10 de diciembre de 2021 10:55 AM
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¿Por qué Suiza apoya la producción de azúcar no rentable?

Suiza cosecha más de un millón y medio de toneladas de remolacha cada año entre los meses de octubre y diciembre. Alimentan a una industria azucarera nativa que no podría sobrevivir sin los apoyos masivos del estado. Reportaje realizado en Aarberg, sede de la azucarera más grande del país

A lo lejos, una espesa humareda blanca remonta entre la niebla matutina de la región de Berna. Al acercarse a la gigantesca refinería de azúcar de Aarberg, basada en el corazón de la región que opera como huerto de Suiza, enormes tanques de almacenamiento emergen gradualmente entre la bruma. Los aromas a caramelo y tierra se mezclan en el aire mientras un flujo interminable de camiones, tractores y trenes abarrotan las puertas de la fábrica para descargar continuamente sus fardos masivos de remolacha azucarera.

Cada año, entre octubre y diciembre, tiene lugar la temporada de cosecha de la remolacha durante la cual Aarberg recibe cada día 10 000 toneladas de esta hortaliza de raíz blanca desde todos los rincones de Suiza. En este sitio, las remolachas son limpiadas y transformadas en pulpa para luego convertirlas en azúcar, un proceso que apenas ha cambiado desde que se estableció la fábrica en 1912.

Los equipos, organizados por turnos, laboran los 7 días de la semana y las 24 horas en medio de un alboroto infinito que les permite supervisar una producción casi automatizada de alrededor 1 000 toneladas de azúcar diarias durante la temporada alta.

Precio en caída libre

Si se suma la producción de la segunda fábrica de azúcar que hay en Suiza, basada en Frauenfeld, la industria azucarera nacional helvética produce cerca de 270 000 toneladas de este bien al año. Dos tercios se destinan a las empresas de la industria agroalimentaria suiza (por ejemplo, a los productores de bebidas como Red Bull o Rivella, al gigante Nestlé o la chocolatera Lindt).

“Suiza tiene una tasa de autosuficiencia de azúcar de casi 65%”, dice Raphael Wild, gerente de comunicaciones de Sucre Suisse SA, propietaria de las fábricas de azúcar de Aarberg y Frauenfeld. El resto se importa de la Unión Europea, además de 3 300 toneladas de caña de azúcar provenientes de la Isla de Mauricio.

Remolacha
 Se necesita una media de ocho remolachas para producir un kilo de azúcar granulado. Thomas Kern/swissinfo.ch

Pese a su actividad, este sector nacional es muy frágil. El precio comercial del azúcar suizo está regido por un mercado mundial influido por múltiples factores. También está estrechamente ligado a la Unión Europea, debido a los acuerdos bilaterales existentes, cuyos precios han caído desde que Bruselas decidió liberar los volúmenes de producción de azúcar y eliminar cualquier restricción a las exportaciones, en 2017, empujando a muchos agricultores a abandonar este cultivo por considerarlo muy poco rentable. 

Subsidios crecientes

En menos de una década, la superficie dedicada al cultivo de la remolacha se ha reducido de 20 000 a 16 500 hectáreas. Hoy, ocupa poco menos del 2% de la superficie agrícola útil del país. Exclusivamente 4 500 agricultores producen esta materia prima en Suiza, frente a los 6000 que había hace solo cinco años.

Para frenar esta caída, la Confederación incrementó los apoyos financieros a los cultivos de remolacha azucarera en 2018. Éstos ascienden ahora a 2 100 francos por hectárea, 300 francos más que antes. También se conceden ayudas para la producción ecológica y una protección aduanera de al menos 70 francos por tonelada de azúcar. Todas estas medidas, vigentes hasta 2026, están consignadas en la ley luego de ser aprobadas por el Parlamento en septiembre pasado.

“Los precios están subiendo nuevamente. Esto se debe en parte a la sequía histórica que afectó a Brasil este año. El cultivo de la caña de azúcar ha sufrido enormemente, creando una escasez mundial”, destaca Raphael Wild.

A pesar de esta mejora en el mercado local, el representante de la única empresa que produce azúcar en Suiza destacó que sería imposible enfrentar la competencia extranjera sin el apoyo estatal. “Es obvio que, sin las contribuciones de la Confederación a los productores de remolacha, de los que nos beneficiamos indirectamente, cerraríamos el negocio”, dice.

Azúcar suizo, ¿más sostenible?

Pero ¿por qué necesita Suiza azúcar nativa? ¿No podría simplemente importar del extranjero, especialmente considerando que ya importa casi la mitad de sus alimentos? La industria azucarera destaca la ventaja ecológica que supone producir en Suiza. “El azúcar suizo es un 30% más sostenible que el producido en la UE”, dice Raphael Wild, basándose en un estudioEnlace externo encargado por Sucre Suisse SA.

Casa donde se recolecta la remolacha
 Thomas Kern/swissinfo.ch

Sin embargo, estas conclusiones son impugnadas por Vision LandwirtschaftEnlace externo, un grupo de expertos formado por profesionales agrícolas independientes que trabajan por una agricultura sostenible y económicamente sólida. El cultivo de la remolacha es uno de los que más requieren pesticidas. También es proclive a la erosión y provoca una fuerte compactación del suelo, denuncia la organización.

Los agricultores exigen el regreso de un plaguicida prohibido

Una producción que le cuesta caro al contribuyente, unos 70 millones de francos al año para ser exactos. “Esto equivale a casi 4 000 francos en subsidios por hectárea, que es más que la mayoría de los otros cultivos”, dice Vision Landwirtschaft.

El otro argumento que se esgrime es la importancia de poder abastecer al país en caso de crisis. El azúcar es uno de los alimentos básicos que almacena la Confederación para hacer frente ante una posible escasez. Las reservas estratégicas deben ser suficientes para cubrir tres meses de consumo interno.

“El azúcar se considera un bien básico, cuya constitución es obligatoria según la ley de abastecimiento económico del país”, escribió el Consejo Federal (Gobierno) en febrero, en respuesta a una mociónEnlace externo de la diputada socialista Ursula Schneider Schüttel, para justificar su apoyo a la industria.

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En ese caso también surgen críticas. “Aunque solo dependiéramos de nosotros en el caso de una crisis, tampoco comeríamos el azúcar a cucharadas”, critica Patrick Dümmler, del think tank liberal Avenir Suisse, entrevistado por la cadena de televisión pública alemana SRF. En su opinión, desde el punto de vista de la salud es una mala estrategia. “Por eso creo que se exagera la importancia que tiene para la seguridad del suministro del país”.

Traducido del francés por Andrea Ornelas 

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