7 de diciembre de 2021 11:05 AM
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Donde la sequía es una amenaza, la producción orgánica es una opción rentable

Un productor del SO de Buenos Aires cuenta cómo hace 27 años produce cebada, trigo, centeno, mijo y carne a pasto certificada.

Bordenave es una pequeña localidad del Partido de Puán, en el SO de Buenos Aires. Ubicada a unos 35 km de la ciudad cabecera de ese distrito, muy conocido en el ámbito agropecuario por la experimental del INTA y distante -en línea recta- unos 30 km del límite con La Pampa, es una zona en la que -al decir de nuestro entrevistado- “hay que prepararse para la sequía”. Y razón no le falta, porque el promedio de lluvia, según datos del INTA, es de 650 mm anuales y, no hace tanto, en 2019, solo llovieron 385 mm.

Esto dice, Máximo Magadán, de padre español -quien le inculcó las inquietudes por la ecología, el cuidado del ambiente y el poco uso de agroquímicos- e ingeniero agrónomo recibido en la FAUBA, quien está actualmente al frente del campo familiar La Ventura, en Bordenave, donde, desde 1994, produce y certifica como orgánica toda su producción agrícola y ganadera de carne.Máximo Magadán, ingeniero agrónomo al frente del campo en Bordenave.

Máximo Magadán, ingeniero agrónomo al frente del campo en Bordenave.

“Acá es zona de campos ganadero-agrícolas”, dice Máximo, quien recuerda que “hace 30 años no se hacía bien la ganadería”, que ocupaba el 60% de la producción. Sobre la agricultura en la zona, reconoce que se avanzó mucho con la siembra directa en sistemas de agricultura continua, pero sostiene que “hay que usar más racionalmente los insumos que se aplican y es bueno que (quienes hoy hacen bien la directa) tengan esa conciencia”. Si bien la agricultura orgánica no se realiza en directa, comenta que en EE. UU. se está comenzando a aplicar ese sistema para hacerla.

La base de la agricultura orgánica es la rotación. “No puede faltar la parte animal. Hacemos un ciclo ganadero con pasturas perennes, recuperando fertilidad y controlando malezas. Luego rotamos con un ciclo agrícola en el que alternamos verdeos de invierno con vicia, aprovechando los beneficios de esas especies”.Un lote de novillos pastoreando vicia y avena.

Un lote de novillos pastoreando vicia y avena.

Máximo explica que la rotación que idealmente hacen, en 10 años tiene, por lote, unos 6 de agricultura y otros 4 de ganadería, aunque esa ecuación no es fija. “Actualmente estamos en una situación más agrícola que ganadera por cuestiones climático-económicas. No hay una rotación fija. La parte económica pide generar más recursos y uno se adapta a más agricultura porque -con más riesgos- se amortiza más rápidamente la inversión”. Los lotes ganaderos tienen pasturas que duran unos 6 años. Son de base alfalfa con pasto ovillo, cebadilla australiana, algo de agropiro y en algunos lotes incluyen pasto llorón.

Prevención y procesos

“En agricultura, estamos más centrados en cultivos de invierno que de verano. Antes hacíamos girasol, pero la falta de agua nos complicó mucho. Como cultivo de verano hacemos mijo. Se da muy bien y es menos riesgoso que el girasol. Tiene fuerte demanda para la alimentación de pájaros y al ser orgánico le da (al consumidor) certeza de pureza, y también se usa mucho para confitería”.

La gran pregunta que se puede hacer un agricultor convencional es como manejar malezas y fertilidad en un esquema de producción orgánica. Quizás se trate de volver a principios muy simples y básicos de la agricultura. O hacer agronomía, de una forma diferente a la basada en el uso de insumos.

“A través de la rotación con pasturas perennes se va conviviendo mejor con las malezas porque cortan su ciclo. Nuestros cultivos son floreados, pintorescos, pero la densidad de malezas no es importante. Se trata de acostumbrarse a convivir con ellas”, explica Máximo, quien agrega que “se trabaja mucho con el ciclo de las malezas. Hay mucho conocimiento incorporado, con estudio de poblaciones y de su de fisiología, y de acuerdo a eso uno toma medidas”.

