28 de junio de 2021 15:39 PM
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La carne, el kirchnerismo y la historia que se repite desde la tragedia a la farsa – Por Mauricio Bártoli

El estímulo al consumo interno de este producto ha sido una inquietud constante desde el primer peronismo. Las políticas ganaderas y las regulaciones de mercado actuales son similares a las implementadas durante el gobierno de Néstor Kirchner.

“La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, dijo Carlos Marx, un economista clásico muy apreciado por Axel Kicillof, el gobernador bonaerense que, por su influencia sobre la vicepresidenta Cristina Kirchner, es considerado el guía económico “en las sombras” del Gobierno nacional.

La frase, sin embargo, encaja perfecto con lo que por estos días expresan quienes están en las antípodas… Los especialistas en la cadena productiva de ganados y carnes dicen que se está cometiendo el mismo error que con el cierre de exportaciones de 2006, cuando se perdieron 10.000 millones de cabezas vacunas. “Fue una tragedia para los ganaderos, para la economía porque entraron menos dólares y para los consumidores que terminaron pagando la carne más cara”, explican.

Es probable que Kicillof y Alberto Fernández, dos “verdugos políticos” de Guillermo Moreno, el adalid de las restricciones cárnicas que comenzaron hace 15 años y se mantuvieron por casi una década, eviten opinar sobre ello en términos trágicos, y no quieran que se los trate de farsantes. Pero en este momento son varios los que –aun sin haber leído a Marx- aseguran que, “con el cepo exportador y el plan ganadero, el Gobierno solo busca culpar al campo de la inflación, en una pantomima con fines electorales”.

Todo es historia

Repasemos un poco la historia. Desde 1876, cuando llegó el primer buque frigorífico, la producción ganadera argentino tuvo un foco netamente exportador: la carne que no compraban los ingleses se vendía barata a los argentinos. Algo parecido, pero en sentido inverso, se pretende ahora: sólo lo que no se come en nuestro país se deja vender caro afuera.

Durante décadas, el comercio exterior marcó el pulso de la producción de carne vacuna. Y el rol de nuestro país se distinguía: un siglo atrás representaba más del 60% del comercio mundial.

Fue así hasta la llegada del peronismo, que con sus avances sociales popularizó el consumo interno. De hecho, entre 1943 –cuando comienza el accionar peronista- y 1956 –el año siguiente al derrocamiento- los kilos anuales por habitante pasaron de 65,3 a 100,8, el pico histórico nunca más alcanzado, que contrasta notablemente con la marca más baja en 100 años que se registra en este 2021: 45 kg/hab/año.

Con todo, prácticamente se exportaba la mitad de lo que se producía y el Reino Unido mantuvo su demanda: en 1955, el 80% de los embarques argentinos de carne vacuna tenían ese destino (un rol parecido al que tenía China hasta hace un mes:75%). Luego hubo varios años de relativo estancamiento, y en 1972 se habría reducido al 10% la participación argentina en el comercio mundial, aunque sostenía el 2° lugar del ranking, detrás de Australia. En 2019 volvió a subir al 3° puesto, hasta abril de este año.

El tercer gobierno de Perón volvió a impulsar un repunte del consumo interno, que recuperó niveles de 90 kilos por habitante por año. Después, esa cifra fue bajando y la producción osciló entre 2 y 3 millones de toneladas anuales de producción hasta el presente siglo XXI.

Mientras tanto, el gobierno peronista de Carlos Menem dejó su sello liberal sobre la ganadería vacuna y su cadena comercial: eliminó la Junta Nacional de Carnes, dio más poder de control al SENASA y en 1996 creó la ONCCA, para la regulación comercial más allá de lo sanitario. Pero los niveles de producción y exportación no variaron demasiado.

Tras la debacle de la Convertibilidad, casi a la par de la crisis productiva por la fiebre aftosa, los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner lograron recuperar los niveles de producción y consumo, hasta llegar a 2005, uno de los mejores años que se recuerden para la cadena de ganados y carnes, según coincidieron Miguel Schiariti, fundador y presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) y Carlos Riusech, titular de Frigorífico Gorina y vicepresidente del Consorcio ABC de Frigoríficos Exportadores.

En el esplendor del kirchnerismo, el stock ganadero era de 58,5 millones de cabezas y aumentaba (con una participación de hembras en la faena de 43,4%) y la producción de carne vacuna llegó a 3,132 millones de toneladas, de las cuales se exportaron 771.427 toneladas, y el consumo interno era de 61 kg/hab/año. Excepto por este último dato, es una foto parecida a la de abril de este año.

