26 de diciembre de 2010 18:44 PM
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Cría equina en Santa Fe

Las familias Estrada y Crespo refuerzan su tradición equina apostando al futuro. Desde Progreso han llevado ese sueño por el mundo. Las caras de una industria que crece en Santa Fe.

En la estancia “Santa Regina”, a diferencia de los campos de la zona, no se ven sembrados de soja, ni trigo recién cosechado. Algún lote de maíz, mucha pastura y un monte hacia el lado del bajo que anuncia el cauce del arroyo Cululú, donde alguna vez supieron criar hacienda. Allí, en la estancia “Santa Regina”, quienes se enseñorean del lugar son los caballos. Un padrillo, una quincena de madres y una tropa en impecables condiciones son el broche final para este casco de estancia cargado de historia.En este lugar, donde se respira tradición equina, para los más chicos el mandato familiar era inevitable. “No veíamos la hora de terminar el colegio para venir a vivir al campo a trabajar con los caballos”, abre la entrevista Rómulo Crespo, de 31 años, quien desde hace 13 vive en Estados Unidos trabajando del polo. Para él, el mayor de cuatro hermanos, el sueño de vivir de los caballos es una realidad. Actualmente radicado en Tampa, Florida y en Carolina del Sur, vuelve sólo en el mes de diciembre a la Argentina. Junto a su hermano Ignacio y su primo Gonzalo Estrada, compartió su experiencia con Campolitoral.VentajasSegún datos oficiales, Argentina cuenta hoy con un stock que supera ampliamente los dos millones y medio de caballos. En la última década, no sólo ha aumentado significativamente el número de animales registrados genéticamente, sino que éstos se han consolidado como el centro de una actividad económica, “derivando en un importante complejo industrial que utiliza directa o indirectamente una notable cantidad de mano de obra”. Justamente por eso, se puede hablar de una verdadera industria hípica, entendida como un cluster compuesto por la cría, los proveedores de bienes y servicios y los demás actores que integran este universo.Las regiones involucradas han comenzado distintos trabajos con la Mesa Nacional Equina impulsada por una entidad privada: La Fundación para el Desarrollo e Impulso del Caballo en la Argentina.Según datos de la dirección de Actividades Hípicas de la SAGPyA, el conjunto de actividades equinas genera un volumen de producción superior a los U$S 800 millones y alrededor de 70 mil puestos de trabajo en forma directa y 110 mil en forma indirecta. En Argentina, esta realidad se vio claramente en la vuelta a oficios como productos de la talabartería, orfebrería, calzados, estribos, alimentos, medicinas y genética. Así, el caballo se ha transformado en el motor de una importante actividad económica que impulsa la producción en otros sectores.Taqueando. Ignacio apunto de impactar la bocha, en medio del entrenamiento diario de los animales.Historia y futuroEl gran impulsor de la pasión por los caballos en la Estancia “Santa Regina” fue Ricardo Estrada, verdadero referente en el tema, quien estuvo ligado a los caballos durante toda su vida. Y viviendo en el campo llegaron los hijos: Justo, Patricia, Ricardo, Mercedes, Laura y Salomé. El mayor, dio un paso más allá, generando una red de contactos para vender sus caballos en Buenos Aires y Brasil.La rutina diaria es ahora ejercida por los nietos del precursor. Ignacio Crespo y Gonzalo Estrada resumen su faena diaria: “Trabajamos todo el día con los caballos. Los alimentamos, colaboramos en el aspecto sanitario que maneja el veterinario, montamos alguno si hace falta y los vamos llevando de a poco”, confiesan.Si bien juegan 3 goles de handicap, participan en torneos en todo el país, lo que les permite mostrar su producto. Este año participaron en Tucumán, Salta y Córdoba. Además, el interés creciente por la actividad en la zona les facilita practicar con amigos y vecinos comparten la misma pasión.El planteo comienza con la compra de yeguas puras para madre, y ahí empieza la crianza, sabiendo que los tiempos son largos. “A un potrillo no lo podés empezar a domar hasta pasados los tres años, y después hasta que está hecho de polo son dos años más. Es un mínimo de cinco años para empezar a jugar”, explica Rómulo.Como cada caballo tiene sus tiempos, el trabajo debe ser artesanal. “Acá hacemos todas la etapas, por eso debemos revisar a las madres, los potrillos, la sanidad, etc. A algunos se los monta cinco minutos por día, y otros con dos o tres horas por día no alcanza”, dice Ignacio. Primero viene la doma, el adiestramiento, después la boca. Se le enseña a parar, recular y dar la vuelta. Luego se le muestra el taco, luego la bocha, después despacito a jugar uno contra uno, y así sucesivamente aumentando la exigencia. “En algún animal en dos meses hacés toda la etapa, y en otros en dos años no llegás; ahí es donde tiene que ver mucho la genética. Por eso si tengo una yegua madre de buena calidad, conviene sacarle muchos embriones”, especifica Gonzalo. Trabajo cotidiano. Mantener los vasos y los herrajes en buenas condiciones es una tarea de todos los días. El negocioCon respecto a la venta de los ejemplares, la misma depende de cómo se den las circunstancias. “No tenemos un sistema estándar de venta. Tenemos contactos en Buenos Aires donde ofrecemos nuestros animales, dado que ya nos conocen de hace años”. Si necesitan una animal de ciertas características se los piden o a veces lo llevan ellos. Según nos explican, actualmente la oferta es enorme, sobre todo en Buenos Aires, donde están creciendo en genética (un clon de una yegua de Cambiasso se vendió en U$S 800 mil), y agregan que la temporada fuerte va desde septiembre a diciembre, cuando llegan los extranjeros que son los que hacen las inversiones más fuertes.Como contrapartida, se lamentan la pérdida de los oficios propios de la actividad. “No hay gente calificada, ya que para el polo hay que saber corregir los defectos finos, ya que hoy en día con el nivel tan alto de competencia, cada vez la exigencia es mayor. Es difícil dar con las personas que puedan trabajar con paciencia al animal”, por eso son ellos quienes se encargan del trabajo cotidiano.En toda la región, se palpita el interés en la actividad. “Está el que juega como hobby y el que lo hace como método de vida. En la zona tenés los dos casos”, agrega Rómulo. “El sector ha crecido mucho, y eso se ve en Palermo, donde un gran porcentaje son extranjeros que vienen a jugar y a invertir. La televisión le ha dado impulso grande, con el desembarco de grandes sponsors”. Como meta, plantean su deseo de mejorar el producto final que son los caballos para tratar de competir lo más alto posible.”En Estados Unidos estoy bien, no me puedo quejar, porque además me dedico a lo que me gusta. Pero sé que voy a volver”, finaliza Rómulo. Tiene claro que ese campo con algo de maíz, un monte y muchos caballos es su lugar en el mundo. 

