27 de septiembre de 2021 15:40 PM
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La soja mueve el equipo y sale a dar vuelta el partido

Aunque sigue siendo la base del principal complejo exportador del país, la soja viene perdiendo área sembrada en los últimos años. Los planes para crecer

La soja viene perdiendo la pulseada frente a otros cultivos en la Argentina en la última década. Es un hecho concreto: de los 20 millones de hectáreas sembradas en el ciclo 2015/16 se estima que apenas llegará a 16,2 millones en esta nueva campaña. Frente a ese escenario, que es multicausal _donde intervienen aspectos económicos, impositivos, sanitarios y también una menor disponibilidad de tecnología_ los referentes de la cadena de la oleaginosa decidieron tomar el toro por las astas y darle pelea para que el cultivo no pierda su lugar en el podio de la agricultura nacional.

“Lanzamos el desafío de las 70 millones de toneladas”, disparó Luis Zubizarreta, presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja), entidad que esta semana realizó en forma virtual su seminario 2021 en el que anualmente se debate, siempre con sede en Rosario, el escenario de este cultivo, tanto en términos productivos, como industriales y comerciales. Esto representaría dar un gran salto de casi 15 millones de toneladas, ya que en la campaña pasada se cosecharon 45 millones.PUBLICIDAD

“Estamos muy preocupados ya que esta cadena que durante 20 años tuvo un crecimiento muy fuerte y ayudó a evitar situaciones complejas para el país, en los últimos diez años está estancada”, reconoció el dirigente empresario al señalar que en este nuevo ciclo se prevé que el área sembrada con soja será la más baja en 15 años, una situación que consideró contradictoria ya que se da en el marco de altos precios internacionales.

Zubizarreta, presidente de Acsoja, planteó la agenda sectorial.

Zubizarreta, presidente de Acsoja, planteó la agenda sectorial.PUBLICIDAD

El flamante ministro de Agricultura, Julián Domínguez, tomó la posta y planteó su “disposición para trabajar para que Argentina pueda recuperar el nivel de sueños e iniciativas que pensamos hace 10 años cuando nos planteamos alcanzar 70 millones de toneladas de soja”.

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyecta para la campaña 2021/22 una caída del área sembrada de 700 mil hectáreas, con una superficie implantada que llegaría a las 16,2 millones de hectáreas, según indicó el economista de la entidad, Federico Di Yenno.

Pese a los buenos precios internacionales de los commodities, los factores domésticos terminaron inclinando la balanza en favor de un cultivo como el maíz, “que este año alcanzará un nuevo récord de siembra con 7,9 millones de hectáreas”, agregó el analista, al apuntar que los rindes del cereal en la última década crecieron a un ritmo del 2,45% anual, mientras que los de la soja sólo lo hicieron al 1,85%.

Así, introdujo un tema que es nodal en el análisis de este fenómeno como el nivel de tecnología aplicada al cultivo. En los últimos años “esto no sólo impactó en los rindes en favor del maíz sino además en el nivel de respuesta frente a situaciones adversas como el estrés hídrico, donde el cereal especialmente de segunda pudo superar a la soja”, agregó.

El ministro Domínguez respaldó las demandas del sector.

El ministro Domínguez respaldó las demandas del sector.

Sin embargo, no todo está perdido. No sólo porque pese a ese retroceso “la soja sigue siendo el cultivo”, según planteó el especialista Daniel Plopper, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), sino porque además la oleaginosa logró sortear las complejidades del año Niña en la campaña 2020/21 y en todas las principales productivas, especialmente en Santa Fe y Córdoba, donde mantuvo e incluso superó los rindes históricos.

El caso santafesino

Silvina Bacigaluppo, coordinadora de la red de ensayos de larga duración de Inta Oliveros, explicó que en Santa Fe la superficie de siembra “se mantuvo contante en los últimos 5 años en alrededor de 3 millones de hectáreas como se implantaron en la última campaña”, con lo cual la provincia representa el 18% del total nacional cultivado con soja”, luego de Buenos Aires y Córdoba.

Pero, además, luego de relatar los avatares del año Niña, atravesado por una fuerte sequía en primavera, que obligó a correr las fechas de siembra, explicó que los rindes promedios se mantuvieron en 3.030 kilos por hectárea, un comportamiento un 9% por encima del promedio nacional, como históricamente se venía dando.

Aunque, aclaró, que las principales variabilidades _rindes que van desde los 2.200 kg/ha hasta algunos encima de los 4.000 kg/ha_ están estrictamente ligadas a los ambientes más que a las variedades elegidas por el productor. “Allí hay una brecha en la que hay que trabajar mucho”, dijo Bacigaluppo y frente a una campaña que se avizora con una nueva Niña, aconsejó “reservar grupos de madurez más cortos para lotes mejores que tengan buen balance hídrico y más largos (IV largo o V corto) para áreas más degradadas” algo que, sumado al corrimiento de fecha de siembra, puede ser de gran aporte.

