26 de septiembre de 2021 13:58 PM
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La decisión fue cambiar, ¿para que nada cambie?

Julián Domínguez regresó al Ministerio de Agricultura de la Nación. Su desafío será tener autonomía política, algo que no tuvo en su gestión anterior.

Desde el 1° de octubre de 2009, cuando la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió jerarquizar la repartición, el Ministerio de Agricultura de la Nación repartió su conducción durante los gobiernos kirchneristas entre funcionarios con perfil técnico y político.

En cada una de esas gestiones, al mando de Julián Domínguez (político y abogado), Norberto Yahuar (político) y Carlos Casamiquela (ingeniero agrónomo), la gestión del Ministerio estuvo subordinada, con diferentes niveles, a otras reparticiones y funcionarios con mayor peso dentro del Poder Ejecutivo.

Lo mismo sucedió con el reciente desempeño del exministro Luis Basterra (ingeniero agrónomo), a quien las entidades rurales terminaron por no reconocer como un interlocutor válido con el Gobierno.

A las regulaciones comerciales que pesaron sobre los productos agropecuarios entre 2009 y 2014, los productores sumaron cierto grado de discrecionalidad del Estado en las resoluciones políticas.

Durante las tres conducciones ministeriales de Domínguez, Yahuar y Casamiquela, el gobierno de Córdoba, por ejemplo, peregrinó por los despachos de la repartición nacional para que sus decretos de emergencia agropecuaria fueran refrendados por la Nación. Entre 2012 y 2014, cinco resoluciones de emergencia de la Provincia tuvieron demoras significativas en recibir del Gobierno nacional el tratamiento previsto en la ley.

Por eso, el primer gran desafío que tendrá por delante Julián Domínguez, en su regreso a la cartera de Agricultura, es plasmar su retórica pública en medidas adecuadas para el sector que representa. Algo que no pudo hacer en su administración anterior, entre 2009 y 2011.

En su primera gestión al frente del Ministerio, el exdiputado nacional se mostró ante las entidades rurales como conciliador y abierto al diálogo, aunque las decisiones en materia comercial le pasaron muy lejos.

En ese momento, quien tenía la última palabra para autorizar exportaciones de trigo o aflojar el cepo que sujetaba a las exportaciones de carne –tal como sucede ahora– era el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Él fue quien durante más de cinco años condujo la estrategia comercial del agro y se mostró pétreo a la hora de flexibilizar las restricciones impuestas.

Mientras Domínguez se esforzaba por aparecer como el referente válido entre los productores y el Gobierno, Moreno era firme en su postura de mantener la intervención de los mercados agropecuarios, con el aval del Poder Ejecutivo. En esa puja, hubo un claro ganador. Y no fue precisamente el ministro.

¿Qué razón habría ahora para no pensar que podría ocurrir lo mismo?

Por ahora, al flamante funcionario le cabe el beneficio de la duda. Habrá que esperar a ver cuáles son sus primeras medidas y qué margen de maniobra tiene para destrabar la intervención que pesa sobre las exportaciones de carne, el principal reclamo que el sector le hace al Gobierno nacional.

En su primera aparición pública, durante el Congreso virtual de Acsoja, Domínguez volvió a instalar como representante político del sector un discurso más productivista, que se había perdido durante la gestión de Luis Basterra, y llamó al agro a trabajar en conjunto.

“Nos habíamos planteado alcanzar las 70 millones de toneladas de soja y hoy estamos lejos de eso”, graficó.

Los dirigentes rurales, mientras tanto, esperan ser recibidos la próxima semana por el funcionario para interiorizarse sobre los alcances de sus facultades.

Fuente: Agro Voz

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