31 de diciembre de 2010 17:19 PM
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El consumidor dijo basta

La demanda interna, que ya no convalida los precios al mostrador, sustituye la carne vacuna por el pollo o reduce la frecuencia del consumo.

Con respecto a noviembre de 2009, cuando empezó la espectacular suba de precios del ganado, los valores de la hacienda liviana de consumo y de feedlot llegaron a aumentar hasta picos de entre 125 y 140 por ciento. Los puntos máximos los tocaron en octubre pasado.Después de la importante baja de los últimos días del año, los precios del novillo todavía se ubican 100 por ciento por encima de noviembre del año pasado, mientras que la hacienda liviana cotiza entre 100 y 110 por ciento más arriba que hace 13 meses.¿Por qué, para fin de año, el mercado, lejos de subir, muestra esta debilidad y esta baja inesperada en los valores? Primero y fundamental, porque la demanda del consumo interno, que hoy tiene un papel excluyente en la formación de los precios, dijo basta, “hasta acá llegué”.Ya no es un problema de oferta: en octubre y noviembre, la faena se ha ubicado 35 por ciento por debajo del año pasado para la misma época. Por el lado de la oferta, más no se puede esperar. La suba de precios al mostrador, que en realidad muestra hasta dónde puede llegar el interés de la población por seguir consumiendo carne vacuna, habría sido del 100 por ciento en el último año según algunas encuestas privadas. Pero otras recientemente conocidas indican el incremento habría trepado al 120 por ciento desde noviembre de 2009.En diciembre del año pasado, los precios de la hacienda subieron entre 35 y 40 por ciento. Es cierto, la carne estaba muy barata y el aumento de la demanda, propio del fin de año, tomó al Gobierno, a los supermercados y a los frigoríficos sin reservas de carne en cámara.Pero este año fue diferente: se ratificó lo que se venía viendo desde hace ya varias semanas. Aunque la oferta fuera baja, e incluso que cayera adicionalmente, el consumo no estaba dispuesto a pagar un peso más, ni por el ganado ni por la carne.Después del repunte circunstancial de precios que se produjo para el Día de la Madre, los valores del ganado volvieron a su nivel original, en el marco de un mercado que ya daba señales de debilidad.Efectos. A estos precios al mostrador para la carne vacuna, se sustituye o directamente se come menos o se lo hace con menor frecuencia. Los consumidores han debido enfrentar en los últimos meses no sólo el aumento en el precio de la carne, sino también el de la mayoría de los alimentos, los combustibles, medicina prepaga, seguros, colegios, transporte, expensas y servicios.Además, ha comenzado a pesar –por ahora de manera moderada– el endeudamiento que han experimentado las familias para la adquisición de autos y bienes durables.La carne subió primero, y sacó una ventaja ilusoria, efímera, pero ahora la inflación comienza a carcomer los ingresos, en especial de los trabajadores informales o no sindicalizados. Ergo, los fondos disponibles en cada hogar para gastar en carne vacuna comienzan a achicarse.En otros productos de consumo masivo, hace meses que también se viene observando una baja en los volúmenes físicos demandados.En cuanto al pollo, el sustituto más inmediato, su producción, que cuenta con toda la simpatía y el apoyo del Gobierno nacional, se preparó este año para aprovechar lo que todos los economistas anticipaban como una fiesta, esto es, un fuerte aumento de la demanda por carnes (de todo tipo) para fin de año.

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