Bacigaluppo, de Inta Oliveros planteó la situación de la soja en la provincia de Santa Fe.

Bacigaluppo, de Inta Oliveros planteó la situación de la soja en la provincia de Santa Fe.

Algo similar pasó en Córdoba, donde la soja ocupa el 50% del área de rotación junto al maíz, algo que era menor hace una década. En ese caso, también “se superaron los promedios de rindes aún en año Niña, algo que nos sorprendió”, dijo María Lourdes Cornavaccca, de CRA Córdoba norte. “Si bien hubo una disminución de las lluvias, las temperaturas más bajas lograron menor estrés en las plantas”, dijo a lo que se sumaron también el corrimiento de las fechas de siembra, el uso mayor uso de tecnología BT que en algunas zonas de esa provincia llega al 67% de adopción.

Una caída progresiva

“La soja sigue siendo el cultivo más importante en el país, el más sembrado y el que mayor divisas aporta, el 27% de las exportaciones de Argentina responden lo que aporta el complejo soja”, dijo Plopper. Pero también reconoció que la producción “se estancó y empieza caer”, al punto tal que “en los últimos diez años Argentina mantiene el mismo nivel de rindes mientras que Brasil los duplicó en toneladas por hectárea”.

Atrás quedaron los valores históricos que el especialista se ocupó de recordar al hacer un repaso de los últimos 50 años.

En esa serie, la mayor área sembrada se dio en la campaña 2015/16, con 20 millones de hectáreas; el máximo valor de producción con 61,4 millones de toneladas en el ciclo 2014/15 y los más altos rendimientos en el período 2018/19, con 3.334 kilos por hectárea.

“El incremento de rendimiento entre 1985 y 2015 fue de 26 kilos por hectárea por año (ha/año) y el 88% de esa suba respondió a la ganancia genética, es decir, a una respuesta al mejoramiento varietal”, apuntó Plopper. En las últimas dos campañas “se estancó en alrededor de 17 millones de hectáreas la superficie, y hoy se habla de una merma de 500 mil hectáreas, es decir 3% menos”.

El atraso tecnológico juega fuerte en este partido. Y si bien para la Argentina un mejor esquema de rotación está siendo saludable en términos productivos y también económicos, con el regreso del trigo, una reafirmación del maíz y mayores áreas destinadas a gramíneas o cultivos de cobertura, el retroceso de la soja enciende algunas alertas. No sólo por su aporte a las arcas públicas sino también por el potencial exportador que tiene tanto el grano como sus derivados.

“La exportación del complejo sojero representará u$s 18.500 millones en la nueva campaña”, dijo la economista de la Bolsa de Rosario (BCR) Emilce Terré y recordó que “Argentina es el principal abastecedor mundial de harina y aceite de soja”, una tendencia que puede seguir consolidándose e incluso crecer por el alto nivel de capacidad ociosa que hoy tiene la industria argentina, hoy con un pico del 43%, según apuntó Bruno Ferrari, analista de BCR. Detalló que “en 2021, el país producirá 5,4 millones de toneladas de aceite de soja, el 47% del total mundial de ese mercado, mientras que detenta el primer lugar también en harina con una participación del 41% y un volumen de 28,8 millones de toneladas estimadas para este nuevo ciclo.

“Tenemos que agrandar la torta”, dijo Zubizarreta y es justamente lo que el sector tiene como objetivo al considerar que hay que “incrementar el área en forma sustentable sumando regiones como el norte donde hay enorme potencial”, agregó. Pero también, al reclamar al gobierno que se acelere la aprobación de nuevos eventos biotecnológicos y tecnologías vinculadas a la oleaginosa, mucho más tras el duro golpe que le generó la aparición de malezas tolerantes y resistentes.

Apuesta tecnológica

Todos los ojos están puestos en la tecnología Enlist, un sistema integral desarrollado por Corteva Agrosciencies _compañía que surgió de la unión de Dow, Dupont y Pioneer_ que ya está disponible para esta campaña y que ya está disponible en Argentina para la campaña 2021/22 y ofrece un control efectivo de maleza en un paquete que incluye semilla (evento biotecnológico), un herbicida con la tecnología Colex-D que reduce en un 90% la deriva física al momento de la aplicación, y un programa de buenas prácticas denominado Enlist Protect, que consiste en un recurso de manejo para maximizar rendimiento y proteger la tecnología a futuro.

