29 de diciembre de 2010 08:03 AM
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De carne somos

URUGUAY : El año 2010 trajo nuevamente una discusión que es recurrente en nuestro país: el precio de la carne al público, con sus efectos sobre la economía del consumidor y la inflación

Después del histórico pico de precios de 2008, la crisis financiera global moderó los precios de los commodities en 2009. Sin embargo –para regocijo de países como Uruguay, productores de alimentos– los precios de los granos, la leche y la carne, entre otros rubros, volvieron a fortalecerse este año, respondiendo a un permanente aumento de la demanda global, liderada por Asia y otras economías emergentes. Esto le volvió a plantear un viejo dilema al Uruguay: lo bueno que implica mejorar los precios de venta al exterior se contrapone a la suba que –naturalmente– se genera en los precios internos. Esto es válido para todos los productos de exportación, pero más que ninguno para la carne. Cultura carnívora Mientras en otros países la carne vacuna es un producto de lujo, en el nuestro es la base de la alimentación. Con la caída del consumo per cápita en Argentina (efecto de una secuencia de desaciertos de política, más que de una menor voracidad), Uruguay pasó a liderar el consumo mundial de carne vacuna per cápita, con 61 kilos por habitante, según lo estimado por INAC para este año. El dato es confirmatorio de la importancia de la carne vacuna en la alimentación y en la propia economía. No en vano su ponderación llega a 5% de la canasta de consumo del Instituto Nacional de Estadística (INE), base sobre la cual se calcula la inflación. Por esto, cuando sube la carne en el exterior y se produce el inevitable traslado al precio interno, suenan las alarmas en los hogares ("¡subió la carne!") y también en las oficinas donde se define la conducción de la economía, por el impacto en la inflación. Fue el caso de este año, en el cual los precios de la carne mostraron aumentos anuales de entre 16 y 32%, claramente por encima de la inflación (que está en 6,8%). El incremento fue promovido no solo por la suba en los precios externos, sino también por la caída en la oferta de ganado, que llegó a un mínimo durante el invierno. Ante este escenario, el propio presidente Mujica demandó –en su audición radial- que los frigoríficos volcaran cortes baratos a la población. Uno de los puntos específicos de su reclamo era que la industria estaba vendiendo al exterior cortes de asado más baratos que los que se colocaban en el mercado interno. Días después, el subsecretario de Economía, Pedro Buonomo, se reunió con la plana mayor de la industria frigorífica nacional para plantear el tema y convocar a los empresarios a concretar dichas medidas. Desde la industria se argumentó que las ventas al exterior de asado a precios menores respondían a acuerdos preestablecidos con clientes importantes (en particular supermercados de Brasil). El director ejecutivo de la Cámara de la Industria Frigorífica, Daniel Belerati, planteó la posibilidad de eliminar el IVA a algunos cortes, como ya está establecido para las carnes de pollo y cerdo. En la discusión también intervino el presidente del INAC, Luis Alfredo Fratti, que introdujo el tema en la dirección del Instituto y reiteró la necesidad de establecer cortes de asado baratos. En junio, Fratti dijo a Cierre de Jornada (Radio Carve) que el precio del asado es una referencia no solo en sí mismo, sino también para el precio del resto de los cortes. "Si sube fuerte el asado, una suba en el resto de los cortes, como las pulpas, no tiene un impacto tan fuerte a los ojos del consumidor", argumentó. La discusión culminó en un acuerdo por el cual la industria se comprometió a proveer un grupo de seis productos a precios menores ($/kg): peceto a 115, mondongo a 65, falda a 35, falda parrillera a 45, asado cuatro costillas a 50 y riñón a 25. Estos precios se vieron más en la prensa que en las carnicerías: si bien se ofrecieron algunas partidas, la decisión final del precio quedó en manos de los carniceros, que debían ceder parte de las ganancias para concretar los valores rebajados al público, lo que se dio en cuentagotas y solo en algunos puntos de venta. Además, la propia dinámica del mercado (con una demanda firme -por el aumento de los ingresos- y una oferta acotada por la falta de faena) llevó a que la decisión pasara totalmente desapercibida en el registro de precios al consumo del INE, para medir la inflación. En efecto, al observarse la evolución del precio minorista del peceto (que integra la canasta del INE), no anduvo nunca ni cerca de los mentados 115 pesos (ver gráfica). Es posible que toda la discusión pública haya tenido un efecto moderador de los precios, pero en forma muy acotada. En competencia Si bien la carne vacuna lidera las preferencias de los uruguayos, está en competencia (o complementación) con otras carnes que también se ofrecen al mercado, notoriamente la de pollo. Otrora asociado al consumo festivo (fines de semana, fiestas de fin de año), hoy el pollo es una opción barata para consumir proteína, pues su precio ha caído notoriamente en términos relativos frente a la carne vacuna . Esta opción fue especialmente significativa durante la crisis de 2002 y meses subsiguientes, cuando se derrumbó el poder adquisitivo y la gente peleaba los precios, peso a peso. En aquellos momentos el consumo de carne de pollo subió notoriamente, superando los 13 kg/hab/año, mientras la carne vacuna caía por debajo de los 40 kg/hab/año. La explicación era el precio relativo de ambas carnes, con un abaratamiento relativo del pollo, que sigue hasta hoy (ver gráfica). El pollo es una opción barata y ha consolidado ese perfil. Sin embargo, por circunstancias de la producción interna, su precio tuvo un aumento al comienzo del año y –también en este rubro– hubo vaivenes políticos: a las pocas semanas de asumir, el presidente Mujica marchó a Brasil a concretar la apertura del mercado uruguayo a ese producto, impedido hasta entonces por argumentos sanitarios poco sólidos. No obstante, hasta ahora no se han importado pollos de Brasil, más allá de algunos platos preparados en base a su carne. Parte de la explicación viene por el lado de los precios, que tuvieron una clara reducción en los últimos meses respecto a los de principios de año. De todas formas, aunque la carne de pollo representa 20% del consumo cárnico total, el aumento del poder adquisitivo en los últimos años reafirmó a la carne vacuna como la preferida, hecho que no se ve en otras partes del mundo. Es notorio el poco consumo interno de carne de cerdo (la de mayor consumo mundial), la cual –si bien recientemente ha aumentado su participación, con cortes frescos– es un rubro aún enfocado a la chacinería (además, es la principal carne importada, con más de 12 mil toneladas anuales). En estos años de incremento de ingresos, no solo subió el consumo de carne vacuna sino que –dentro de ella– también aumentó el de pulpas, frente a los cortes con hueso. Los uruguayos saben que tienen en la carne bovina un producto de primer nivel, completo y saludable (en especial para niños y jóvenes), con una relación calidad/precio inmejorable. Por ahora, la vaca les gana. El Pais

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