15 de agosto de 2021 12:00 PM
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Un pedido para que haya reglas claras de largo plazo que permitan producir

Para facilitar la inversión, los ruralistas coincidieron en reclamar la urgente aplicación de políticas que den certidumbre; preocupación por la inflación

“Todos debemos hacernos cargo de lo que hacemos. Los productores tenemos la obligación de producir cada vez más y mejor. El Gobierno tiene que hacer lo que tiene que hacer. Es imposible convivir en cualquier economía con un 50% o 60% de inflación”.

Las palabras pertenecen a Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), quien junto al resto de los integrantes de la Mesa de Enlace, participó del sexto capítulo de “Negocios del Campo, organizado por LA NACION.

“Es momento que cada uno asuma su responsabilidad, pero no estemos echando culpas donde no las hay. Eso deteriora la confianza y la previsibilidad”, indicó.

Una de las cuestiones que preocupan al campo es el cepo a las exportaciones de carne vacuna. En este contexto, la Mesa de Enlace viene manteniendo una ronda de encuentros con distintos mandatarios provinciales para pedirles que sean los voceros frente al gobierno nacional de la problemática que está atravesando el sector.

“Todos están en total desacuerdo con la medida de las restricciones a las ventas de carne al exterior. El problema no es el valor de la carne, sino que no rinde la plata en el bolsillo”, señaló Pino.

En tanto, Elbio Laucirica, presidente interino de Coninagro, indicó que fue toda la cadena cárnica la que perdió. “No solo perdió el ganadero y el productor tambero, que con esa vaca de descarte a través de China logró mejorar su economía, también los frigoríficos, donde el personal de esa industria ve peligrar su fuente de trabajo e incluso el Gobierno que no tiene ingreso de divisas y por las retenciones que tiene la carne”, aseguró.

“Los empleados de frigoríficos no tienen espalda para aguantar y nosotros tampoco. Es una medida inexplicable, donde hicimos gestiones para que esto se revierta rápidamente pero no se logró nada”, añadió.

Por su parte, Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), sostuvo que se le habían anticipado al Gobierno que la medida no iba a funcionar de ninguna manera. “No es que seamos adivinos, es que ya lo habíamos vivido. Esta incertidumbre golpea directa y fuertemente al pequeño y mediano productor porque genera una depreciación de la hacienda en pie, sin lograr que se baje el precio en góndolas. La indefinición del Gobierno impacta fuertemente sobre las decisiones del productor”, afirmó.

Desde la provincia de Entre Ríos y de manera virtual, Jorge Chemes, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), contó que hay un gran malestar en los productores.

“Es un clima enrarecido que no está bueno. Si bien el cierre de exportaciones de carne ha sido el último tema conflictivo con el campo, hay que sumarle lo que el productor viene aguantando desde comienzos de este Gobierno, que se ha esmerado casi sistemáticamente en generar y poner sobre la mesa cuestiones de conflicto y donde lo de la carne hay sido la gota final que rebalsó el vaso”, precisó.

“Han ido acumulando un malestar que necesitan manifestarlo, mostrándole a la sociedad lo perjudicial de todas estas medidas que se llevan adelante. Esto tiene un límite porque la capacidad económica del productor se va deteriorando. La falta de políticas nos lleva a una desinversión y a un retraso en la producción”, agregó.

“Necesitamos certezas, certidumbre y continuidad en políticas que estimulen la producción. Claramente el lugar que dejamos en los mercados externos va a ser ocupado por otros países. Teníamos una exportación floreciente y la desperdiciamos. Muchos países están aplaudiendo la medida de este Gobierno. Por otro lado, está el comprador que ve que no cumplís con lo que te obligaste a realizar y va a buscar el producto en otro lado, mucho más si se trata de alimentos. No solo es un problema comercial, sino social porque no tienen como abastecer a su producción. Nadie te espera”, describió.

Entre otras cuestiones, al sector le preocupa, además de la carga fiscal, la brecha cambiaria y la suba de los insumos. “Tenemos una inflación galopante. Sin ir más lejos, la urea que usamos subió de 400 a 600 dólares del año pasado a este”, dijo Pino.

Fuente: La NAcion

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