21 de septiembre de 2021 12:46 PM
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Enfermedad infectocontagiosa de importancia en la reproducción bovina. Leptospirosis

INTRODUCCIÓN La Leptospirosis bovina es una enfermedad causada por espiroquetas del género Leptospira spp. (Figura 1), que comprende más de 250 serovares patógenos (Lordrick et al., 2020) entre los cuales afecta reservorios que son comúnmente roedores, hospederos accidentales como los bovinos, equinos, porcinos, caninos y felinos, y también a humanos (Ariza y Berdugo, 2017). Cabe mencionar que los bovinos […]

INTRODUCCIÓN

La Leptospirosis bovina es una enfermedad causada por espiroquetas del género Leptospira spp. (Figura 1), que comprende más de 250 serovares patógenos (Lordrick et al., 2020) entre los cuales afecta reservorios que son comúnmente roedores, hospederos accidentales como los bovinos, equinos, porcinos, caninos y felinos, y también a humanos (Ariza y Berdugo, 2017). Cabe mencionar que los bovinos infectados con leptospira constituyen un reservorio activo para la propagación de la enfermedad zoonótica, especialmente para los humanos que se encuentran en contacto directo con estos animales, incluidos veterinarios, mataderos y trabajadores agrícolas, cazadores, así como científicos que manipulan animales de laboratorio o durante el trabajo de campo, lo que representa un riesgo para la salud pública.

Siendo la L. interrogans, serovar hardjo el agente de mayor importancia en bovinos, ya que se relaciona con problemas reproductivos como aborto, retención de placenta (Figura 3), momificaciones, mortinatos y crías débiles que afectan la productividad en la unidad de producción debido a una disminución de la producción de leche y tasas de crecimiento (Ariza y Berdugo, 2017; Chadsuthi et al., 2018). En el ganado es una patología que afecta a todas las producciones tanto de carne, leche y doble propósito (Pulido et al., 2017). Además, dicha infección puede ocurrir a través de las membranas mucosas o por abrasiones en la piel y la transmisión directa entre los animales a través de la exposición a orina infectada, secreción uterina postaborto o a través de la leche (Wynwood et al., 2016).

FACTORES DETERMINANTES INTERNOS Y EXTERNOS

Las prácticas agrícolas y pecuarias inadecuadas, así como el mal uso del agua, la agricultura intensiva, el aumento de enfermedades emergentes y reemergentes y los cambios ambientales tienen consecuencias locales y globales relacionadas con una mayor transmisión de patógenos. Por lo tanto, enfermedades zoonóticas emergentes y reemergentes, como la leptospirosis, muestran una interacción entre la salud y la agricultura debido a estos factores (Hernández et al., 2017). Existen condiciones que favorecen la transmisión de la enfermedad como el clima, la presencia y contacto con otros animales reservorios, las prácticas de agricultura, las condiciones sanitarias del ambiente y las prácticas de higiene (Pulido et al., 2017). Los factores relacionados incluyen la forma de crianza de los animales, el comportamiento humano, cercanía de zonas de basura, zonas de clima cálido, tropical con altas precipitaciones y húmedo, así como la presencia de humedales en potreros; mal manejo de procesos de desinfección en el predio, la presencia en la unidad de producción junto al ganado de otras especies, como equinos, y también de plagas como roedores, deficiencias de infraestructura relacionadas con alcantarillas abiertas, eliminación indiscriminada de desechos e inundaciones. La lluvia tiende a limpiar los agujeros de las ratas, llevando leptospiras a la superficie del suelo y cuerpos de agua. Varias incidencias de brotes en estudios notificados han indicado una relación lineal directa con la contaminación ambiental. Es decir, la persistencia de la leptospirosis en una localidad dada no está completamente determinada por la alta población de animales del reservorio, sino por la presencia de agua y suelo húmedo con un ambiente adecuado que apoye la supervivencia de las leptospiras patógenas (Figura 2) Así mismo el grado de contaminación ambiental dependerá de diversos factores, los cuales son la frecuencia, volumen y la concentración de leptospiras desechadas en la orina, el acceso de los animales a los depósitos de agua contaminados, el tipo de suelo, la temperatura y el movimiento del agua (Hernández et al., 2017; Ariza y Berdugo, 2017; Garba et al., 2017). Se ha identificado que, en condiciones ambientales ideales, Leptospira puede continuar sobreviviendo durante largos períodos en el medio ambiente, ha sobrevivido hasta 43 días en suelo inundado de agua de lluvia, así mismo existen otros factores ambientales que influyen en la supervivencia de la bacteria, por ejemplo, el tipo de suelo, el pH, la temperatura y la humedad (Daud et al., 2018).

