11 de julio de 2021 11:43 AM
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El Mercosur otra vez

La agenda comercial de Uruguay ha generado más frustraciones que éxitos. Esta semana nuestro país volvió a explicitar en el Mercosur su intención de ir por más apertura, con la novedad que Brasil lo apoya. ¿Habrá avances esta vez? Para el agro, es un asunto clave.

Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista

Uruguay reafirmó en el Mercosur que quiere avanzar en acuerdos comerciales con otros países, ante el estancamiento de la agenda comercial del bloque. Para el sector agropecuario es un asunto clave porque casi todas las cadenas de agronegocios tienen restricciones comerciales muy significativas, con cuotas y aranceles que impiden mayores exportaciones y -por tanto- mayor producción. Además de esas restricciones, visibles y cuantificables, la falta de acuerdos comerciales amplios limita posibilidades de crecimiento y desarrollo de sectores de la industria alimentaria y otros agroindustriales, así como en servicios, en dimensión más difícil de cuantificar pero sin dudas significativa.

El caso de la carne es emblemático: en los últimos años la carne bovina pagó aranceles a las tesorerías de otros países por unos U$S 200 millones para ingresar a sus mercados, lo que implica una carga arancelaria efectiva promedio de un 11,7%. Para ingresar a China, Uruguay paga 12% de arancel, para ingresar a EEUU y Canadá fuera de las cuotas, paga 26%. Para exportar a Europa, el arancel en la Cuota Hilton es 20%, mientras que en la querida cuota 481 es 0%. Fuera de cuotas, hay un arancel de 13% más 2.000 U$S/ton, lo que equivale a una tasa efectiva de 40-60% según el corte. Casi prohibitiva.

La carne es el sector que paga más aranceles, pero no es el único: el sector lácteo paga cerca de U$S 30 millones por año y el arroz casi U$S 15 millones. Cueros, lanas, cítricos, también enfrentan restricciones en cuotas y aranceles. Otros sectores pagan menos, sencillamente porque las restricciones comerciales son tan altas que el crecimiento exportador está condicionado, caso de la carne ovina.

China es nuestro principal mercado (gráfica) y el segundo puesto se disputa entre la UE y Brasil. Éste es un mercado clave para Uruguay, a pesar de algunas dificultades en frontera (hoy por hoy menos frecuentes). Lácteos, malta de cebada, otros productos alimenticios e industriales, tienen a Brasil como mercado principal, por lo que optar “entre China y Brasil” no parece una opción sensata. Tal como planteó el presidente Lacalle Pou, Uruguay va a quedarse en el Mercosur y lo que busca es más apertura.

De hecho, más allá de la voluntad individual de Uruguay, para que el Mercosur inicie un camino de mayor apertura es clave la posición de Brasil (que es el 70% del PBI del bloque), y todo indica que los norteños están en la misma línea que el gobierno uruguayo. Para su presidente Jair Bolsonaro la agenda del Mercosur está lejos de ser una prioridad, dados los cuestionamientos políticos internos a su gestión, pero en el gobierno brasileño parece haber primado la visión de su ministro de Economía, Paulo Guedes, que apunta a que su país sea más abierto y competitivo. Brasil tiene la presidencia pro témpore en este semestre y veremos qué fórmula se plantea para avanzar en este plano.

Argentina, claro está, rechaza cualquier posible apertura y si termina acompañando al menos parcialmente alguna medida, será a regañadientes. Impera en Argentina una visión proteccionista, emparentada con las aspiraciones de un desarrollo industrial autónomo y sustituidor de importaciones, un enfoque predominante en otras épocas en todos los países, que hoy luce perimido por el avance de la globalización, con sus virtudes y desafíos. Sin embargo, Argentina tiene un punto de razón: si los países comienzan a encarar acuerdos bilaterales con terceros, el Mercosur como Unión Aduanera se desvirtúa y se incumple el Tratado de Asunción.

Habrá que ver entonces qué fórmula se toma para avanzar sin desmerecer el Tratado el cual -por otra parte- ha sido muchas veces incumplido. El Arancel Externo Común ha sido reiteradamente perforado, al tiempo que la zona de Libre Comercio de bienes entre los países ha sido trabada también varias veces, especialmente por Argentina con su referida política de protección industrial.

En el caso de Paraguay, su posición tampoco es afín a la de Uruguay y Brasil. Hay que recordar -siempre es bueno tener a mano los mapas- que Paraguay es un país mediterráneo cuya salida comercial (la hidrovía) atraviesa la Argentina. Además, Paraguay tiene relaciones comerciales con Taiwán y no con China, que es el principal mercado para Brasil y para Uruguay, y con el cual nuestro país se plantea hacer un acuerdo de libre comercio.

