24 de octubre de 2021 10:37 AM
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Consumidores de elite piden lanas con atributos certificados

La cadena lanera uruguaya ya comenzó a transitar ese proceso y crece el interés por captar mayor valor, documentando los procesos productivos

Uruguay produce lanas de altísima calidad, respetando el bienestar animal, con responsabilidad social y cuidando el medio ambiente a lo largo de toda la cadena. Es el cuarto mayor exportador mundial del textil en estado natural y el primero en la región. Haciendo foco en el producto, ocupa el cuarto puesto en lana lavada y el quinto, cuando el producto es exportado sucio.

El gran desafío, al igual que en otros rubros, es valorizar la producción y adelantarse a las señales del mercado. La necesidad de certificar procesos y demostrar con datos que se cumplen los parámetros exigidos por los consumidores, es una de esas señales.

Esas certificaciones son una ventaja importante para poder tranquilizar a los consumidores de los mercados más exigentes, que son, precisamente, los que están dispuestos a pagar más dinero por un producto sustentable. Ese camino de certificación ya viene siendo transitado por la cadena lanera local, pero todavía hay mucho por hacer.

En el mundo, a nivel de los consumidores, existe una percepción que hay países donde las prácticas de bienestar animal, manejo del suelo y los aspectos de bienestar social no se cumplen. A raíz de esa consideración general y a raíz de las acciones que impulsaron grupos ecologistas europeos en contra de consumir lanas, se generó en 2015/16 el protocolo Estándar de Lana Responsable (RWS).

Se trata de un estándar internacional voluntario que hace hincapié en el bienestar animal en los predios productivos y la cadena de custodia de la lana, abarcando desde la estancia hasta llegar al producto final. Los predios están certificados por organismos de certificación independientes de terceros que utilizan auditorías anuales.

Uruguay es el cuarto mayor exportador de lanas en estado natural y quinto en lana sucia.

Se le hace un seguimiento al material desde la granja hasta el producto final, utilizando certificados de transacción, siguiendo los requisitos del Estándar de reclamo de contenido (CCS) de Textile Exchange, que es una organización global sin fines de lucro que trabaja para impulsar la transformación de la industria en fibras preferidas, integridad y estándares, así como en redes de suministro responsables.

Necesidad. “En Uruguay, desde hace cinco años, los productores están certificando sobre el protocolo RWS, fundamentalmente, impulsados por una industria lanera que precisa acreditar que esas lanas que está vendiendo a los mercados de más valor, cumple con las exigencias de los consumidores, tanto desde el punto de vista del bienestar animal, manejo del suelo, respeto del medio ambiente y bienestar social”, explicó a El País el Ing. Agr. Alejandro Carvalho, auditor independiente con amplia experiencia y pasaje por las certificadoras de mayor prestigio.

Carvalho lleva 20 años trabajando en certificaciones, primero para SGS y luego para Control Unión Uruguay, tiene más de 1.500 auditorías, abarcando certificaciones en Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Centro América, China, Europa, Europa del Este e islas Falkland/Malvinas, entre otros.

“Uruguay es un país que en líneas generales cumple con la sustentabilidad. Si bien hay algunas prácticas de manejo en el predio que deben ser cambiadas, se cumple con los protocolos”, sostuvo el experto, que además de técnico, también es productor agropecuario.

Ya no sirve con decir que se cumple con las exigencias de los consumidores, ahora hay que demostrarlo y para eso se precisan datos y registros a lo largo de toda la cadena.

Carvalho explicó que hay un interés creciente a nivel de los productores por certificar sus lotes de lana, demostrando que esa fibra es sustentable a lo largo de todo el proceso productivo. Si bien hay distintos tipos de productores, “en general ese empresario está abierto a nuevos procesos que le ayuden a agregar valor a su producto”. Cuando hay señales económicas desde el mercado que estimulan a certificar los lotes de lana, ese interés se hace más firme aún y viceversa. “Desde hace un año y medio o dos años, surgió un interés supremo por certificar”, afirmó el auditor.

Impulso. Es la industria lanera la que comenzó con la certificación de sus lanas e impulsa al productor a seguir ese camino. La primera industria que comenzó a certificar en Uruguay fue Lanas Trinidad S.A. bajo el protocolo RWS, pero a su vez, tiene un protocolo propio que se llama Nativa. Esa etiqueta Nativa, es la que garantiza la calidad y trazabilidad de las fibras de lana, en toda la cadena de valor, desde el establecimiento donde se crían y esquilan las ovejas hasta las prendas de las marcas de moda. Garantiza que las prendas son auténticas y fueron fabricadas con fibras naturales que respetan el medio ambiente y el bienestar animal.

Posteriormente también comenzaron a certificar Engraw export import Co. S.A., Estancias Puppo ((Felefox S.A.) y Tops Fray Marcos. A ese camino también se sumó el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), que está en proceso de conseguir esa certificación.

Las industrias citadas “son el motor de la certificación porque forman grupos”, explicó Carvalho. “Cuando hablamos de certificación el productor puede elegir certificación individual o grupal. En lo individual el certificado habla de su predio. La grupal tiene la ventaja de contar con un costo menor, porque se licúa entre todos los productores que conforman el grupo”, explicó el entrevistado.

Industria lanera impulsa las certificaciones para valorizar la producción y el productor acompaña.

“Uruguay tiene inmejorables condiciones para cumplir con todo el protocolo en sustentabilidad, pero a nivel de predio tienen que cambiar algunas prácticas de bienestar animal como la forma de castrar, la forma de descole y el sacrificio del animal. Esas son las principales limitantes, siempre en un contexto global, donde documentar, para muchos productores es un problema, porque han que ser muy meticuloso con los datos”, admitió Carvalho. Es que el productor, en todas partes del mundo, no está acostumbrado a registrar lo que hace y como la certificación se aprueba con auditorías, se precisan registros y argumentos que evidencien que se cumplen las pautas. Hay que demostrar que se cumple y eso exige documentos y registros en todas las áreas.