El ciclo de transmisión de leptospirosis implica una interacción entre los humanos, animales reservorios y el ambiente donde coexisten (Esquema 1). En el caso de las zonas rurales, la enfermedad se relaciona con los agricultores con un mayor riesgo durante la temporada cálida y lluviosa, por otro lado, en las zonas urbanas la leptospirosis está directamente relacionada con la falta de higiene, el hacinamiento y la pobreza (Garba et al., 2017).

Puede presentarse de forma directa e indirecta, siendo la directa la más común, ya que se presenta por el contacto con orina, fluidos pos-parto y leche contaminada con la leptospira; además, los animales pueden infectarse por vía sexual o  transplacentaria  e inseminación  artificial (Ariza y Berdugo, 2017; Grégoire et al., 2020).

EVIDENCIAS CLÍNICAS

Tras la infección de la bacteria, las leptospiras alcanzan rápidamente los órganos a través de la diseminación hematógena. Se desconoce el mecanismo por el que las leptospiras atraviesan la barrera hematoencefálica o la barrera placenta-sangre. En las ratas, que son los modelos animales de la leptospirosis crónica, las leptospiras también se detectan rápidamente en todos los órganos tras la infección, pero posteriormente se eliminan de todos los tejidos excepto de los riñones, en los que persisten en los túbulos renales proximales. Así mismo en las evidencias clínicas de la leptospira serovar Hardjo en el ganado bovino se asocia como un estado de portador renal prolongado y también puede estar asociado con enfermedad renal crónica, lo que sugiere que las leptospiras están presentes en la orina durante largos períodos de tiempo. Por lo tanto, las leptospiras patógenas son ampliamente tropicales, ya que infectan todos los órganos, pero sus preferencias de selección pueden variar bastante en los diferentes compartimentos. Por ejemplo, en el ganado los túbulos renales proximales, el tracto genital y las glándulas mamarias están protegidas de los anticuerpos lo que permite la persistencia y multiplicación en estas áreas, pues existe un entorno inmunoprivilegiado y las leptospiras que se replican en estos órganos no están expuestas a las mismas restricciones que impone la respuesta inmunitaria del huésped a comparación a otros tejidos u órganos. Los niveles de anticuerpos séricos a menudo disminuyen a niveles indetectables en las infecciones crónicas por leptospirosis en el ganado, lo que hace que el diagnóstico sea extremadamente difícil en muchos casos. Por otro lado, la leptospira puede cursar con diferentes cuadros clínicos, pudiendo presentarse como un cuadro agudo/hiperagudo con fiebre, hemoglobinuria, hematuria, ictericia, daño renal y meningitis en el cual el animal muestra incoordinación, sialorrea, conjuntivitis y rigidez muscular hasta incluso la muerte (Szwako, et al., 2015; González y Rivera, 2015; Wynwood et al., 2016; Grégoire et al., 2020), a su vez en el cuadro crónico la única sintomatología aparente es el fallo reproductivo por secuelas generadas después de la invasión de la bacteria al organismo (Ariza y Berdugo, 2017). Sin embargo, los signos clínicos de presentación aguda y mortalidad son más frecuentes en los terneros (Pacheco et al., 2018), mientras que la infección por el serovar L. Hardjo, del que se sabe que el ganado es un hospedador de mantenimiento, es a menudo subclínica (Schafbauer et al., 2019).

La enfermedad causa pérdidas económicas, a consecuencia de los abortos, infertilidad, terneros que nacen débiles y mueren en los primeros días de vida y por disminución de la producción láctea. En caso de mastitis, la leche se caracteriza por ser espesa, descolorida o amarilla y manchada de sangre, pero sin inflamación mamaria (Szwako, et al., 2015), la infección en las vacas lecheras a veces puede manifestarse como un síndrome de gota de leche aguda (Schafbauer et al., 2019).

La leptospira se encuentra con frecuencia en los riñones o en los órganos reproductores, como el útero, el oviducto, los ovarios, los testículos y el epidídimo, puede excretarse en la orina durante largos períodos. Incluso después de que los animales se hayan recuperado clínicamente, estos continúan arrojando la enfermedad de manera intermitente en la orina y los fluidos fetales (Grippi et al., 2020) y la transmisión también puede ocurrir a través de biotecnologías de reproducción, como la transferencia de embriones y la inseminación artificial (Azevedo y Lilenbaum, 2020).

