5 de diciembre de 2009 01:29 AM
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Carne: Argentina cae como proveedor mundial

Se pierden oportunidades respecto de los principales exportadores de carne, como Brasil

Las distintas restricciones impuestas a la exportación de carne y el creciente aumento del consumo interno (con casi 68 kilos per cápita al año, es el principal país consumidor del mundo), ambas situaciones impulsadas por el Gobierno, hicieron que la Argentina perdiera su lugar como el principal exportador de este producto. La cadena de factores que explica la situación podría resumirse así: en el plano interno, se le da prioridad al consumo a través del control de precios y la limitación para vender en el exterior (mediante retenciones, suspensiones, cupos, trámites burocráticos para habilitar los cupos e intervención en el mercado de compraventa de hacienda). Además, los altos precios internacionales de los granos desincentivan la producción de carnes (un negocio cuyo ciclo es de tres años) en favor de la siembra de soja. En el plano externo, Brasil tomó otro camino y promovió la producción local para la exportación (con subsidios, exenciones impositivas y créditos blandos) y el sector privado acompañó la política oficial internacionalizando sus negocios: el brasileño JBS, principal frigorífico de carnes del mundo, compró en 2007 Swift de Argentina y, el martes último, hizo lo propio con dos frigoríficos norteamericanos (Smithfield Beef Group y National Beef Packing Co) y el australiano Tasman Group, por un total de US$ 1300 millones. Es cierto que el negocio brasileño es el volumen, mientras que el argentino es la calidad. Aun así, Brasil importó genética argentina para mejorar la productividad de sus rodeos y la calidad de su carne. Según Javier Martínez del Valle, de la Asociación de Exportadores de Carne Vacuna, Brasil no sólo es muy agresivo en cuanto a exportación de carnes, sino que además vende a precios muy bajos debido a su fuerte apoyo interno. "Hace años que tiene un programa de exención de impuestos provinciales. Así, en diez años saltó de 200.000 a 2,5 millones de toneladas exportadas". Pero como exportar no sólo es cuestión de volumen y precios, Brasil tomó una posta que también dejó caer la Argentina: la continuidad y la confiabilidad en la provisión. "La Argentina crecía como exportador de carne hasta que, en noviembre de 2005, preocupado por el precio interno, el Gobierno comenzó a restringir la exportación para terminar con cierres transitorios en 2006. Brasil, en cambio, optó por más producción para exportar más, política que evita el conflicto entre los mercados doméstico e internacional", dijo Javier Martínez del Valle. Pero el descenso argentino como proveedor mundial, por otros motivos, empezó años antes. La aftosa era recurrente en el rodeo nacional y la prematura decisión de declarar al país libre de la enfermedad sin vacunación, que poco tiempo después tuvo como consecuencia el resurgimiento de los brotes, provocó el cierre del mercado europeo y del que más crecía entonces: el sudeste asiático. Por otra parte, "no se aprovecharon las crisis sanitarias y alimentarias que tuvieron la Unión Europea (UE), primero, y los Estados Unidos, después, con «el mal de la vaca loca» [BSE, según sus siglas en inglés]. Australia y Nueva Zelanda se adueñaron de los mercados que abandonó Estados Unidos (Japón y Corea), desatendidos por la Argentina, justamente, a causa de la aftosa. En tanto, Uruguay aprovechó y logró que Estados Unidos le abriera su mercado", resumió el especialista. Como nunca el mundo está comiendo carnes rojas, y como pocas veces hay tantos nichos. En su modo comunitario de decidir sus políticas, la UE estableció una baja de la producción local de carnes. Por su parte, Rusia, que atraviesa un gran momento de crecimiento económico, se topó con un déficit de producción local y la reducción de la oferta comunitaria, lo que no deja de ser una oportunidad para la Argentina. Dentro de la contravención al libre comercio que encarna la actual política argentina en carnes, menos lógica aun tiene que la restricción no sea selectiva. Alberto de las Carreras, vicepresidente de la Cámara de Exportadores, recordó que la cuota de exportación que rige hoy es de 40.000 toneladas por mes, unas 480.000 toneladas por año (en 2007 la Argentina exportó por 525.000) en un momento de precios muy altos. El año último, el comercio mundial de carnes sumó 7,5 millones de toneladas (con un crecimiento inédito del 6% anual) y Brasil acaparó el 32% de ese total. "Europa parece no tener intención de ser un gran exportador de carnes como lo fue en las décadas del 80 y 90: en 2007 sólo exportó 175.000 toneladas", explicó. También golpeado por la BSE (antes del brote vendía 1,2 millones de toneladas y se desbarrancó a 300.000) Estados Unidos quiere volver al ruedo, con ventas actuales por 650.000 toneladas. La autoexclusión argentina favoreció el ascenso de la India, hoy tercer exportador mundial de carnes. "Hoy, la Argentina exporta lo mismo que Nueva Zelanda, un país del tamaño de Santa Cruz. Uruguay vende poco menos que nosotros (450.000 toneladas) pero concentra su producción en una superficie similar a la de la provincia de Córdoba", ilustró De Las Carreras. Viento a favor Para Marcelo Fielder, de la Comisión de Acción Política de la Sociedad Rural Argentina, el contexto actual de crecimiento económico en países en desarrollo del sudeste asiático y en las ex naciones soviéticas crea una coyuntura excepcionalmente favorable para el consumo de "proteínas rojas". "La Argentina es la estrella en el rubro, pero Brasil desarrolló consistentemente su ganadería en los últimos 20 años, protegiendo toda la cadena de valor, y se transformó en el primer exportador mundial", explicó. "Y Uruguay -continuó Fielder-, con calidad y sin volumen, y con problemas internos similares a los de la Argentina, resolvió el problema con políticas de Estado (rebajando los impuestos internos) y en cinco años, sin retenciones y con incentivos (las caravanas, por ejemplo, las paga el Ministerio de Agricultura), incrementó mucho su stock. Con una carne tan buena como la nuestra, siguen con problemas de volumen pero crecieron muchísimo en la exportación", explicó. En la Argentina, el Gobierno le dio un cariz popular al tema carnes. "Cada vez que sube es un escándalo (el rubro representa el 4,5% del índice de precios al consumidor), sin importar que la lluvia impida llevar hacienda a Liniers o que sea época de pocas pasturas, lo que implica necesariamente menos producción", dijo Fielder. Recientemente, Estados Unidos y Brasil tuvieron algún traspié comercial vinculado con fallas en la información brindada previa a la exportación. El socio mayor del Mercosur incluso tiene momentáneamente cerrado el mercado de la UE por ese motivo. "La Argentina tiene una brillante oportunidad para recuperarse, pero por lo que se lee en los diarios Moreno pondría aún más restricciones, con lo que, lejos de recuperarse, me pregunto si la Argentina no terminará importando carne", concluyó De las Carreras.

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