4 de diciembre de 2009 19:46 PM
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La arrogancia gubernamental en los precios agrícolas

Hay nuevo ministro pero las cosas no cambian. Podríamos decir que el error es una suerte de política de estado

Van pasando diferentes ministros y secretarios y, pese a ello, continúa la visión errónea sobre el agro y sus industrias.
Domínguez sostiene que “hay que dar condiciones de similitud para que el grande no se devore al chico”; pero, en lugar de ello, se mantiene una política adversa a la eficiencia en las transacciones y, por ende, promotora de la concentración económica.
Veamos qué dice la ciencia económica.
Este año el Nóbel en economía fue para Oliver Williamson.
Considerando tanto los costos de transacción como los de producción, Williamson pone sobre el tapete bajo qué condiciones las empresas tienden a externalizar ciertas operaciones en vez de desarrollarlas internamente. Así muestra la conveniencia – en muchos casos- de pequeñas y medianas unidades de negocio. Ellas son las que tienen gran autonomía operativa.
De acuerdo a Williamson, lo que importa es el conjunto de “reglas de juego”, integrado por el marco normativo, de donde se establecen las estructuras de gobernanza. A través de éstas se coordinan los agentes para realizar sus transacciones. Entre la estructura de gobernanza sustentada en el mercado y la estructura de gobernanza de la empresa “integrada”, operan diferentes formas ligadas a organizaciones contractuales, que originan todo tipo de redes productivas.
El fenómeno de redes en el agro es un ejemplo para el mundo y sus resultados están a la vista. En el plano internacional, la tendencia a la concentración de la propiedad de la tierra más débil se registra en la Argentina. Por si ello no fuera poco, su producción agraria extensiva es la más competitiva del mundo.
No es que este esquema productivo se considere la panacea. Sin duda presenta muchos efectos negativos. Pero, ello no significa que deba ser atacado sino mejorado, limitado y canalizado.
Pocos dudan hoy sobre los errores cometidos durante la década del 90. Pero, si algo bueno produjo la década pasada es el crecimiento de las relaciones contractuales, que plasman la tendencia a externalizar en lugar de concentrar múltiples actividades en una gran empresa. Las estructuras intermedias son las que presentan un futuro de crecimiento por su dinámica y adaptabilidad a los cambios tecnológicos. Son flexibles y alcanzan un altísimo grado de especialización.
Sobre las instituciones se construye el capital social que deriva de la capacidad de los personas para asociarse o trabajar juntos.
La falta de incentivos para fortalecer instituciones de cooperación nos lleva a estrategias de corto plazo, orientadas más a la explotación que hacia la acción común.
Sin embargo, en la vida rural, se advierten cada vez más redes productivas de todo tipo, que buscan disminuir los costos de transacción, para lograr objetivos comunes. Nuestro fenómeno de redes agrícolas demuestra la posibilidad de bajar los costos de transacción sin recurrir a gigantes corporaciones o grandes empresas integradas.
Que la arrogancia gubernamental, por no llamarla necedad, no aporte nuevos ataques a la compleja y dúctil madeja de transacciones que el agro revela en la actualidad. La “sojización” es un hecho, pero nada tiene que ver con la contractualización. Es, sin lugar a dudas, la resultante de una política agropecuaria contraria a la producción ganadera extensiva y a la cerealera.
Es menester que la sociedad “rural” siga el camino emprendido de difusión y pedagogía sobre la ciudadanía “urbana”. Ahora hay diputados que entienden mejor la cuestión. Hay que aprovechar ello.Manuel Alvarado Ledesma

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