DIAGNÓSTICO

Para el diagnóstico de leptospirosis, existen opciones disponibles según el tipo de muestra y la fase clínica que cursa la enfermedad, generalmente la fase subclínica es la más común y dentro de los problemas con esta fase es que se producen títulos bajos de anticuerpos y pueden afectar a animales con tasas de transmisión rápidas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda el diagnóstico a través de la prueba de aglutinación microscópica (MAT) que detecta estados agudos de la enfermedad, sin embargo, en casos crónicos resulta poco útil (Pacheco et al., 2018; Szwako et al., 2015; Wynwood et al., 2016). En cuanto a las desventajas de esta técnica es que en los serovares adaptados (Hardjo) el ganado puede no presentar anticuerpos detectables, además de que la técnica no diferencia anticuerpos de infección a los vacúnales. Además, los anticuerpos de leptospira pueden persistir en el ganado hasta por 12 meses y en algunos casos incluso hasta por dos años. Por otra parte, los anticuerpos aglutinantes comúnmente disminuyen con el tiempo y la sensibilidad de MAT para detectar estos anticuerpos en animales infectados durante más de dos años. Varios estudios han demostrado que, debido a la baja sensibilidad de MAT, la seroprevalencia de leptospirosis puede ser incluso el doble de las cifras reportadas para serovares específicos en bovinos. Se ha recomendado el aumento de la sensibilidad al disminuir la dilución sérica inicial puede resolver el subregistro de la seroprevalencia; sin embargo, esto también podría aumentar la tasa de falsos positivos. Así mismo, otra desventaja de las pruebas MAT es que, en las muestras del ganado, no hay diferenciación entre los anticuerpos de IgG e IgM, de forma que no se puede determinar el estado y la eficacia de la vacunación. Con la prueba de MAT, determinar la etapa de la infección puede resultar difícil en casos de aborto bovino o muerte fetal, ya que la infección ocurre generalmente en intervalos de una semana a cuatro semanas antes de la expulsión del feto y para este momento los títulos de MAT ya se han estabilizado. En esta prueba es mínimo el riesgo de que se produzca un falso positivo, debido a que los antígenos de superficie de las leptospiras no se comparten con ningún otro organismo; sin embargo, se producen reacciones cruzadas dentro y entre algunos serogrupos de leptospiras. En casos de infecciones crónicas es complicado de diagnosticar con MAT debido a que los títulos suelen caen por debajo de los niveles detectables y no es posible diferenciar la clase de anticuerpos. Comúnmente se asume que un nivel de anticuerpos estático en MAT es indicativo de una infección pasada solamente, sin embargo, esto también puede ser el resultado de una infección crónica con IgM persistente (Wynwood et al., 2016). El uso de ELISA para el análisis de muestras del ganado tiene algunas ventajas sobre MAT, incluyendo que se puede utilizar antígenos inactivados, análisis objetivo y determinación de la clase de anticuerpos como IgG e igM y es más precisa distinguiendo de los anticuerpos por infección natural y vacúnales y en algunos estudios se ha utilizado para detectar anticuerpos en el moco cervico-vaginal postinfección. Por el contrario, aún hay algunas desventajas con este tipo de prueba, si bien, se ha demostrado que ELISA es más sensible que MAT, pero en muestras humanas suele ser demasiado sensible y produce un gran número de resultados falsos positivos. A pesar de sus ventajas, ELISA no se usa de manera rutinaria como prueba de diagnóstico para la leptospirosis, ya que no puede proporcionar resultados específicos de serovariedades para un gran número de muestras. Autores han evaluado el método ELISA para la detección específica de infecciones por Hardjo y lo encontraron como una gran alternativa (Wynwood et al., 2016; Ariza y Berdugo, 2017). En casos de realizar un diagnóstico individual en el hato, la técnica recomendada es la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) que se considera como una herramienta útil para un diagnóstico preciso en el ganado, ya que esta prueba se puede realizar de manera temprana debido a que puede detectarse el ADN de la leptospira incluso antes del desarrollo de una respuesta serológica a la infección y presenta una alta sensibilidad y especificidad (Esquema 2) (Azevedo y Lilenbaum, 2020).

CONTROL Y TRATAMIENTO

La eficacia de las medidas de control depende del serovar involucrado en la zona, dado que no se puede evitar el contacto entre vacas, el control de las cepas adaptadas debe basarse en el tratamiento con antibióticos y vacunas. Por otro lado, en los casos de que se depende del reservorio, se basa en el control de dichos reservorios y el tratamiento con antibióticos. Cuando la transmisión ocurre por razones especiales y esporádicas (como el pastoreo conjunto de ganado y otros animales o el contacto con aguas contaminadas), se puede controlar fácilmente corrigiendo estos factores relacionados. Sin embargo, cuando los factores son permanentes e incontrolables, como la fauna silvestre o la lluvia, el medio de control es la inmunización (Martins y Lilenbaum, 2017; Ariza y Berdugo, 2017). Se recomienda un control basado en: antibióticos, alteraciones específicas de manejo e inmunización, no obstante, el programa de control no impedirá la transmisión de la leptospira ni erradicará el agente causante del rebaño, pero se puede reducir en gran medida su transmisión y el fracaso reproductivo (Martins y Lilenbaum, 2017).