También, explica que hay un control mecánico a través de implementos como rastra de discos, cultivador de campo y el llamado “pie de pato”, un equipo que no remueve tanto el suelo, pero sí corta raíces. “Hay mucho manejo y tecnología de procesos, un concepto trillado, pero que indica muy bien lo que es y que siempre se basa en la prevención”.

Entre las malezas presentes en Bordenave, citó a la avena fatua, que “es un semáforo de que un lote en cebada cervecera debe entrar en ganadería, igual que el nabón. A propósito de esta especie maleza, Magadán comenta que su semilla tiene un mercado secundario: “la piden para sistemas de siembra directa porque desarrolla una raíz grande y remueve el suelo, mejorando su estructura física, y también lo usan los viñedos en Mendoza para combatir un nematodo (gusano) que afecta a la vid.

La fertilidad se maneja a través de las rotaciones. “No hay en el mercado productos orgánicos potentes que aporten nitrógeno, fósforo y potasio. La base son las rotaciones con el uso de praderas perennes y leguminosas. Así restablecemos fertilidad química y física del suelo, y lo comparamos con algún lote testigo, haciendo periódicos análisis de suelo.

Cebada cervecera orgánica

En La Ventura, como cultivo de invierno, Máximo apuesta fuerte a la cebada cervecera orgánica. “No es un cultivo para nada complicado. La maleza más difícil es el raigrás anual, pero se controla con algo de labranza”, explica.

Los rendimientos por ha de una cebada orgánica son menores que la de una convencional: 1.300 kg/3.000 kg (orgánica/convencional). “Tuve lotes de 2.700 kg y otros que por malezas bajaron mucho y me bajó el promedio. Esto pasaba cuando el trigo para la misma época rendía 2.000 kg. Ahí se ve la rusticidad del cultivo”, destaca.

La cebada orgánica la incluyen en la rotación luego de un verdeo con vicia o de una pastura, dependiendo del lote. “Vemos a la cebada cervecera orgánica con una posibilidad muy grande de crecimiento en la zona. Creo que se van a incorporar nuevos actores en esto, porque en estos 27 años de experiencia en producción orgánica, al principio era todo exportación de cantidades chicas, con las que costaba llenar los contenedores”.

“En cambio hoy hay una demanda nacional muy importante que supera a la exportación. En La Ventura, como cultivo de invierno, Máximo apuesta fuerte a la cebada cervecera orgánica, a través de un contrato con Cervecería y Maltería Quilmes (CMQ). “Es algo muy bueno haber pasado la cebada al sistema orgánico porque es un cultivo muy rústico que se da muy bien”.

En la paleta de productos que tenemos, la cebada cervecera pasa a ser importante porque “hemos suplantado mucho trigo por cebada, que hoy representa un 45% de nuestra agricultura. La relación con Quilmes se inició hace 3 años. Le vendimos la primera cebada orgánica, que la habíamos producido nosotros por nuestra cuenta, en la campaña 2018/19 (la de la gran sequía). Es con esa cebada con la que comenzaron a ‘limpiar’ la maltería para hacer los primeros ensayos de Patagonia Sendero Sur”, el producto que CMQ lanzó recientemente al mercado como primera cerveza orgánica argentina.

“En 2019, nuestra primera cosecha de cebada orgánica no fue buena; en 2020, fue buena y este año pinta bastante bien”. Son unas 400 ha de cebada cervecera orgánica las que Magadán siembra, de las 5.000 bajo esa condición que CMQ ha contratado para abastecerse de materia prima para su producto orgánico. “El contrato que hago es por un año y por ser orgánico Quilmes reconoce entre un 20 a 30% de sobre precio que la cotización de cebada forrajera, con quienes tenemos una sociedad de beneficio mutuo porque no hay gran oferta de productores orgánicos como nosotros”. (En total los productores que le venden cebada cervecera orgánica a CMQ suman unas 5.000 ha, en esta campaña). “Nuestra cebada orgánica está certificada para Argentina y Brasil, y Quilmes la destina en maltería para consumo interno o exportación”, explica Magadán.

