18 de julio de 2021 12:52 PM
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El desafío de la agricultura: mitigar el cambio climático y adaptarse a los cambios

El aumento de las temperaturas, de las modificaciones en el régimen de lluvias y del incremento en la frecuencia y severidad de fenómenos meteorológicos extremos tendrá un impacto relevante en la productividad.

Guillermo D. Rueda

   “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive; tampoco la más inteligente. Es aquella que se adapta mejor al cambio”. Charles Darwin (1809-1882), biólogo inglés, en El origen de las especies, 24 de noviembre de 1859.

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   El término cambio climático comenzó a desandarse en la década del ochenta, a partir de numerosas comprobaciones, y publicaciones, acerca de las fortalezas y de las debilidades que producía en la generación de alimentos en todo el mundo.

   “Hasta el año 2000 nos ocupábamos bastante sobre el cambio climático: si era de origen humano o qué medida podíamos tomar para mitigar sus efectos”, dijo Carlos Zotelo, del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (Cerzos) del Conicet.

   “De todos modos, hoy el problema ya no es el cambio climático, sabido que se trata de un ciclo natural en el cual el hombre tiene un activo grado de participación, sino que, desde el año 2012, se acentúa la variabilidad climática”, sostuvo.

“Se trata de procesos muy extremos”, afirmó el climatólogo Carlos Zotelo, en un reciente diálogo con La Nueva.

   En este sentido se coincide desde Argenbio, cuando se afirma que ya casi nadie discute que el cambio climático es una realidad preocupante y que se origina, en gran medida, por la acción del hombre.

   “Frente a este escenario, Gobiernos, organizaciones y expertos trabajan para lograr un objetivo ambicioso: un futuro de cero emisiones. De este modo, la agricultura está estrechamente relacionada con el cambio climático”, se aseguró.

Fuente de las infografías: Graham Brookes (2020) / argenbio.org

   Pero también que la agricultura es parte del problema, ya que contribuye con una parte significativa de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.

   Otro aspecto que se considera es la afectación por el calentamiento global.

   “Así, el desafío que hoy enfrenta la agricultura es doble: mitigar el cambio climático y, al mismo tiempo, adaptarse a los cambios, de modo de no perder la capacidad de producir los alimentos que el mundo necesita”, se apreció.

   Ahora: ¿Cómo puede la biotecnología agrícola ayudar en la mitigación del cambio climático?

   La biotecnología agrícola contribuye a reducir las emisiones de gases de invernadero y, por lo tanto, a mitigar el cambio climático.

   La adopción de los cultivos transgénicos, a partir del año 1996, permitió adoptar prácticas que favorecen el secuestro de carbono en el suelo y reducen el uso de energía.

   De este modo, los cultivos tolerantes a herbicida han facilitado la adopción de prácticas conservacionistas, como la siembra directa (SD), que reducen la pérdida de carbono y la erosión del suelo, el uso de combustible, y las emisiones de dióxido de carbono (CO2).

Los cultivos resistentes a insectos requieren menos aplicaciones de insecticidas, lo que resulta en un ahorro en combustible y, por lo tanto, menos emisiones de CO2.

   En el año 2018 hubo una reducción de, al menos, 47,8 millones de kilos de ingredientes activos de herbicidas e insecticidas. Así, la disminución en las aplicaciones y en el laboreo redujo las emisiones en 23 mil millones de kilos de CO2, lo que equivale a sacar 15,3 millones de autos de las calles.

   Otro aporte: ¿Cómo puede la biotecnología agrícola ayudar en la adaptación al cambio climático?

   Está claro que el cambio climático, a través del aumento de las temperaturas, de los cambios en el régimen de lluvias y del aumento en la frecuencia y severidad de fenómenos meteorológicos extremos, tendrá un impacto importante en la productividad agrícola.

   Por un lado, los cultivos se verán amenazados por estreses abióticos, como la sequía, el calor y las inundaciones, y por estreses bióticos, como nuevas plagas y enfermedades, que aparecerán con estos cambios.

   Desde la entidad nacional se asegura que la biotecnología agrícola puede contribuir —en forma significativa— a superar estos desafíos, ya que brinda herramientas para mejorar la capacidad adaptativa y productiva de los cultivos a través de la introducción de características específicas.

   Estos son los casos:Recibí los Newsletters de La Nueva sin costo

—Resistencia a: insectos, para proteger a los cultivos de las principales plagas, y a hongos, virus y bacterias, para protegerlos de enfermedades.