En el caso de los antibióticos previenen los abortos y los problemas reproductivos, se suelen utilizar al inicio del programa para disminuir el número de animales infectados a través de la excreción urinaria y así la transmisión de vaca a vaca, también se pueden utilizar como parte de un proceso de cuarentena, es decir, cuando los animales recién se adquieren se ponen en cuarentena y se tratan con antibióticos antes de ser liberados con todo al rebaño.

La estreptomicina, penicilina G, ampicilina, tetraciclinas, eritromicina e dihidroestreptomicina, se emplean en gran medida y suele eliminar el estado de portador renal, aunque las infecciones adaptadas al huésped (crónicas) pueden tener resistencia y para eliminar ese estado, se recomienda dihidroestreptomicina Espenfort ®, con Penicilina G Procaínica y Dihidroestreptomicina se coloca 1 ml por cada 40 kg de peso del animal vía intramuscular, así mismo la tetraciclina LA Engemicyn® 10% LA con Oxitetraciclina (clorhidrato) y Polivinilpirrolidona con 5 aplicaciones cada 24 hrs y una dosis de 0.3 ml/10 kg IM, IV o SC o bien, estreptomicina Farvet®, con sulfato de estreptomicina 10 a 20 mg por kg de peso vía intramuscular cada 24 hrs por 5 hrs (Martins y Lilenbaum, 2017; González y Rivera, 2015).

En la gestión específica/alteraciones ambientales la implementación de medidas ambientales como lo son programas de higiene, la reducción del pastoreo conjunto, el protocolo de cuarentena, la subdivisión de animales en lotes más pequeños y el aislamiento de los animales infectados disminuye el riesgo de exposición a la enfermedad (Martins y Lilenbaum, 2017).

Finalmente, la inmunización es el método de control más barato y representa una medida esencial para el control de la leptospirosis. Debe realizarse con la serovariedad prevalente en la zona y generalmente se realiza en dosis únicas cada seis meses, de las cuales, una preferentemente antes de la temporada de servicio de cría cuando la contaminación ambiental es más intensa (Martins y Lilenbaum, 2017; Amjad et al., 2019).

PREVENCIÓN

Las estrategias preventivas para reducir el impacto negativo de la enfermedad se establecen con base en las medidas de higiene y sanidad adecuadas, el control de los animales reservorios donde predominan los roedores y evitar su contacto con los alimentos y el agua, así como evitar el acumulamiento de aguas estancadas y realizar la desinfección de todas las instalaciones de la unidad de producción animal con el hipoclorito de sodio al 1%, etanol 70 % y formaldehido, que son sustancias que inactivan la bacteria. Además, otra medida preventiva son las campañas de vacunación en todo el rebaño, así como exámenes rutinarios a los toros usados ya sea en los programas de monta natural o inseminación artificial (Ariza y Berdugo, 2017; González y Rivera, 2015; Bautista et al., 2019).

En situaciones de brote, las estrategias de prevención y control utilizadas son medidas de bioseguridad, vacunación y quimioprofilaxis selectiva. La vacuna Beyovac Lepto HB® puede ser utilizada en México, con principio activo de la bacteria de Leptospira borgpetersenii serovariedad L. hardjo, tipo bovis inactivada adsorbida en adyuvante Spolin, la dosis es de 2ml vía subcutánea de manera anual.

 Así mismo, se han aplicado algunas medidas mejoradas, como el control de plagas, programas adicionales de saneamiento ambiental, la eliminación de material de desecho, el mantenimiento del rebaño cerrado, la limitación del acceso de los animales al agua contaminada, la prohibición de los cultivos intercalados y el suministro de vitaminas y suplementos minerales en la alimentación (Pimenta et al., 2018).

Autor: Alejandro Córdova Izquierdo
Colaboradores: Alejandro Córdova-Izquierdo1, Tamara Selene Vázquez-Bran2, Juan Eulogio Guera-Liera3, Jorge A. Saltijeral Oaxaca1, Gustavo Ruiz Lang1, Armando Gómez Vázquez4, Jaime Olivares Pérez5, Pedro Sánchez Aparicio6, Abel E. Villa-Mancera7 y Raúl Sánchez Sánchez8

1Departamento de Producción Agrícola y Animal. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. 2Estudiante de Veterinaria. Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. 3Facultad de Agronomía. Universidad Autónoma de Sinaloa. 4División Académica de Ciencias Agropecuarias. Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. 5Facultad de Veterinaria. Universidad Autónoma de Guerrero. 6Departamento de farmacología FACULTAD DE MEDICINA VETERINARIA Y ZOOTECNIA. UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO. 7Facultad de Veterinaria. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 8Departamento de Reproducción. INIA. Madrid, España.

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