 Standard del caballo de poloAltura media: 1,56 m; peso: 400 a 500 Kg.; Cuerpo grueso, pero musculoso y profundo; Esqueleto fuerte; temperamento sanguíneo; cabeza bien proporcionada y seca, con perfil predominantemente rectilíneo y quijdas no cortantes y bien separadas. Orejas medianas, finas, puntiagudas, bien colocadas. Frente ancha y amplia. Cuello largo, elegante, bien dirigido y bien insertado en sus extremos. Paso rápido, libre y de mucha soltura. Trote libre, elástico, derecho y de acción baja. Galope vigoroso, suelto, demostrando buen equilibrio.  /// el dato  
   Semillero que creceLa muestra del crecimiento del polo en la zona se evidencia el la cantidad de alumnos que se suman a las escuelas de la zona. En Santa Clara, funciona el club “La Estela”, a cargo de Urbano Iturraspe. “La Asociación Argentina nos envió un kit de cancha completo gracias a la labor realizada durante todo el año”, confiesa entusiasmado. Este verdadero impulsor del deporte admite haber recibido alumnos de lugares como Rafaela, Moisés Ville, Gálvez, San Vicente, Angélica y Colonia Belgrano. “Los alumnos son gente común: tenemos un cerrajero, un canillita, etc.”, dice desmitificando el aire elitista de este deporte. En 2010 asistieron 24 alumnos adultos y algunos chicos. Se dan clases durante la semana, y sábados y domingos juegan partidos. En el año disputaron 12 torneos. “Hace 15 años me fui a Barcelona, estuve 7 años en Singapur y Malasia, y al volver retomé la escuela que había iniciado en el Hípico. Descubrí que me gusta enseñar. Los alumnos evolucionan, se enganchan y tren a más gente. Están creándose nuevas fuentes de trabajo, herreros profesionales, petiseros, etc.”En Santa Fe también funciona una escuela en el Club Hípico General Belgrano. “Estamos dos veces por semana con chicos de 8 años en adelante”, dice José Mayoraz, a cargo de la enseñanza. “Rescato de la escuela que la gente antes no se animaba al polo y ahora ve que no es tan caro y se anima un poco más. En todo el interior hay gente que se está entusiasmando y se está largando a jugar. El proyecto es formar gente, ya que el polo de menores está creciendo y la Asociación lo está fomentando. La competencia hace que uno mejore, se ponga metas”, finalizó

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