“Estos tres componentes permitirán controlar las malezas en forma eficaz, levantando los estándares actuales que se deterioraron por las resistencias y propone un sistema sostenible en el tiempo por la diversidad en los distintos modos de acción y viable porque es adoptable tanto por los productores que tienen tanto baja como alta capacidad de adopción de tecnología”, dijo Rafael Frene, del área de investigación y desarrollo de Corteva.

A ese tren se están subiendo los semilleros y empresas de biotecnología como Bioceres, Don Mario, Brevant y Pioneer.

“La tecnolgia Enlist es sumamente importante porque agrega valor a los sistemas productivos en soja, ya que se tienen que enfrentar a malezas de todo tipo y es una herramienta que viene a complementar a las utilizadas hasta ahora”, dijo Jerónimo Costanzi, gerente de desarrollo de Don Mario, la compañía semillera que incorporó Enlist en su germoplasma en 2010 y a partir de allí comenzó con los primeros cruzamientos para llegar a probarla en escala en el ciclo 2019/20 en más de 60 mil variedades de distintos grupos de madurez, en 120 localidades. Ese trabajo permitió a la firma este año contar con un portfolio de 6 variedades en el mercado para cubrir las diferentes regiones, dijo el ejecutivo.

Brevant saldrá con cuatro variedades con tecnología Enlist y combinaciones como STS, mientras que Bioceres y Pioneer con tres.

Fertilizar para sumar

Pero más allá de la oferta tecnológica para el cultivo, también la soja se enfrenta a sus propios fantasmas, derivados de un uso intensivo del recurso que, así como ocurrió con las malezas, también se repite en los suelos con una caída de la fertilidad que deriva en menos rindes.

La fertilización ocupó un debate central en Acsoja.

La fertilización ocupó un debate central en Acsoja.

Esa agenda, que ya viene instalándose hace algunos años ahora cobra más fuerza teniendo en cuenta que mientras hubo una evolución en el consumo de fertilizantes en los últimos cinco años y el segmento mostró un crecimiento sostenido, el área fertilizada con soja fue la menor. Así lo planteó María Fernanda González San Juan de la asociación Fertilizar.

Explicó que “un 30% de las hectáreas de soja sembradas en el país no recibieron ningún fertilizante y el 70% sólo alguna dosis” y aclaró que no sólo se refiere a nitrogenados sino a otros como fósforo, azufre o micronutrientes. También dijo que esta tendencia comenzó a cambiar en los últimos dos años, pero “la soja tardó en reaccionar”.

Un solo dato es preocupante. “Entre 2011 teníamos en promedio 23,3 partes por millón de fósforo en los suelos y en 2018 eso descendió a 16 partes por millón”, dijo al puntualizar en el descenso de un nutriente clave para la soja.

“Hoy el productor captura con la tecnología un 22% del rendimiento y si nos concentramos en la soja con la fertilización actual captura apenas el 5%, con lo cual le queda mucho explorar ahí”, dijo la especialista.

Por eso también están jugando fuerte las empresas de insumos para cambiar la tendencia. “Actualmente en soja se fertiliza entre 60% y 70% de la superficie pero con dosis homeopáticas, para quedarse tranquilos y aquietar la conciencia”, dijo Roberto Rotondaro de ACA. También recordó que en la región Pampeana la reposición de fósforo es de la mitad de lo que se extrae.

Por eso, Matias Saks de Bunge, indicó que desde la compañía vienen recomendando “fertilización balanceada” que contenga fósforo, azufre, zinc, ya que “vemos una mejora en los rendimientos de alrededor de 500 kg con un planteo de estas características en soja”, agregó.

“Proponemos encarar el cultivo de soja tan profesionalmente como el maíz y el trigo”, resumió Pablo Poclepovich de YPF Agro y para ajustar la dosis de fertilización consideran clave una caracterización ambiental intensiva que vaya más allá del muestreo del suelo y determinar el nivel crítico de fósforo. “Hay un cambio que hacer, debemos desterrar el mito de que la soja es un cultivo rústico que derivó en manejos mezquinos”, dijo y planteó: “Hoy la soja requiere mucha tecnología, manejo profesional y un compromiso con la sustentabilidad”.

“La soja es una cadena de valor llena oportunidades, es alimento y energía”, dijo Rodolfo Rossi de Acsoja y planteó que el camino a los nuevos usos es infinito. “Hay que fomentar la ciencia y tecnología, la mayor inversión en ciencia básica y aplicada; activar procesos de certificación, legislar para proteger la propiedad intelectual y tener un liderazgo público-privado para fomentar el comercio exterior y para destacar que nuestro proceso de producción es sustentable”, concluyó a la hora de fijar la agenda a futuro del sector.

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