5 de diciembre de 2009 08:07 AM
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LA COMPLEJA CAMPAÑA SOJERA: SEQUIA, EXCESOS HIDRICOS, PLAGAS Y ENFERMEDADES

Técnicos y empresas de monitoreo ya se despliegan por todo el país para defender los rindes de la soja

La campaña de gruesa que está en sus comienzos pinta complicada en materia de plagas. A las ya tradicionales se le suman otras no tan comunes, que cobran relevancia en situaciones de déficit o exceso hídrico, según la región del país. Clarín Rural dialogó con empresas de monitoreo y expertos en plagas de distintas regiones, para conocer cómo se preparan para realizar un trabajo efectivo y a tiempo.

En el sudeste de Buenos Aires, Agustín y Esteban Bilbao tienen su empresa de monitoreo de plagas, la cual creció rápidamente de la mano de su conocimiento en plagas no tradicionales, como lo eran tiempo atrás babosas y bicho bolita. "Nuestro principal servicio es monitorear, cuantificar y recomendar estrategias de intervención para combatir plagas", remarcó Agustín. En la presente campaña prevé un importante crecimiento, en su región, de tucuras e isoca bolillera, asociadas al cultivo de soja.

Ambientalmente fue y aún es un año seco en el sudeste bonaerense. "El sector comprendido desde Necochea a Mar del Plata todavía no recibió lluvias importantes en milimetraje acumulado", describió Agustín. Por eso, la abundancia de plagas "está siguiendo un patrón típico de año seco", describió.

Sirva como referencia que en lo que va del año "llovieron en promedio 550 milímetros, cuando lo normal serían 890 milímetros, y ya estamos en diciembre", agregó. Por lo tanto, los monitoreos de setiembre arrojaron valores considerados normales, indicó el especialista. "El 15% de los lotes tenía presencia abundante de babosas, en tanto que el 30% estaba afectado por bicho bolita" (Ver Bolitas contra…).

La demora de la lluvias afianzó la situación de sequía, favoreciendo aún más a los bichos bolitas. "Llegamos a encontrar en noviembre presencia de esta plaga en el 45% de los lotes monitoreados", destacó. En cambio, el nivel de babosas cayó drásticamente y no superó el 5% de lo lotes. "Evidentemente, el bicho bolita prolifera en ambientes húmedos (lotes con cobertura), pero no en suelos saturados", destacó Bilbao. La causa sería la menor proliferación de enemigos naturales ¿principalmente hongos- que actúan disminuyendo su población.

Otra plaga que está siendo problemática es la tucura. Al igual que en la campaña pasada, los niveles encontrados en sojas recién emergidas es elevado. "En estos casos, la estrategia es realizar una intervención con insecticidas específicos como Fipronil, y actuar sobre el estadío de saltona, que es el momento de mayor susceptibilidad", enfatizó.

De seguir estas condiciones, Bilbao espera también importantes ataques de arañuela, trips, y las ya tradicionales isocas defoliadoras.

En pleno corazón de la Zona Núcleo, el panorama es diferente, aunque ello no pone a los campos a salvo de las plagas. Por el contrario, la mayor superficie de soja, principalmente de primera, "está aumentando la demanda de servicios de monitoreo", precisó Federico Zorza, perteneciente a la empresa Agritest.

Si bien la situación hídrica de otoño e invierno no fue buena, "las lluvias aparecieron desde finales de octubre, con acumulados que en mucho casos superan los 200 milímetros en un mes", precisó Zorza. Este pico de precipitaciones, si bien sirvió para recargar los perfiles, atrasó la siembra de la soja de primera y la concentró en poco tiempo, mientras que la de segunda se largará en unos días.

Las consecuencias de las lluvias también se hacen sentir en la disponibilidad de equipos pulverizadores, ya que la falta de piso está retrasando el control de malezas. "Todo el mundo necesita aplicar en el corto plazo y se genera un cuello de botella por la disponibilidad inmediata de equipos", agregó Zorza.

En cuanto a la presencia de plagas, y a pesar de las lluvias, la isoca bolillera está presente, "causando daños en estadíos tempranos del cultivo de soja", destacó. También hubo reportes de necesidad de intervención química por presencia de grillo subterráneo, bicho bolita y babosas. "Estamos afinando el conocimiento y la puntería en plagas nuevas, o poco comunes para la zona", enfatizó Zorza.

Respecto a las más tradicionales, como el complejo de isocas defoliadoras, "estamos incorporando como estrategia de manejo químico el uso de la nueva gama de insecticidas", remarcó Federico, que demandan un "mayor conocimiento sobre la biología de la plaga y su interacción con el cultivo, para intervenir a tiempo". Es un manejo más preciso y profesional, que demanda un aprendizaje para usarlos correctamente.

En cuanto a las enfermedades, Zorza cree que "será un año favorable para las enfermedades de fin de ciclo (EFC), ya que la humedad ambiente las favorece", afirmó el profesional. En consecuencia, la demanda de monitoreo de cultivos se ve incrementada. Por su parte, en el sur de Buenos Aires, Bilbao sostiene que "si bien las lluvias aún no llegan, estamos teniendo problemas con Cercospora kikuchii; y debemos aprender a manejarla". Según el especialista, "las experiencias de más al norte sirven, pero no se pueden extrapolar de manera directa. Hay que hacer experiencia local".

Como plaga creciente, ambos técnicos ven en la arañuela roja un nuevo enemigo, que hay que conocer y aprender a manejar.

Está claro que el conocimiento de la plaga, el cultivo y su interacción es la clave para un manejo integrado; lo cual requiere de un monitoreo serio y profesional.

Hay empresas que asumen el desafío y se actualizan en forma permanente para responder a una demanda creciente de los productores y las empresas agrícolas, en el trabajo en red que ha permitido el gran crecimiento de este sector en los últimos años.Duro con los bichos

En el sudeste bonaerense la suma de la implementación de la siembra directa y las condiciones climáticas (temperaturas templadas y un régimen de 950 mm anuales de precipitaciones) generan una alta acumulación de rastrojo en superficie, y un ambiente propicio para las babosas y los bichos bolita.

Según el ingeniero Agustín Bilbao, se trata "de plagas polífagas, que se alimentan del cultivo durante la implantación, royendo semillas, cotiledones, hipocótiles y hojas, produciendo en muchos casos el retraso del cultivo, una importante baja del stand de plantas (pérdidas económicas no visibles), y hasta la necesidad de resembrar, con los inconvenientes económicos y logísticos que esto genera".

En cuanto a la variación interanual se puede ver un comportamiento diferencial para la zona costera y la continental. Esta última es más explosiva bajo determinadas condiciones climáticas. Se observó que las hectáreas afectadas y la densidad de plagas por unidad de superficie se reducen mediante la implementación de las prácticas culturales adecuadas y controles sectorizados con cebos tóxicos. En caso de superarse los umbrales de acción, el manejo con cebos es una excelente herramienta. Estas plagas son de poca movilidad y en general se encuentran "en manchones" dentro de cada lote, y esos sectores son los tratados químicamente. Los cebos pueden aplicarse con tolvas centrífugas o, en casos particulares, con la misma sembradora.

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