25 de julio de 2021 11:42 AM
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Carne: el boca de urna ya da perdedor al Gobierno

El cepo a la exportación lleva más de 60 días y el valor del alimento sigue firme. Mientras tanto, la cadena bovina ya siente los impactos negativos de la intervención.

Apoco más de dos meses del inicio de las restricciones a las exportaciones de carne vacuna (arrancaron el 17 de mayo), el principal objetivo que tenían sus precursores, que el precio del alimento bajara en el mercado interno, no se está cumpliendo. Todo lo contrario.

El mes pasado, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reflejó aumentos entre 2,6 por ciento y 5,3 por ciento en los precios de los diferentes cortes al mostrador, lo que confirmó los razonamientos –mayoritarios– que aseguraban el fracaso de la medida.

Aquellos que coinciden con la biblioteca adoptada por el Gobierno nacional podrán decir que la medida intervencionista es demasiado reciente para que ya se perciban sus resultados. El problema es que algunos de los eslabones de la cadena bovina ya comenzaron a sentir los efectos nocivos del cepo, cuyo descalabro va camino hacia una tendencia definitiva.

Marcos es un productor de hacienda de exportación, con un establecimiento ganadero inscripto como proveedor para la cuota Hilton, en el sur de Córdoba. Sus novillos y vaquillonas pesadas con destino al cupo europeo –uno de los pocos mercados que quedó fuera de la restricción al comercio exterior– son faenados en un frigorífico habilitado en La Pampa.

En el transcurso de una semana, el kilo de sus animales, cuyo valor se fija por rendimiento, perdió 4,6 por ciento. De 330 pesos que le pagaban el kilo de novillo pesado a comienzos de julio, el precio cayó la semana pasada a 315 pesos.

Con un peso vivo de 470 kilos y un rendimiento de alrededor del 55 por ciento, los 260 kilos de carne al gancho representan una facturación de 82.215 pesos, 3.915 pesos menos con relación a la semana previa, cuando le abonaban 86.130 pesos. Es decir que, en siete días, por cada jaula con 30 novillos que el productor envía al frigorífico pierde 117.450 pesos.

¿Por qué el productor sufrió la baja en la cotización, si la carne es para abastecer un mercado sin restricciones, como es la cuota Hilton? La respuesta es por las dificultades que tiene el frigorífico para colocar el resto de la media res en otros destinos de exportación, donde ahí sí los envíos se redujeron a la mitad.

Las consecuencias de este nuevo escenario harán que Marcos, como ya se vio obligado a hacerlo entre 2006 y 2015, reduzca a partir de agosto la producción de novillos y de vaquillonas pesadas. El desincentivo a producir terminará generando un aumento en el valor de estas categorías, las de mayor costo de producción, por una lógica falta de oferta.

Si la vaca sigue perdiendo valor, el criador se desprenderá de ellas y las existencias de terneros también presionarán sobre el mercado interno. Una película ya repetida en la ganadería argentina y que no tuvo final feliz.

En agosto, cuando el Indec difunda los datos de inflación de este mes, la carne no debería mostrar nuevas subas de precios, según sostienen los analistas del sector, y sí algunos descensos puntuales en algunos cortes. Si bien la intención del Gobierno tendría efecto en el corto plazo, con el correr de los meses la caída en la oferta volverá a impactar sobre los precios.

La promesa de Alberto Fernández durante la campaña presidencial de 2019, cuando a través de spots publicitarios aseguraba asado para todos, es de difícil cumplimiento.

Según el economista del Ieral Juan Manuel Garzón, desde diciembre de 2019, el poder de compra del salario formal en el sector privado cayó 29 por ciento en kilos de carne bovina. Lo que sucede con la carne ocurre también con el resto de los productos de consumo masivo, inmersos en un proceso inflacionario multicausal.

A poco menos de cuatro meses para las elecciones legislativas, y de la mano de la intervención comercial, el Gobierno intenta cumplir con su vieja promesa electoral. Pero el boca de urna no le está siendo favorable.

Fuente: AgroVoz

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