2 de agosto de 2021 10:09 AM
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El agrónomo Orlando Boragno realiza un silencioso trabajo para mantener viva la fruticultura en el norte de la provincia de Buenos Aires

La chacra experimental de Mercedes, en el norte de la provincia de Buenos Aires, empezó a realizar ensayos con frutas en el mismo momento en que el durazno atravesaba su época dorada, a fines de la década del 60. Si bien en ese momento la producción de durazno era la número uno a nivel de demanda […]

La chacra experimental de Mercedes, en el norte de la provincia de Buenos Aires, empezó a realizar ensayos con frutas en el mismo momento en que el durazno atravesaba su época dorada, a fines de la década del 60. Si bien en ese momento la producción de durazno era la número uno a nivel de demanda y rendimientos, los investigadores de adelantaron y empezaron a trabajar con otras alternativas en caso de que esta producción cayera. Dicho y hecho, el durazno comenzó su declive.

Fue en 1997 que Orlando Boragnano ingresó en la experimental como contratado y nunca más se fue. Hace 21 años que la coordina y hoy comienza a ver los resultados de ensayos que comenzaron mucho tiempo atrás y que muchas veces se pudieron sostener a costa de esfuerzo, porque no sobraba ni el personal ni había presupuesto.

Un buen ejemplo de las alternativas que ensayaron es que hoy cuentan con aboles de nueces pecan de más de 36 años de edad, que han logrado adaptarse de forma muy favorable a la zona. También realizan ensayos de higos, kiwis, zarzamoras y almendros, aunque estos últimos no son fáciles de cultivar y todavía no dan frutos a pesar de tener cinco años de edad. Orlando acepta que el norte de Buenos Aires no es la mejor zona para la especie. Pero dice que justamente su trabajo es probar.,

“Todavía están en la cocina. Los datos no nos conforman. Sabemos que tecnológicamente nos falta, habría que probar el control de heladas, probar con riego. Eso juega a favor en el desarrollo y en la parte productiva”, contó a Bichos de Campo.

La clave del trabajo de Boragno está en la idea de que no existen los errores o los fracasos. Los agrónomos que integran la experimental saben que cualquier investi gación agrícola es un éxito por el hecho llegar a la producción de un nuevo conocimiento.

-¿Este país que vive a los apurones no parece estar demasiado preparado para la fruticultura?-le preguntamos.

-No. Los cultivos son plurianuales y su entrada en producción lleva su tiempo en menor o mayor medida. En el duraznero hablamos de 3 o 4 años, en el pecan de 7 a 8, el arándano al segundo año produce. Algunos tienen más o menos inversiones iniciales. Pero en el país hay carga de incertidumbre. Por ejemplo con el arándano tenemos un mercado interno insignificante. Es un producto basado directamente en la exportación y ahí juega la inestabilidad económica del país, los vaivenes del tipo de cambio etc.

Para Boragno lo cierto es que a quien le gusta la fruticultura, le gusta sufrir un poco. Afirma que para realizarla hay que tener pasión. De eso da cuenta el trabajo de todos los investigadores de la estación, que se esfuerzan por encontrar nuevas alternativas productivas para los productores de la zona.

Fuente: bichos de Campo

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