Un acuerdo con China tendría un impacto inmediato en reducción de aranceles y en una relación más firme y amplia. Posiblemente también, ciertas discrecionalidades que plantean los chinos en las compras de nuestros productos quedarán más restringidas. Lo de las etiquetas en la carne fue uno de los ejemplos más notorios, pero no el único; los chinos también exigen en granos, lácteos, productos forestales, con planteos que a veces son imprevistos y ponen a los exportadores bajo permanente estrés. Un acuerdo de libre comercio -se supone- normaliza todas esas exigencias y hace el intercambio mayor y más previsible.

En cuanto a reducción de aranceles, sería un avance clave, pues nos acerca a la posición competitiva de los países de Oceanía, que ya tienen acuerdos de libre comercio con China y van bajando paulatinamente las restricciones arancelarias. Uruguay está bastante más lejos de China que Australia y Nueva Zelanda, y si a eso le agregamos más aranceles, no resulta fácil competir.

La voluntad comercial. Quienes no están del todo convencidos de apoyar la vocación aperturista del gobierno (otros la rechazan de plano) argumentan que la apertura comercial tiene costos, y es indiscutible: al abrir la economía con acuerdos de libre comercio, la producción nacional queda expuesta a la competencia de la contraparte, por lo que es muy importante qué se negocia y cómo. Pero los críticos suelen soslayar un asunto crucial: si el resto del mundo comienza a comerciar más entre sí -como ha sucedido en las últimas décadas- la economía global mejora su productividad e ingreso, y los que no nos sumamos a la tendencia la vemos de afuera. No es una cuestión de modas o de “estar a la altura de los tiempos”; se trata de crecer con el mundo o quedar fuera de esa dinámica, con más restricciones y dificultades.

Dicho todo esto, hay que reconocer que tampoco le ha sido fácil al Mercosur encontrar socios. Principalmente por su aversión al comercio, pero también porque otros países o bloques exigen lo suyo. La frustrante negociación con la UE es un claro ejemplo: se logró convenir un acuerdo y -sin embargo- varios países del bloque europeo lo han rechazado. Es posible pensar -sin embargo- que Europa cambiará su posición si el Mercosur avanza con China, lo mismo que EEUU; una cosa es la dificultad bilateral, otra perder pie en una región como América del Sur que -mal que bien- es estratégicamente importante por diversas razones.

¿Y por casa? El camino hacia una mayor apertura comercial tiene que ir de la mano de una mayor apertura interna en la economía, y en este punto Uruguay anda a media máquina. Al entrar al Mercosur Uruguay resignó buena parte de su actividad industrial, expuesta a la mayor escala de las industrias regionales, además del empuje de la oferta industrial asiática. Sin embargo, nos empecinamos en mantener los monopolios de las empresas estatales energéticas, con el argumento de preservar su posición estratégica para el desarrollo industrial.

No parece coherente. Probablemente Uruguay podría tener un desarrollo industrial más dinámico, con más espacio para las agroindustrias alimentarias, si se avanzara tanto en la apertura externa como en la interna, en términos de libertad de mercado y clima de negocios.

Algo similar puede decirse de la política laboral, donde están pendientes cambios pedidos por la propia OIT. Si el país plantea insertarse más competitivamente en la economía global (tanto en bienes como en servicios), parece mejor que las negociaciones laborales sean básicamente bipartitas, como plantea el organismo, con centralidad en la empresa y con la productividad como aspecto clave para incorporar. De manera que las empresas tengan mayor capacidad de adaptación y conquista de nuevos mercados y oportunidades, con la consecuente mejora en el ingreso de los trabajadores. La negociación laboral en Uruguay aún está lejos de eso y es un problema. Mientras, en UPM 2, a pesar de los resguardos laborales incluidos en el contrato entre el Estado y la empresa, las obras en la planta de Durazno ya acumulan 2 semanas sin trabajo por el conflicto con el sindicato.

La Niña no se va

El Centro de Predicciones Climáticas de los EEUU divulgó esta semana sus pronósticos para los próximos meses, con alta probabilidad (60%) de que las condiciones de Niña (baja temperatura en el Pacífico Oriental) se mantengan en primavera y verano.  Esto implica que las probabilidades de condiciones de clima seco son mayores. En la gráfica la evolución de la temperatura respecto a la media histórica en el Pacífico Oriental. Cuando está por debajo (azul) son condiciones Niña; por arriba (rojo) Niño.

Fuente: El Pais

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