23 de octubre de 2021 17:58 PM
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Las restricciones a la exportación de maíz atentan contra la sustentabilidad

Cómo impacta la intervención oficial del mercado en la inversión de los productores y la rotación de cultivos.

El hombre de libre empresa, como es el caso de quien opera en el eslabón agrícola, apuesta al futuro, mediante la innovación, el esfuerzo y la inversión en el presente.

El stock total de maíz y sus exportaciones, cifras que el Gobierno revisa por estos días. 

El agricultor enfrenta desafíos de distinto calibre, lo que significa arriesgar con el objeto de ganar. Este propósito de ganar, aunque en el imaginario de muchos resulte lo contrario, es una suerte de juego de suma positiva. Porque el fin del agricultor está alineado con el del país.

La agricultura extensiva, como bien se aprecia en la producción de maíz, es altamente arriesgada, por su dependencia con el clima, especialmente de las lluvias. Y exige un elevado inversión.

Dentro de este mundo productivo, la actividad maicera es quizás la de mayor riesgo y complejidad. Si las precipitaciones no acompañan en el momento de floración y granado, el resultado puede ser frustrante.

Por ejemplo, el clima fue un pesado escollo para éste, en la campaña 2020/21, golpeado por la escasez de lluvias a raíz del fenómeno de La Niña.

Lo preocupante es que las estimaciones hablan de una muy elevada posibilidad de que La Niña se repita en la actual campaña; durante la primavera y el verano.

La importancia del cultivo de maíz no solo pesa decididamente en la economía del país, es también un resorte central en la sustentabilidad de la producción. Pretender mejorar la capacidad adquisitiva de la gente para su alimentación, mediante restricciones, es como tratar de llegar a Mar del Plata en un cohete espacial. En un primer momento, podrá creerse que se llega rápido, pero… luego ¿cómo se detiene tan enorme aparato?

El extraordinario avance tecnológico a favor de la sustentabilidad queda prácticamente neutralizado si no se desarrolla la actividad mediante una racional rotación de cultivos, donde el maíz, sin duda alguna, es el principal aliado de la misma.

El sistema productivo no debe estar, bajo ningún concepto, dentro de la secuencia trigo/soja, sino que debe formar parte de una secuencia de cultivos conformada de esta manera: trigo/soja de segunda-maíz-soja de primera. Este tipo de secuencia es vital para incorporar los beneficios de la acumulación de agua y de la fertilidad generada a lo largo de la rotación.

Sin embargo, se insiste en restringir la exportación de maíz, que a la postre significa tender a la reducción de la superficie para este cereal.

La visión cortoplacista de intervenir mercados

Partiendo de la realidad de que las clases populares tienen una mayor participación en el consumo de alimentos y que tales alimentos son, precisamente, los productos que se exportan, los gobiernos, como el actual, muy estrechamente ligados a la coyuntura, son proclives al cierre de la economía. De allí, la tendencia a implantar impuestos o restricciones a las exportaciones de productos de origen agrario. Se trata de una visión cortoplacista, donde el horizonte eleccionario nubla determina políticas irracionales. Esta estrategia es una trampa, pues solo si las clases populares mejoran sus ingresos, pueden destinar menor parte de su consumo a los alimentos. Pero si no se registra un crecimiento para todos, tales ingresos no mejoran y, por ende, la porción del gasto en alimentos no se reduce.

En definitiva, este tipo de intervención en el mercado es un problema institucional. En tal caso, vale destacar la necesidad de un sistema de derechos de propiedad, claramente definido, un mecanismo para asegurar la competencia y una estructura ideológica que aliente la confianza y la visión estratégica. Este es el particular déficit de la Argentina.

En su libro Ensayos sobre la historia económica argentina, el eminente historiador, economista, y profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets, C. F. Díaz Alejandro, expresaba: “Grotescas (y hasta levemente paranoicas) acerca de la historia económica de la Argentina han contribuido a suscitar muchas políticas extrañas, que ni han acelerado su crecimiento ni han cooperado al logro de sus objetivos políticos y sociales”.

Para terminar, permítame el lector traer a colación esta palabras del Premio Nobel en Economía, Mancur Olson: “Cuando se pregunta uno: ¿por qué algunas naciones son ricas mientras otras son pobres? La idea clave es que las naciones producen dentro de sus fronteras no aquello que la dotación de recursos permite, sino aquello que las instituciones y las políticas públicas permiten.

El autor es economista y Consejero académico de Libertad y Progreso

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