—Tolerancia a: herbicidas, para brindar más opciones para el manejo de malezas; a salinidad; a sequía; al frío y a las heladas; al calor y a la inundación.

—Mejor aprovechamiento del nitrógeno, a fin de producir más con menos.

“Hay que redireccionar la agenda para atraer al sector privado”

   “Latinoamérica debe tener como bandera a la bioeconomía; y ahí nosotros tenemos ventajas con respecto al resto del mundo. La provincia de Santa Fe, por ejemplo, siempre fue un gran productor de granos que apoyó la siembra directa, pero ahora se plantean nuevos desafíos: buscar talentos, financiamiento, equipamiento, establecer un marco normativo o regulatorio, adoptar nuevas tecnologías y administrar soluciones para esos desafíos”.

Francisco Buchara, secretario de Asuntos Estratégicos de la provincia de Santa Fe.

   Lo aseguró Francisco Buchara, secretario de Asuntos Estratégicos de la provincia de Santa Fe, en el marco de la reciente Cumbre AllBiotech, el evento virtual que reunió a jóvenes líderes del ámbito de la biotecnología para debatir sobre los retos que enfrenta la bioeconomía en la región y crear iniciativas para atenderlos.

   Buchara dijo que Santa Fe ya tiene un polo dedicado a la biotecnología y que, ahora, tienen que redireccionar la agenda para atraer al sector privado hacia la bioeconomía.

   “El Estado provincial podría dar aportes no reembolsables, o subsidios a la investigación y la ciencia, creando un Fondo Soberano del Conocimiento, como tienen hoy Finlandia o Noruega. Podríamos crear un fondo público-privado de financiamiento para emprendimientos científicos y tecnológicos en etapas tempranas, cuando hay más riesgos”, explicó.

   También dijo que otra iniciativa que están llevando adelante se denomina agro-makers, con jóvenes del interior provincial para desarrollar proyectos concretos, además de las materias tradicionales, y plantear soluciones para la comunidad.

   Buchara sugirió pasar del conocimiento a la acción, como con la incorporación de jóvenes a la toma de decisiones; más mujeres en cargos directivos; potenciar a la bioeconomía y a la biotecnología, como un gran puente del conocimiento que se transforme, luego, en un producto o un servicio, y generar diálogo entre los países latinoamericanos, aprovechando que tenemos un idioma y una cultura en común.

“Para llevar adelante estas estrategias necesitamos un marco normativo y líderes e iniciativas, que ya las tenemos en América Latina, pero debemos potenciarlas para pasar al próximo nivel”, indicó Buchara.

   Por su parte, Sandra Sharry, de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP y del Laboratorio de Biotecnología y Bioprospección Universidad Nacional de Río Negro (CICPBA), dijo que el futuro ambiental, social, cultural y bioeconómico de los países de América Latina dependerá de la gestión y el uso sustentable de la biodiversidad.

   “En tal sentido, existen tres razones básicas por las que esta región del planeta (por Latinoamérica y el Caribe) debe apostar por la bioeconomía: biodiversidad y biomasa residual, talento humano y voluntad política”, aseguró.

   Sharry comentó que es fundamental brindar valor agregado a la biodiversidad a través de las tecnologías, generar beneficios sociales y amigables con el ambiente, e involucrar a las comunidades locales. También dejó en claro que, si bien hay varias visiones sobre el tema bioeconomía, la latinoamericana se basa fundamentalmente en el uso de la biodiversidad y los recursos genéticos.

   “Importan también los enfoques que tienen en cuenta cuestiones sociales, tales como invertir en educación e investigación, favorecer entornos sociales e industriales innovadores, y en el diálogo que llevará a una sociedad más inclusiva y sostenible”, describió.

Sandra Sharry, de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP.

   “La biodiversidad debe tener en cuenta, además de la variedad de genes, de especies y ecosistemas, a la diversidad química y a la diversidad cultural. Por eso la biotecnología ofrece una oportunidad de convertir a la biodiversidad en un factor de desarrollo económico y social, a través de su valoración, uso sostenible y conservación”, explicó Sharry.

   “En esta ecuación, la biotecnología brinda herramientas como, por ejemplo, clonación, propagación y generación de líneas celulares, y la biodiversidad los insumos o recursos”, agregó.

   “La biodiversidad puede ayudar al desarrollo de biomateriales y de bioinsumos para las industrias alimenticia y farmacéutica, y para eso hay que darle valor agregado a través del conocimiento”, amplió.

Fuente: lanueva.com

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