23 de septiembre de 2021 11:13 AM
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Con tres perros cosecha un “diamante negro” que vale US$2000 el kilo

En Choele Choel, Río Negro, Humberto Castro utiliza los animales en una explotación de trufas; los secretos de la producción

Para Janis, un ovejero alemán de cinco años, Peperina, una beagle de tres y Floki, un labrador, llegó su momento de descanso tras un arduo trabajo de tres meses junto al productor Humberto Castro. Es que con sus patas, y mediante juegos, durante junio, julio y agosto pasado le señalaron el lugar exacto en donde se escondían las trufas negras o los “diamantes negros”, como se suele llamar a este producto exclusivo y gourmet, dado que un kilo puede superar los 2000 dólares.

Castro es un productor hortícola de la localidad de Choele Choel que en 2011 fue el primero en plantar este producto en suelo rionegrino. Trabaja junto a sus tres hijos en cinco hectáreas en donde además producen almendras, avellanas, nueces y un poco de cerezas.

El momento en que uno de los perros encuentra trufas
El momento en que uno de los perros encuentra trufasGentileza de Gobet

Entre junio y agosto de este año, para esta familia, fue la tercera temporada de cosecha de trufas porque si bien las plantaron en 2011 tuvieron que esperar ocho años para que estos hongos del género “tuber melanosporum” crezcan en las raíces de árboles como la Encina Española, el Roble Francés y el Carrasca.

El año pasado tuvo una particularidad: se unieron al emprendimiento familiar tres perros que obraron como “perros truferos”. Humberto contó: “Fue fantástico; nos facilitó mucho el trabajo y creo que cada año va a ser mejor porque para que un perro realmente sea considerado trufero tiene que pasar tres temporadas de caza”.

Janis, Peperina y Floki llegaron a la vida del productor luego de que el año pasado, en octubre, uno de sus hijos contactara a Luis Gobet, un veterinario especializado en adiestramiento y comportamiento canino. “Me contó que tenía trufas y me preguntó si estaba dispuesto a entrenar a los perros. Yo sabía de la actividad porque había leído, pero no sabía que se hacía acá, en la Argentina”, contó el veterinario.

Para él significaba todo un desafío pero, sin dudarlo, viajó hasta la ciudad cabecera del departamento Avellaneda para encontrarse con los Castro.

El productor Humberto Castro, productor de trufas. Está expandiendo la producción de trufas en Choele Choel
El productor Humberto Castro, productor de trufas. Está expandiendo la producción de trufas en Choele ChoelGentileza diario Río Negro

Después de una larga charla en la que el productor le explicó sobre la actividad y lo que necesitaba, el experto regresó con trozos de trufas que habían quedado de la cosecha, a Viedma, en donde lo esperaban los animales para empezar con el adiestramiento.

Entrenamos a través de juegos y actividades que estimulen al perro a utilizar el olfato y de a poco asociar el olor de la trufa con esos juegos y actividades. De esa manera se coloniza las neuronas olfativas con el olor de la trufa y se graba en la memoria a largo plazo que es la que utiliza el perro a la hora de detectar”, detalló.

Luego los ejercicios de entrenamiento varían en dificultad, pero siempre van de menor a mayor hasta llegar a que detecte la trufa a 30 cm de profundidad, que es lo máximo en lo que puede crecer.

Pasaron entre cuatro a seis semanas hasta que comenzaron a reconocer el olor de la trufa e indicar el origen del mismo.

El 26 de junio pasado fue la prueba de fuego, cuando el veterinario viajó a Choele Choel con los tres perros. “Él resultado fue fantástico, una experiencia muy gratificante, por suerte los perros detectaban rápido las trufas y en todos los niveles”, señaló.

Para esta práctica, el productor Castro cuenta que en otros lugares también se suelen usar cerdos, pero el problema es que “son más agresivos y se las comen”.

En 2011 los Castro plantaron 120 árboles con esporas de trufas. El año pasado se animaron a más y plantaron en dos hectáreas otros 500.

Implantar una hectárea de trufas, como dice Castro con “todos los chiches”, puede salir entre 15.000 a 20.000 dólares. “Primero se invierte y se esperan 10 años para que empiece a producir; antes de los 20 años ya está amortizado el gasto”, señaló.

Uno de los perros con la trufa
Uno de los perros con la trufagentileza Gobet

Año a año va aumentando la producción. El primero sacaron 2,5 kilos, el segundo tres y en 2021 casi llegaron a los cuatro kilos.

Remarcó que en los libros de trufas los expertos aseguran que el “diamante negro” nace en lugares con un suelo “tremendamente” calvario y con ph arriba de 7,5 y a 600 metros sobre el nivel del mar.

Lejos de esos valores, su quinta de Choele Choel está a 270 metros sobre el nivel del mar, ubicada al lado de una laguna y rodeada por el Río Negro. “A pesar de que no están dadas las condiciones, a nosotros se nos dio y las trufas salen con un perfume extraordinario”, dijo. Comenzó con esta actividad luego de haber recibido trufas de regalo tras una acción solidaria que realizó.

Pilar Vazquez

Fuente: La Nacion

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