“Tuvimos una etapa brava. Poco a poco se fue generando un consumo interno mayor. Actualmente hay más demanda que oferta de granos orgánicos. Quilmes nos da una oportunidad muy importante, están trabajando seriamente y para nosotros es espectacular y para el sistema sirve como “pizarra en lo orgánico”, destaca.

Trigos: pan, candeal, Kamut

Aunque ocupa 45% de su superficie agrícola total (invierno y verano), hay bastante más que cebada orgánica en La Ventura. “También hacemos trigo pan, trigo candeal -para molinos que elaboran harina de trigo integral como el caso de Campo Claro, en Carlos Keen, Partido de Luján, que son clientes hace 20 años- centeno, avena, y también producen una antigua variedad de trigo de Estados Unidos, el Kamut, muy buscado, viejo, alto, de grano muy grande que reemplazó al candeal”.

También han hecho pruebas con arveja y lenteja. La lenteja es un cultivo muy rápido y muy corto, y si les faltan condiciones climáticas se resiente. Y la tecnología de cultivo es complicada. La arveja tiene mejores perspectivas. “Estamos aprendiendo” admite Magadan, que como todo productor dedicado y enfocado a lo orgánico sabe que la prueba y el error forman parte de la cotidianeidad de su trabajo agrícola.

Las comparaciones suelen ser odiosas, pero necesarias a título informativo para saber cuáles son los rendimientos y valores de la producción orgánica y convencional de los cultivos que Magadán produce en Bordenave. Aquí, algunos números por ha y tonelada, a cotización en dólares oficiales: Trigo orgánico: rendimiento 1.800/2.000 kg; valor: 320 dólares a retirar en campo. Trigo Convencional: rendimiento: 3.000 kg; valor: 240 dólares a retirar en campo.

Cebada cervecera orgánica: rendimiento: 2.500 kg; valor: 30% de sobreprecio sobre el valor de la cebada forrajera en Bahía Blanca, que cotiza a unos 230 dólares. Cebada cervecera convencional: rendimiento: 3.000 kg.

Centeno: orgánico: 1.800 kg; valor; 500 dólares a retirar; convencional: 2000 kg; valor: 350 dólares a retirar.

Mijo orgánico: 1.200 kg; valor: 550 dólares a retirar; convencional: valor: 270 dólares a retirar. Es un mercado chico y variable.

Rotación, ganadería, carne orgánica

Sobre la secuencia de rotación, Magadán explica que “salimos de la pastura con un cultivo de verano como mijo, que es rústico, se implanta bien y siempre tiene salida, y está bueno para cortar el ciclo de las malezas. Luego intercalamos con cultivos de invierno y hacemos avena+vicia para pastoreo”. Este verdeo, por la vicia fija nitrógeno y complementa bien la dieta de los novillos. Cuando sobra, la incorporamos como abono verde. La pastoreamos un tiempo y queda la posibilidad de incorporarlo con una rastra de discos.

El costado ganadero de La Ventura cuenta con unas 250 vacas de cría que son el eslabón inicial de una producción de carne de ciclo completo con recría y engorde sobre verdeos y pasturas, y terminación sobre verdeos de invierno. “El grano de descarte se da como suplementación; se usa triguillo, según lo permitido en la producción de ganadería orgánica.

Máximo explica que la carne orgánica la vendían a Moo, un matarife de esta especialidad que vende cortes por internet y también a Carrefour, que ofrece este tipo de cortes en algunas de sus tiendas. El valor del kilo vivo, para novillos y vaquillonas de entre 380 a 420 kg, orgánicos, se calcula un 10% más que el máximo para esas categorías, en Liniers.

Fuente: Clarin

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