetivo de mantener el consumo de proteína animal en un cierto nivel.
En primera instancia, se debe considerar la evolución de la canasta completa de proteínas animales, incluyendo pollo y cerdo, teniendo en cuenta que hay un fenómeno de sustitución de proteínas, tanto en nuestro país como en el resto del mundo, con marcados cambios en los patrones de consumo incluidas dietas donde se abandona total o parcialmente el consumo de productos de origen animal.
En efecto, mientras que el consumo de carne vacuna cayó 14% desde 2018, el consumo total de carne, incluyendo carne y pollo, sólo se redujo un 3%. Al interior de la carne vacuna, se debe tener en cuenta que “la carne no es un commodity” y hay diferentes formas de integrar la producción argentina al mundo, pudiendo privilegiarse aquellas que no compitan con el mercado interno. “De hecho, actualmente el 70% de la producción se destina a China, que tracciona sobre sobre cortes de vacas y toros, que no son de habitual consumo a nivel interno”.
“En suma, los permisos de exportación imponen altos costos al país tanto en materia de divisas como de producción, sin lograr efectos perdurables sobre los precios internos que terminan aumentando a medida que se retrae la oferta; por ese motivo es importante no caer en la trampa de atender las urgencias de corto plazo con herramientas que son sumamente distorsivas y ocasionan problemas a futuro costosos de revertir”, concluyeron desde AACREA.

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