29 de diciembre de 2010 10:52 AM
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Sector agropecuario : la calidad del desarrollo

URUGUAY : HACIA DÓNDE VA EL PAÍS DE PRIMERA

Estamos atravesando una etapa escabrosa de la vida nacional, precisamente en épocas del mayor crecimiento económico de nuestra historia. Campos de batalla sindicales para instalar una lucha política que reflota la lucha de clases y la dictadura del proletariado. La población queda rehén de corporaciones privilegiadas, si el privilegio lo medimos por la relación entre lo que aportan a la sociedad y lo que perciben. Algo atmosférico nos enseña desde el principio que lo mejor que nos puede pasar en la vida es ir a parar a las filas de ADEOM, COFE o AEBU. Allí, la remuneración y la productividad no tienen ninguna vinculación entre sí. Se enseña que ahí ganaremos bien, trabajaremos poco, no nos echarán nunca, los méritos no se tomarán en cuenta y nos premiarán solamente por la antigüedad. Un sueño claramente modesto. Difícil organizar un país de primera con esos valores y esas motivaciones. No hay lugar para el espíritu emprendedor, para la creatividad, para la curiosidad, para romper límites. Tampoco mayores incentivos para mejorar las aptitudes ni para obtener lo mejor de los atributos de cada uno. La educación y los incentivos para mejorar las capacidades no atraen a los jóvenes. También es cierto que para que haya mucha ADEOM, mucha COFE y mucha AEBU es necesario que alguien invierta, produzca, exporte, pague impuestos y genere riqueza para repartir e importar plasmas. Para eso –con todos los matices que se quieran agregar– la solución que se busca, y que se va consiguiendo, la aportan emprendedores extranjeros. Nuestros ahorros van a los bancos de Nueva York, nuestros fondos de seguridad social compran bonos para financiar al gobierno, y nuestros mejores y más grandes negocios los organizan extranjeros. El nuevo sector agropecuario, la nueva agroindustria, el turismo, la logística, la construcción de grandes obras, los proyectos mineros, las fábricas de celulosa, los puertos oceánicos, los hoteles, los aeropuertos, las líneas aéreas, el FFCC, los aerogeneradores o las carreteras. Un país cómodo. Los uruguayos soñamos con trabajar en ADEOM –que siempre nos va a proteger– y los extranjeros piensan, organizan y dirigen. Es bueno que los extranjeros quieran invertir en Uruguay. Es una señal del valor de nuestras oportunidades. Lo que es malo es que los incentivos que trazan a los uruguayos desde su nacimiento no pasan por tomar riesgos ni por alcanzar metas más audaces que esperar todos los días durante 30 años a que se hagan las cinco de la tarde. Este régimen operativo está convalidado y legitimado en la cabeza de los habitantes de la Ciudad Vieja, del Palacio Legislativo, de las intendencias, de las empresas públicas, de la Universidad, de la escuela y del liceo, de los comunicadores y por el insalubre sopor de los informativos. En síntesis, de todos quienes forman y consolidan ideas, y crean una atmósfera que termina ordenando los valores, los incentivos, los proyectos y las conductas. Oportunidades como nunca En los 90, la Ronda Uruguay por primera vez intentó, con cierto éxito, liberalizar el comercio agrícola y reducir los efectos más injustos de los subsidios que los países ricos otorgaban a los agricultores. Por entonces, EEUU y la UE eran los más grandes productores y exportadores de alimentos del planeta. En la actualidad la UE se ha transformado en un importador neto y la ponderación de EEUU se reduce año tras año. Cuando el éxito económico comienza a estar relacionado con la competitividad, la protección de la agricultura en una Europa que creció de seis a veintisiete países se fue haciendo un lastre difícil de sobrellevar. Ello favoreció la continua reducción del peso de los subsidios, especialmente de los que más distorsionaban a los mercados. Aunque los subsidios siguen perjudicando a los agricultores competitivos del mundo, el efecto negativo sobre nuestro crecimiento se ha debilitado notablemente. Se aprecia con claridad en la formación de los precios y en la posibilidad de colocar volúmenes en forma irrestricta. Hoy existe una alianza tácita entre el Asia que se industrializa rápidamente y necesita alimentos, y el Mercosur, que es la región del mundo donde más crecen las áreas cultivadas y los rendimientos, y va camino a transformarse en el primer exportador mundial en el muy corto plazo. Los pronósticos más autorizados coinciden en la continuidad de estas tendencias y en la gran oportunidad para los países del Mercosur. Por su parte, la ciencia, la tecnología y las prácticas de organización y gerencia han evolucionado notablemente en las últimas dos décadas, modificando las características de las empresas. La agricultura pasó de ser una manera de vivir a transformarse en un negocio, en el cual los esfuerzos deben focalizarse en la mejora de los resultados. Éstos mejoran con la escala, con la especialización y con la protocolización de procesos, acercándose a una organización de características industriales, lo cual eleva notablemente la productividad y con ello la remuneración de los factores nacionales. Se podría agregar que la revolución tecnológica y empresarial está en una etapa de crecimiento acelerado, que perdurará por varios años. Llevar la agricultura a procesos industriales significa atravesar largos procesos de prueba y error, y de adaptación a una enorme diversidad de ambientes. La forestación, los pool de siembra, los feedlot o la lechería de los neozelandeses fueron algunas de las grandes transformaciones organizativas que se vivieron en este país en muy pocos años. En todos los casos, han atravesado, o lo están haciendo todavía, estos procesos de prueba y error. Se cometieron y se siguen cometiendo errores, y