Schiariti pondera, en su libro “La máquina de picar carne”, que 2005 mostró un equilibrio virtuoso, con incremento de la producción y la exportación de 1 de 4 kilos (24%). Luego, hasta 2015, el porcentaje cayó hasta 7%. Recién en los últimos dos años volvió a subir hasta el 30%.

2006, un año para recordar

Cuando se intensificó el debate por los precios de la carne, un mes atrás, el Presidente afirmó que había actuado contra prohibiciones a las exportaciones 15 años atrás. “Las revertimos nosotros, con Néstor. Me acuerdo porque yo levanté la medida”, dijo, entrevistado por Ernesto Tenembaum y María O’ Donell. También afirmó que las restricciones duraron solo 6 meses.

El mismo Alberto Fernández les dijo a los dirigentes agropecuarios, el último martes, que era “el principal interesado en levantar el cepo, para conseguir las divisas que necesita la economía”.

La realidad es que fue Néstor Kirchner el que cerró las exportaciones en marzo de 2006 y en abril designó Secretario de Comercio Interior a Moreno, quien encarnaría la política sectorial que se mantuvo hasta 2015.

Las visiones y decisiones tomadas en ese período tienen una notable similitud con la cronología de los últimos meses.

-Precios: En septiembre de 2005, el Gobierno y los frigoríficos acordaron bajar 10% el precio de 5 cortes de consumo interno masivo: el “infaltable” asado, paleta, carne picada, bife ancho y carnaza. En este 2021 se lanzó el programa de cortes a precios populares, primero con 6 cortes hasta llegar a los actuales 11. En ambos casos, se argumentó que la carne aumentaba su valor más que el promedio de otros productos.

-Más producción: El plan ganadero de 2005 primero apuntó a un incremento gradual del peso de faena, que apuntaba a prohibir hacerlo en animales de menos de 300 kilos. Se buscaba incrementar la oferta de carne un 5% en pocos meses. Pero los precios no bajaban y la presión política forzó desincentivos a la exportación: se eliminaron los reintegros y se elevaron las retenciones hasta el 15%. Actualmente se plantea un aumento productivo de 3 a 5 millones de toneladas por año. Se destinarían 3 millones de toneladas para el mercado interno, que podría llevar el consumo local a más de 70 kilos por año por habitante, y 2 millones para exportación, que duplicaría las exportaciones del último año.

-ROE y DJEC: En febrero de 2006, la entonces ministra de Economía, Felisa Miceli, anunció la creación de un Registro de Operaciones de Carne, antecedente de los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) que luego se utilizaron para regular discrecionalmente las ventas externas. Este año se implementaron las Declaraciones Juradas de Exportaciones Cárnicas (CJEC) para administrar los permisos de embarque.

-Créditos y cupos: en julio de 2006, Moreno lanzó el plan “Más Carne”, que prometía créditos blandos para impulsar la inversión ganadera -parecido a lo que se bosqueja actualmente- y redujo los cupos de exportación de 65 a 45 mil toneladas mensuales. Ahora el cupo mensual establecido es de 30.366 toneladas.

-La liquidación indeseada: A partir de las intervenciones de Moreno, aumentó la faena con un alto porcentaje de terneras y vacas enviadas a los frigoríficos. Por la mayor oferta, los precios al consumidor bajaron, pero se estaba incubando una fuerte liquidación de stocks, que llegó a 10.000 millones de cabezas de hacienda vacuna: el 20% del rodeo nacional. En diciembre de 2007, la faena de hembras llegó a representar el 49,7, con lo cual casi la mitad de los bovinos que se sacrificaban eran madres potenciales, fábricas de nuevos terneros.

Tres miradas sobre la realidad

Es interesante tener en cuenta que, según la FAO, en 1954, la carne representaba el 46,1% del gasto en alimentos de una familia argentina (lo mismo que en Francia y sólo un poco más que en Australia -42%- y Estados Unidos -38,3%). Actualmente, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC adjudica a las carnes un 8,93% (a la vacuna, un 5,45%) de la canasta de alimentos.

En definitiva, la carne no es peronista, como los días soleados… pero quienes se identifican con esas ideas partidarias, están convencidos de que en una buena mesa de los argentinos no debe faltar el asado, y, aunque con menos exigencia, tampoco los bifes y las milanesas. Consideran a la carne como un “bien público”, más allá de que las vacas no son un recurso estatal, sino una producción privada.

Del otro lado, una cadena de 400.000 personas, desde los ganaderos hasta los empleados de los frigoríficos, se resisten a que las restricciones exportadoras opaquen el desarrollo de toda la actividad y les reduzca los ingresos por su trabajo e inversiones.

Como terceros en discordia están los consumidores-votantes, que mientras miran los precios, analizan a quién creerle y a quién echarle la culpa.

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