9 de julio de 2021 16:49 PM
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Una Pyme encontró una posibilidad de exportación en alimentos con carne cocida

Producen 50 toneladas de comidas elaboradas por mes; la mitad va afuera. Trabajan para las grandes cadenas de la región.

En el 2006, en pleno despertar de la ola emprendedora en la Argentina, Miguel Ruedin y Federico Belaústegui empezaron a trabajar en una idea que les permitiera incluir su interés por la alimentación y por la innovación en el sector. Aspiraban a un modelo de producción que apuntara tanto al mercado interno como a las exportaciones. Nació “Pampa Bistro”, que fabrica unas 50 millones de toneladas de alimentos al mes y cuenta con 20 empleados; la mitad va afuera.

Primero trabajaron en una planta piloto y después compraron una fábrica en Lanús que estaba abandonada, la modificaron y refuncionalizaron con el asesoramiento del Senasa y pudieron certificar para exportar carne cocida a la Unión Europea.

Comenzaron produciendo comidas ya terminadas en bandejas que empezaron a distribuir en los supermercados. “El margen era poco, los pagos a largo plazo; era mucho esfuerzo comercial y no nos sobraba nada”, cuenta a LA NACION Belaústegui. En 2007 hacen la primera exportación de empanadas a Alemania.

“La certificación de carne cocida para Europa nos abrió esa posibilidad -agrega-. Sumamos la producción de preparados para los súper que vendían con su propia marca y empezamos a hacer productos para otras empresas, como cadenas rápidas de comida. Nos fuimos transformando”.

Belaústegui enfatiza que “nada fue de un día para el otro, fue un ladrillo detrás de otro”, Hoy tienen en su portafolio de clientes a las empresas de comida rápida más importantes del país y de la región, por lo que empezaron a exportar para ellas a países de Latinoamérica.

Son compañías que, con productos estandarizados en todo el mundo, empezaron a reemplazar algunos con fabricaciones regionales. Pampa Bistro elabora hamburguesas en base a cerdo, carne vacuna, quinoa, rellenos para fajitas, rebozados con queso y “todo lo que nuestros clientes van necesitando”.

“La pregunta que empezamos a responder fue ‘y esto quién lo hará’ -describe Belaústegui-. A diferencia de las empresas muy grandes, somos flexibles y podemos pasar de una elaboración a otra. Encontramos una oportunidad en la producción para ese mercado”.

La pandemia y las restricciones gastronómicas por las cuarentenas los afectó, pero en los últimos meses empezaron a “normalizar” la fabricación. Hoy el mix de mercados es 50% y 50%. Por caso, en Chile cortaron envíos en marzo pero ya se estabilizó y, además, abrieron ese mercado para otro producto.

En la empresa continúan invirtiendo en certificaciones para sumar destinos; la última es BRC (sigla de British Retail Consortium), la norma británica de seguridad alimentaria. “Fuimos construyendo el esquema en estos 15 años y aprovechando que los otros autorizados para exportar carne cocida son frigoríficos que no lo hacen”, apunta Belaústegui.

La empresa integra toda la cadena, ya que se encarga de comprar los insumos, elaborarlos y entregarlos. La inversión en tecnología le permitió producir más por metro cuadrado y, a la vez, los dota de más flexibilidad para avanzar en nuevos productos. Los socios admiten que, a veces, pueden tener costos más altos porque deben fabricar en menor volumen para determinados clientes.

“Pasa que hay muchos productos globalizados, que en todo el planeta son iguales -señala-, pero proponemos a las empresas clientes y de esa manera hemos sumado muchos ítems. Es parte de nuestra dinámica de funcionamiento”.

El equipo de calidad es una pata clave de la compañía, que recibe auditorías permanentes de sus clientes. El mercado internacional de la carne procesada -más chico que el de la carne fresca- tiene a Brasil como principal competidor regional. Ese país viene creciendo fuerte en la última década. Hasta el momento Pampa Bistró no registra problemas de exportación, incluso no la afectó el cepo a la carne porque sus ventas tienen otra posición arancelaria.

Del total de la carne que la Argentina exporta, entre el 27% y 28% son cortes que no se consumen en el mercado interno o bien en elaboraciones como chacinados, carne cocida, relleno de ravioles, hamburguesas, empanadas (elaboradas o solo el relleno).

Gabriela Origlia

Fuente: La Nacion

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