En productores laneros que tienen sistemas agrícola- ganaderos, Carvalho dijo que “hay algunas limitantes” con los registros de uso de productos químicos, como ser fertilizantes y pesticidas. La gran ventaja de Uruguay es que el grueso de las ovejas está sobre campos de basalto, al norte del Río Negro y en esos predios, es difícil que se haga agricultura por el tipo de suelo.

Impacto. Pese a sus años de experiencia y por más que certificó antes en el sector de la forestación, la carne, así como en la producción hortifrutícola, Carvalho dijo que lo que más le impactó fue auditar industrias y ver el proceso que tiene la lana cuando sale del establecimiento. “Son procesos que multiplican varias veces su valor, son increíbles”.

Desde que la lana sale de la estancia hasta que se transforma en una prenda que llega al consumidor, todo ese proceso se apoya en la trazabilidad. “Toda la cadena lanera tiene que contar con un sistema de trazabilidad que demuestre que esa lana no se contaminó con otras fibras. El sistema da fe y es fácilmente demostrable todo el camino de esa lana, desde que se produce hasta que llega al producto final”, reconoció el experto.

¿Por qué se valoriza la lana? Porque desde que sale de la estancia para ir a la industria a ser procesada y hasta el momento de venderla al exterior, por lo menos “hay 10 pasos en el medio que todos le agregan valor”.

Eso es lo que justifica que en Australia un traje confeccionado con una tela que contiene un porcentaje de lanas Merino Fino, cueste entre US$ 3.500 a US$ 4.000. Esa prenda puede usar poca lana, pero en todos los pasos de la cadena agrega valor y los consumidores más exigentes están dispuestos a pagarla.

Lana, lanas. Foto: INIA
Toda la producción ovina de Uruguay respeta a rajatabla el bienestar animal, cuida el medio ambiente, al igual que en la industria en sus procesos y genera confianza en los consumidores. La certificación de atributos es un camino sin retorno y el mercado mundial está dando señales de que ese es el camino. El auditor Alejandro Carvalho sostiene que Uruguay “tiene ventajas productivas” para agregar valor a sus lanas usando la certificación y así ganar consumidores que están dispuestos a pagar más por las prendas sustentables.

El desarrollo de certificaciones “es una oportunidad para Uruguay”

“La producción ovina de Uruguay es de especialidades. Ya sean las lanas superfinas o el cordero, van a nichos de agregado de valor. Son productos demandados por consumidores muy exigentes que piden cada vez más la certificación de procesos, alimentos y productos sustentables en toda la cadena”, afirmó a El País el Ing. Agr. Romeo Volonté, gerente del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL).

Esta institución, creada, financiada y gobernada por los productores, está en vías de certificarse bajo el protocolo RWS.

“La necesidad de certificar surgió por la demanda que está mostrando el mercado lanero por lotes de lana certificados, pero la tendencia, en todas las cadenas, es ir hacia la certificación y la producción de productos sustentables”, explicó.

El certificado RWS contempla aspectos de bienestar animal, responsabilidad ambiental (ver nota) y social y Volonté consideró que para Uruguay, “el desarrollo de este tipo de certificaciones representa una oportunidad”, porque “no tiene puntos críticos grandes”. Lo más cuestionado en el mundo a nivel del sector ovino es la operación de Mules, una práctica dolorosa aplicada en la ovino cultura australiana y la lana y carne producida por Uruguay está libres de esta práctica.

El gerente recordó que la institución por el trabajo de sus técnicos, tiene la posibilidad de facilitarles esta certificación (RWS) a los productores y recomendar otras cosas. Con la necesidad de estar en el predio verificando la certificación, el técnico del SUL puede atender muchos otros aspectos y aportarle a ese sistema de producción muchas otras cosas que le ayuden a mejorar la producción.

Respecto a las esquilas, que continúan desarrollándose en todo el país, ayudadas por el clima, Volonté recordó que “no hubo mayores problemas”.

Consideró que la calidad de la lana “será muy buena este año”, porque las majadas se mantuvieron en buen estado y eso se tradujo a las fibras que produjeron.

“Esperamos que sea un año de buenos pesos de vellón”, reconoció.

La frutilla de la torta sería el elevado porcentaje de señalada de corderos, porque la peor época del año en cuanto a mortandades, ya pasó.

El 2020 mostró una buena señalada, pero el SUL espera que la de 2021 sea superior.

La esperanza está en que esa buena señalada de corderos ayude a amortiguar la elevada faena de ovinos que se mantuvo durante todo el año, impulsada por la demanda de China, que acaparó toda la carne que puede e hizo subir los precios a valores históricos.

Ahora, la producción parece haber llegado al techo de precios. Esta semana los frigoríficos alargaron las entradas a faena y la oferta comenzó a crecer.

Según publicó Faxcarne, los corderos pesados se pagan hasta US$ 4,70 por kilo y las ovejas a US$ 4,40. Algunos compradores sostienen que los precios bajarán, porque no están las condiciones del mercado como para que el kilo de cordero esté más caro que el del novillo.

La faena de ovinos aceleró la senda de crecimiento y alcanzó la mayor cantidad en lo que va del año. INAC informó que ingresaron a planta 37.598 animales, 12% más que en la anterior y 25% por encima de la misma semana del año pasado. Los corderos fueron 23.458, representando 62% del total.

Fuente: El Pais

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