al mismo tiempo se superaron o se van superando. ¡¡Cuánto se habrá equivocado Ford cuando inventó su línea de montaje!! Cometer errores en el proceso de adaptación de innovaciones no anuncia el fracaso, sino el reto para solucionar problemas. Como en casi todos los órdenes, el primero que llega y el primero que hace funcionar las innovaciones toma una ventaja que los demás demoran años en igualar. En nuestro caso han sido los extranjeros quienes se adelantaron. Nuestra investigación –ya sea la academia o los centros especializados– no ha considerado relevante sumar conocimiento acerca de las transformaciones organizativas que han caracterizado a la empresa agropecuaria. Nada más ni nada menos que lo que debería considerarse como la innovación más significativa que ha tenido lugar en el campo uruguayo en varias décadas. Lo poco que se ha hecho ha sido, más bien, para buscar las debilidades y destacar las equivocaciones. Como si éstas fueran parte de la estructura. Una visión aldeana, la tranquilidad de que todo lo nuevo fracasará y especialmente concluir que al diverso le va a ir mal. El mismo hilo conductor: la aversión al riesgo de tener que cambiar las ideas. Como regla general, cuando nace un negocio atractivo, convoca inversiones. Una empresa seguirá creciendo hasta que los costos de continuar aumentando la escala superen los beneficios que se obtienen. En ese momento, la búsqueda de resultados tomará la dirección de encontrar nuevas formas de gestión, nuevos procesos, nuevas maneras de establecer sinergias con aliados, de bajar costos de control o de auditoría, de mejorar incentivos, de establecer reglas más eficaces y asegurar su cumplimiento. Los métodos para perfeccionar la organización y la gestión de manera de neutralizar los factores que limitaban el crecimiento son innumerables. Se trata de leyes generales que han seguido los negocios en la manufactura y los servicios. Algún día el concepto iba a llegar al agro. En la ganadería se orientó hacia el engorde intensivo a corral, semejante a un proceso industrial, incluso operando bajo techo. En la agricultura, contratando las tareas de mayor riesgo con pequeñas empresas capaces de establecer controles cercanos sobre los procesos. En la lechería, a través de la reducción del espacio y de la distancia a la sala de ordeñe, aumentando la intensidad de la alimentación, hasta llegar a los tambos permanentemente o estacionalmente estabulados. Las combinaciones son impredecibles y cada negocio encontrará sus trayectos de progreso. Lo que no se puede es soslayar la necesidad de conocer más adecuadamente las características y las reglas que explican el nacimiento y la arquitectura de estas empresas. Es necesario conocer la realidad para actuar sobre ella. Lo que está ocurriendo es desconocido, y no se puede definir con opiniones y prejuicios. Negocios de gran escala, procesos que van tomando características industriales, empresas corporativas y multinacionales operando en el campo, nuevas maneras de comercializar, financiar, acceder a la tecnología. Todo esto vino porque las condiciones de contexto se hicieron más favorables y los pronósticos nos hablan de la continuidad de estos factores. La conclusión debería ser que, si nos va a ir bien, esta modalidad empresarial continuará ocupando espacios mayores en el agro. Las tendencias serán difícilmente reversibles. Profundizar el conocimiento de transformaciones de tanta trascendencia debería ser una prioridad de la investigación. No está medido, pero si se pudiera establecer qué proporción del aumento del Producto agropecuario durante la última década ha sido responsabilidad de las grandes empresas, extranjeras y de carácter industrial, probablemente estaríamos más cerca del 80% que del 50%. Seguramente más de la mitad. Números como para interesarse. Interesar a la investigación, a la enseñanza, a la manera de recoger estadísticas y de programar encuestas y censos para medir eventos que no existían antes. El derrame Una preocupación que se levantó primero con la forestación y después con la producción de granos fue el riesgo de que la economía rural se fuera transformando en una actividad de enclave. Esto quiere decir que no se trasmitieran dinamismos hacia atrás o hacia adelante. Que la gran escala de operaciones hiciera necesario mantener menos empleos en el campo, pero que tampoco la actividad generara demandas de servicios e insumos de base urbana que dinamizaran el empleo urbano. Las cifras disponibles no permiten una medición exacta, pero, a partir de las encuestas de hogares del INE, es posible disponer de aproximaciones. El programa de Agronegocios de la Universidad Católica procesó datos del INE, comparando las tendencias del empleo y de los ingresos en Montevideo, el país urbano, los departamentos de Río Negro y Soriano (urbano y rural) como representativos de la zona agrícola núcleo, y Río Negro y Soriano urbanos como una aproximación al multiplicador proveniente de las zonas rurales. Los resultados se presentan resumidamente en el cuadro adjunto. Todos los indicadores muestran un crecimiento significativamente mayor para Río Negro y Soriano, y el impacto es tan fuerte para la población urbana como para la rural. Cifras parecidas se encuentran en otros departamentos, que han vivido los impactos de la agricultura y la forestación. En realidad, los problemas de crecimiento económico y competitividad se concentran en Montevideo. La burocracia con altas remuneraciones y baja productividad, los no transables de bajísima competitividad, la industria heredera de la sustitución de importaciones, cada vez menos competitiva. El problema, cada vez más, es Montevideo, empapada de la ideología ADEOM. Son dilemas para la reflexión y el diseño de mejores políticas públicas

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